Acaba con el estrés tú mismo

EFE | Nov 04, 2004 | 12:00 AM
Despertador, ducha, desayuno, ropa, atasco, cigarrillo, oficina, bar, supermercado, televisión, cena, sueño inquieto. Y al día siguiente, vuelta a empezar la carrera cotidiana, a toda prisa, sin descanso, sin parar. Es el vertiginoso ritmo de vida de las ciudades, que desencadena uno de los cuadros más frecuentes en las consultas médicas y psicológicas, el omnipresente estrés.
"Cuando el estímulo del estrés invade los canales nerviosos y energéticos del organismo, éste puede acabar por responder negativamente y pasar una factura importante a la salud, en algún momento de la vida" señala el doctor Santiago de la Rosa, médico naturista, homeópata y acupuntor, autor del libro "El estrés, conózcalo y sepa tratarlo" (Septem, 2004).
"Cuando padecemos estrés o sus secuelas podemos notar una serie de síntomas que van desde nerviosismo, preocupación, ansiedad, fobia y neurosis de ansiedad, hasta miedo, fatiga crónica e insomnio: una cascada de acontecimientos que nos afectan diariamente y muy de lleno, sin que lo percibamos aún, en muchas partes del organismo", explica el experto.
En su última fase, llamada de extenuación, los síntomas del estrés se manifiestan como enfermedades, debilidad, dolor de cabeza, adelgazamiento y estados depresivos. Caen los niveles de vitaminas, minerales y oligoelementos en el organismo, comienza a dañarse el sistema inmunitario y, si no se remonta la situación, se entra en el Síndrome de Fatiga Crónica ó SFC.
"El SFC es la enfermedad o manifestación patológica más conocida del final del estrés, aunque en algunas personas, sobre todo mujeres, se puede imbricar con otro padecimiento denominado fibromialgia, una combinación de dolor muscular, cansancio y depresión", señala el doctor De la Rosa.
¿Podemos acabar con el estrés antes de que acabe con nosotros?. Para este médico naturista la respuesta es afirmativa, "siempre que uno se lo proponga" y para conseguirlo propone los siguientes antídotos naturales contra este epidemia silenciosa:
Imagina una situación de calma. ¿Hierves por dentro?. Imagina que está en una ducha caliente y el agua se lleva las tensiones. Respira hondo tres veces e imagina que está en un prado, arroyo o playa, fijándote en los detalles: los pájaros cantan, las olas susurran, las flores se abren. Parece una obviedad, pero no lo es.
Aplícate un breve automasaje. Es algo sencillo: masajea la palma de tu propia mano haciendo un movimiento circular con el pulgar de la otra. ¡Y recuerda que cada vez existen más aparatos de automasaje para utilizarlos en otras zonas del cuerpo!.
Busca en la homeopatía. Este sistema curativo aplica a las enfermedades, en dosis mínimas, las mismas sustancias que en mayores cantidades producirían los síntomas del mal que se quiere combatir. Algunos estudios aseguran que la homeopatía es muy eficaz para aligerar los trastornos de ansiedad. Hay diversos tratamientos que se pueden adquirir en farmacias, consultando siempre antes a un médico homeópata.
A mal tiempo buena cara. Al reírse se trasmiten impulsos nerviosos de los músculos faciales hacia el sistema límbico, un centro emocional clave en le cerebro, restableciendo el equilibrio neuroquímico y contribuyendo a que la calma vuelva a un sistema nervioso pasado de revoluciones. Sonreír nos ayuda a estar mas relajados y, por tanto, a ser más felices.
Encara los problemas con decisión. Ponerte en el papel de víctima agrava la sensación de estrés y desamparo. Es mucho mejor adoptar una actitud positiva y resolver los problemas de forma decidida. Si cancelan tu vuelo no te autocompadezcas; consigue otro. Si en tu oficina hace demasiado frío o calor no sufras en silencio; consigue que arreglen la climatización.
Pon las cosas sobre el papel. Escribir un problema ayuda a distanciarse de éste. Divide una hoja en dos partes: en la izquierda apunta los factores estresantes de su conflicto que puede cambiar, y en la derecha, los que no está en su mano modificar. Concéntrate en los primeros; es inútil angustiarse por aquello que no se puede resolver.
Respira hierbas aromáticas. La naturaleza ofrece sedantes en abundancia, que nos llegan a través del olfato. Los aceites de anís, albahaca, laurel, manzanilla, eucalipto, lavanda, menta y rosa, son apaciguantes. Pon unas piedras de sal de roca en un frasco pequeño y añade un par de gotas del óleo elegido. Cuando llegue la tensión, abre el frasco y aspira: aliviará tu estrés.
Cuenta hasta diez. Antes de responder, en un momento de estrés, conviene tomar distancia de la situación y recomponerse respecto a ella. Es recomendable contar hasta 10 para evitar decir algo de lo que luego nos arrepintamos. Jamás hay que tomar decisiones importantes en estado de ebullición emotiva; hacen falta 24 horas para que "ese caldo adquiera la temperatura adecuada".
Cámbiate al descafeinado. Nunca es tarde para dejar la cafeína, pero hazlo poco a poco, porque retirarla de golpe puede provocarte un intenso dolor de cabeza. Si es necesario invierta un mes en el proceso, vaya poco a poco. También te conviene probar los refrescos sin cafeína o pasarte al agua con gas, la cual sacia el estómago y quita la sed sin contribuir a la efervescencia de los nervios, a la cual siempre sigue el inevitable bajonazo.
Prueba a decir "no". Es importante saber dar una negativa en determinadas situaciones. Quienes tratan de hacerlo todo sin negarse a nada son los primeros candidatos al estrés, tanto en las relaciones afectivas como en el trabajo. Establece tus límites y no intentes complacer a todos. Siempre es posible negarse de forma educada, sencilla y clara.
El calor y la oscuridad reconfortan. Mientras que el frío y la claridad pueden crispar en ciertos momentos, sus opuestos son relajantes. Frota las manos enérgicamente hasta calentarlas y colócalas formando un hueco sobre los ojos durante cinco segundos. Mientras, respiras profundamente. Tu tensión interna cederá un poco.
Recurre a la acupresión. Esta técnica oriental estimula los mismos puntos que la acupuntura, pero con los dedos en lugar de agujas. Es recomendable presionar tres puntos: el "tercer ojo", situado donde el puente de la nariz se une con la frente; el "pilar celeste", por debajo de la base del cerebro; y el "rejuvenecimiento celestial", entre la base del cuello y la parte exterior del omóplato. Respire hasta el fondo y presione fuerte durante dos o tres minutos. Por raro que parezca, da resultado.
Afloja los músculos. Muchos expertos en relajación aconsejan un rápido ejercicio que ayuda a aflojar el cuello y la parte superior de la espalda. De pie o sentado, estira los brazos a ambos lados del cuerpo, y sacude las manos enérgicamente durante 10 minutos. Si a la vez respiras hondo, el beneficio será mayor. La musculatura agarrotada se liberará un poco, llevándose parte de tus tensiones.
Ten hidratos de carbono a mano. Los alimentos ricos en carbohidratos estimulan la liberación de serotonina, una sustancia del cerebro que produce bienestar y calma. Pierde el miedo al pan y los croasanes. Una barrita dietética de cereales o una ración de müesli, pueden bastar para sentirse un poco mejor, pero sin abusar, porque en exceso estos alimentos pueden engordar.
Confía en las vitaminas. Se recomienda a los estresados tomar a diario un compuesto que contenga entre el 100 y el 300 por ciento de la dosis recomendada de vitamina B, además de minerales como calcio, magnesio, cromo, cobre, hierro, manganeso, molibdeno, selenio y zinc. Si el estrés es ligero, toma frutas, verduras y legumbres variadas. En cuanto a las frutas, son preferibles las manzanas, melocotones, peras y ciruelas, ya que las ácidas no le sientan bien a algunas personas, por la mañana.
Practica el sexo. Así aumentas la producción de endorfinas, unas sustancias químicas cerebrales que mejoran el ánimo. Si has relegado el sexo a los últimos lugares en tu lista de opciones, adelántalo unos cuantos puestos. Es uno de los mejores relajantes para todo el organismo y desestimarlo es un ataque a su vitalidad.
Da una oportunidad a las infusiones calmantes. La manzanilla y la tila son las infusiones calmantes por excelencia, pero no las únicas: también puedes probar una taza humeante de pasiflora, melisa o amapola. Pide sugerencias en su herbolario y recuerda que conviene dejar reposar la tisana diez minutos antes de tomarla. En algunos casos, como la tila, su poder sedante es mayor si se bebe a temperatura ambiente.
Escucha música clásica. Estudios recientes han demostrado que la música, siempre que sea tranquila y armoniosa, no frenética, consigue desde desacelerar el ritmo cardiaco hasta aumentar la producción interna de endorfinas. Hay temas especialmente recomendables: el aria en "la" para cuerda de Bach, la sinfonía pastoral de Beethoven, el nocturno en "la" de Chopin y la música acuática de Haendel.
Aprende a concentrarte con intensidad. Es inútil aprender técnicas de relajación para combatir el estrés si no sabe concentrarse en ellas. Estar atento a cuanto sucede alrededor, puede poner los nervios de punta. Busca un instructor y haz ejercicios por tu cuenta: prueba a centrarte en un objeto, su color, peso o sabor, y olvida todo lo demás durante unos minutos.
Apóyate en sus seres queridos. Compartir los problemas con la familia o los amigos, ayuda a verlos desde otra perspectiva y aportar nuevas soluciones. Es fundamental sentir que las personas que le importan están cerca suyo, y le demuestran su solidaridad. La comunicación y el contacto con la gente aumentan la autoestima y las ganas de vivir. Cuando ataques el estrés busca un hombro donde apoyarte, ya recuperarás tu autonomía.
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