Virus del herpes 2 y sus complicaciones

EFE | Sep 28, 2004 | 12:00 AM
Millones de personas en el mundo padecen la incurable, pero tratable, enfermedad, considerada de transmisión sexual.
Un estudio publicado recientemente en la prestigiosa publicación British Medical Journal toma en consideración ciertos aspectos éticos de la enfermedad causada por el herpes 2.
La investigación fue realizada en Suecia y abarca una serie de consideraciones sobre esta complicada afección.
Al desconocer que son portadoras del virus, las personas contagiadas siguen transmitiendo el herpes en una interminable cadena y uno de los casos más complicados es el de las mujeres embarazadas.
El riesgo de la transmisión de una madre embarazada a su hijo es muy bajo si padece la enfermedad desde mucho antes, pero el riesgo aumenta si se ha contagiado en los últimos meses del embarazo.
Sin embargo, existe la posibilidad de que en el momento de dar a luz el recién nacido puede contagiarse con esta temible enfermedad y pueda sufrir complicaciones como meningitis.
El herpes en el recién nacido es una de las infecciones más graves que se pueden contraer en ése período y puede dejar secuelas neurológicas muy importantes en los niños que sobreviven.
Cuando la madre está infectada y las lesiones son visibles en los genitales días antes de que se produzca el parto, el mismo debe efectuarse por medio de la intervención quirúrgica conocida como cesárea.
Cuando existe la sospecha de padecer la enfermedad, el único modo certero para diagnosticar si una persona está infectada por el virus del herpes es por medio de exámenes en la sangre.
Y es aquí cuando se crean las dudas sobre si esos estudios debieran solicitarse en todas las mujeres en una etapa temprana del embarazo (en los primeros 3 meses), como sugieren en EU, donde también se cuestionan la relación costo-beneficio del sistema de salud que implicaría efectuar este tipo de pruebas en forma masiva.
Otros investigadores sostienen que se debiera realizar análisis para ver si padecen herpes todos los pacientes que consultan por otras enfermedades de transmisión sexual.
Uno de los principales argumentos en contra de estas medidas se basa en que "investigar a un grupo de personas para saber si posee el herpes podría generar problemas psicosexuales y psicosociales".
Estos trastornos serían el resultado de enterarse de que se padece de una enfermedad asintomática, que no tiene cura y que -por ahora- dura toda la vida.
El debate permanece abierto entre dos frentes: las consideraciones éticas de quienes creen que es un problema de salud pública tratar de determinar la mayor cantidad de personas infectadas por el virus del herpes 2, ya que podrían evitarse enfermedades muy complicadas en los recién nacidos.
Y por otra parte están los que consideran que es una intromisión en la conducta individual de las personas el analizar la sangre de quien no padece ninguna enfermedad declarada.
Una persona de quien se sospecha tenga una enfermedad de transmisión sexual -como el herpes- tiene el derecho a elegir si desea que su sangre sea o no analizada, pero para que pueda decidir con más libertad, es necesario que cuente con buena información, ya sea de parte de médicos o de las autoridades de salud pública.
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