La Dra. Naturaleza cura las infecciones

EFE | Aug 27, 2004 | 12:00 AM
Hay casos en que se requiere la acción rápida de los antibióticos para dejar fuera de combate a ciertas infecciones causadas por bacterias que si no se tratan y eliminan a tiempo, podrían causar un daño permanente en el organismo e incluso la muerte.
Es el caso de males como la neumonía bacteriana, que produce respiración difícil y dolorosa, fiebre, tos con flemas, dolor de pecho, fatiga y el deceso, o la clamidia, una dolencia que causa flujo y sangrado vaginal, micción dolorosa y dolor en el abdomen bajo, y avanza hasta causar una inflamación pélvica permanente, una de las principales causas de esterilidad femenina.
También es obligado recurrir a la antibioterapia si se padece una infección de los riñones, que ocasiona desde micción dolorosa, fiebre, náuseas y vómitos, hasta una lesión renal permanente, o cuando se sufren anginas por estreptococo: un trastorno que causa dolor agudo de garganta, y puede conducir a dolencias más severas, como la fiebre reumática o la inflamación renal aguda.
Pero en otros casos, debido a una automedicación imprudente, se emplean antibióticos para tratar trastornos para los cuales estos fármacos no son eficaces, como las dolencias víricas, o para hacer frente a enfermedades menos severas, que pueden tratarse o solucionarse con la ayuda de otros remedios naturales. Según explica el microbiólogo Fernando Baquero, del Hospital Ramón y Cajal, de Madrid, "los antibióticos destruyen las bacterias; pero si se administran de forma imprudente, prolongada o excesiva, se ejerce más presión sobre las bacterias, lo que hace que se hagan resistentes a los fármacos, que van siendo cada vez menos eficaz contra ellas".
Además del uso incorrecto por parte de los profesionales de la salud, parte de los casos de prescripción abusiva de antibióticos se debe a la presión del paciente, que llega a la consulta con una idea predeterminada sobre la conveniencia de esta terapia.
"El paciente debe saber que el antibiótico es bueno para una infección, pero tiene otros efectos: no debe dejar de tomarlos, sino tomarlos sólo cuando son necesarios", señala Baquero. Hay que tomar las dosis prescritas, no suspender el tratamiento antes de tiempo ni recomenzarlo si reaparecen los síntomas, además de erradicar las creencias falsas, como que hay que tomarlos para bajar la fiebre o que son buenos en sí para todo. Tampoco hay que tomar antibióticos si se padece un catarro o una gripe, ya que estas enfermedades las causan virus, ni dejar de tomarlos al sentirse mejor, porque las bacterias que todavía no han sido destruidas pueden comenzar de nuevo una infección. Además, si se repite la enfermedad, siempre hay que consultar al médico, "ya que los síntomas quizás no los cause una infección bacteriana", señala el doctor Baquero. No se trata de resignar los antibióticos de farmacia, sino de usarlos bien y reservarlos para los trastornos cuya evolución pueda poner en peligro la vida o la salud de forma permanente.
Hay desórdenes no severos, que pueden combatirse de entrada de forma segura y eficaz y sin efectos adversos mediante una serie de opciones naturales, aunque siempre hay que acudir al médico.
Los médicos suelen prescribir antibióticos para tratar la cistitis, una infección de vejiga que afecta sobre todo al sexo femenino entre los 20 y 50 años, pero así la dolencia tiende a reaparecer.
La mayoría de las infecciones urinarias, que causan deseos urgentes de orinar, así como ardor y dolor durante la micción, se deben a la bacteria E.coli, que suele migrar del intestino hasta la uretra y la vejiga, después de ser liberada en la evacuación.
Para prevenirlas hay que lavar la zona genital de adelante hacia atrás después de mover el intestino y mantener una relación sexual, para alejar las bacterias del conducto urinario. También es aconsejable beber dos litros diarios de agua, para orinar con más frecuencia, limpiando la vejiga y el tracto urinario.
Ante el primer indicio de infección hay que beber al menos medio litro de líquido cada hora, para ayudar a que las bacterias salgan de la vejiga. Los arándanos contienen sustancias que combaten la E.coli: pueden tomarse en zumo o en cápsulas.
Tomar un baño caliente con 20 gotas de aceite esencial de sándalo, un antibacteriano natural, ayuda a acelerar la curación, además de reducir el dolor, gracias al calor del agua.
Si la cistitis no responde al tratamiento dentro de las 48 horas, o se siente dolor en la parte baja de las espalda, se orina con sangre, o se tienen fiebre, náuseas o dificultad para orinar, hay que consultar al médico, porque puede haber una infección renal.
Otro problema de salud que suele tratarse con antibióticos es elacné, un trastorno caracterizado por la aparición de granos en la cara y la parte superior del cuerpo, que afecta principalmente a los adolescentes, pero que también es un problema de piel muy común entre las personas de entre 20 y 30 años de edad.
Las erupciones se producen cuando una oleada hormonal estimula las glándulas sebáceas de la piel, haciendo que produzcan más aceite y grasa y se obstruyan, lo cual facilita la multiplicación de las bacterias, causando una inflamación.
Para prevenirlo hay que reducir el contenido de grasas y azúcar en la dieta, mantener la piel limpia, y evitar los cosméticos y lociones humectantes a base de aceites, que obstruyen los poros.
Un remedio natural para el acné consiste en limpiar la piel dos veces al día con un jabón suave que contenga caléndula o lavanda, dos hierbas antimicrobianas. Para curar las manchas, hay que aplicarles dos veces al día aceite de "árbol del té", otro potente antimicrobiano. Por la noche, hay que cubrirlas con un emplasto elaborado con una cucharada de arcilla verde y el agua suficiente para hacer una pasta de consistencia similar a la dental, junto con tres gotas de aceite de árbol de té.
Para limpiar los poros, conviene darse dos veces a la semana un baño de vapor herbal. Para ello hay que echar dos cucharadas soperas de tomillo y dos de lavanda, con cualidades astringentes, antimicriobianas y antiinflamatorias, en un cuenco con un litro de agua hirviendo, cubrir la cabeza y el cuenco con una toalla grande, y exponer la cara al vapor durante 10 minutos, sin quemarse. Si pasan dos o tres, y estos cuidados no dan resultados, conviene consultar a un médico o dermatólogo.
Tanto la inflamación de la mucosa que recubre el estómago, causando calambres y dolores, náuseas, vómitos, diarreas y pérdida del apetito, denominada gastritis, como la irritación e infección del tracto digestivo, que produce los mismos síntomas acompañados de fiebre, es decir la gastroenteritis, suelen tratarse con antibióticos, si bien muchas veces su origen no es bacteriano.
Ambos trastornos pueden causarlos virus. La gastritis también pueden deberse al consumo de fármacos como la aspirina o el ibuprofeno, que irritan las paredes estomacales, mientras que la gastroenteritis pueden causarla los parásitos.
Para evitar que se surjan, conviene eliminar o reducir el consumo de alcohol, cafeína, bebidas carbonatadas y tabaco, que irritan el estómago. Para mantener los gérmenes a raya, hay que lavarse las manos antes de cocinar o comer, fregar los utensilios con agua caliente y jabón después de trabajar con carne o pescado, descongelar la comida en la nevera, y no comer alimentos cocinados o lácteos que hayan estado más de dos horas sin frío.
La mayoría de las gastritis o gastroenteritis duran uno ó dos días y desaparecen, pero si persisten o se tienen vómitos o heces con sangre, dolor de estómago o fiebre alta, hay que ir al médico.
Para que el sistema digestivo descanse y se recupere, hay que hacer un día de ayuno, y beber al menos ocho vasos de agua al día, para prevenir la deshidratación y lavar el tracto digestivo. Asimismo hay que evitar las comidas que irriten el estómago, como la leche o los cítricos, que aumenta la acidez estomacal.
El estómago puede calmarse tomando un té de Camomila, tres ó cuatro veces al día, entre las comidas. También puede prepararse un cocimiento de Ulmaria, Jengibre y Malvavisco, hirviendo una cucharada de las dos últimas hierbas en tres tazas de agua durante 10 minutos, y agregando otra cucharada de la primera planta, después de retirar el líquido del fuego, dejando en remojo otros 10 minutos. Esta infusión debe beberse tres veces al día.
Además, hay antimicrobianos naturales "todo terreno". Uno de los más eficaces es el própolis, una mezcla de sustancias que elabora la abeja con sus secreciones, la cual es bactericida, fungicida y antiinflamatoria, y se emplea para las afecciones respiratorias, como antiséptico bucal, y para gastritis, colitis o úlceras.
En la medicina china, la raíz de la planta Huan Qi, el astragalus, se considera el mejor remedio herbal para aumentar la resistencia contra las infecciones; las investigaciones occidentales están confirmando que también tiene otras propiedades beneficiosas para la salud como estimulante de las defensas orgánicas.
Uno de los mayores estimulantes de las defensas orgánicas es la Equinacea, una planta de América del Norte con propiedades antivíricas, que se indica para prevenir y tratar los catarros y gripes típicos del invierno y debidos a cambios de temperatura, y para contrarrestar las bajadas de las defensas inmunológicas.
Además de mejorar la microcirculación y aliviar los trastornos vasculares del ojo, la cuperosis y la diarrea, se ha descubierto que los arándanos tienen efectos antibacterianos y antifúngicos, y que puede usarse como un antiséptico urinario.
El uso incorrecto de los antibióticos hace que debido a un complejo mecanismo bioquímico de selección natural, las bacterias se hagan cada vez más resistentes, dejando a la persona indefensa ante futuras infecciones.
Por eso, la próxima vez vaya a tomar uno, para una afección no severa, responda las siguientes preguntas: ¿Es una infección bacteriana? ¿Los antibióticos son imprescindibles para sentirme mejor? ¿Cuáles son las alternativas? Si hay remedios naturales, eficaces y seguros, que puedan serle útiles, adelante ¡pruébalos!.
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