Pirosis: fuego en el estómago

EFE | Jun 17, 2004 | 12:00 AM
¿Una o dos horas después de comer, de ingerir una comida copiosa, o de acostarse tras alimentarse, tienes una sensación de quemazón o ardor, a veces dolorosa, que se localiza por detrás del esternón, se extiende entre la garganta y el abdomen, y se irradia hasta el cuello y en ocasiones hacia la espalda?.
¿Has observado que esta sensación se agrava después de tomar algunos alimentos, como los grasos, los azúcares, la miel, el chocolate o los carminativos, o bebidas como el café, el alcohol o los cítricos, o bien después de levantar un peso, efectuar algún ejercicio físico o tomar una aspirina o fármaco antiinflamatorio?.
Si tu respuesta es afirmativa padeces pirosis: probablemente el síntoma gastrointestinal más frecuente, ya que casi todo el mundo ha tenido alguna vez ardor de estómago. Esta condición la presenta entre el 30 y el 40 por ciento de la población por lo menos una vez al mes, una de cada cinco padecen al menos una vez por semana, y alrededor del 10 por ciento de la gente sufre a diario.
Este ardor, que muchos afectados definen como un "fuego en el estómago" es la señal más habitual de la enfermedad por reflujo gastroesofágico (ERGE), una patología frecuente y costosa, que se asocia a complicaciones serias y tiene un impacto importante de la calidad de vida de millones de personas en el mundo.
Los mecanismos fisiológicos de la pirosis no se conocen del todo, al igual que en muchos casos, se desconoce el proceso que subyace a la enfermedad por reflujo y el daño en los tejidos que puede resultar de la ERGE, sin que hasta ahora haya, según la SEPD, una verdadera comprensión del importante impacto que puede tener en la calidad de vida.
La ERGE es el trastorno sobre el cual ha llamado la atención este año la Sociedad Española de Patología Digestiva (SEPD), durante el "Día Mundial de la Salud Digestiva", que cada 29 de mayo celebra la Organización Mundial de Gastroenterología, para concienciar acerca de esas enfermedades y promover la unión de los gastroenterólogos de todo el mundo.
"Es necesario que se reconozca el gran impacto de la enfermedad por reflujo y sus posibles complicaciones: quienes la padecen deben dejar de culpabilizarse y los profesionales sanitarios deben tomar más en consideración los síntomas de los pacientes, ya que un tratamiento con una dosis insuficiente puede ponerlos en riesgo e incapacitarles para llevar un estilo de vida normal", explica el profesor Manuel Díaz-Rubio, presidente de la SEPD.
La cronicidad y persistencia de la pirosis son los indicadores del diagnóstico de la ERGE. Pero es frecuente que los pacientes soporten el ardor digestivo de forma innecesaria, porque no se les da importancia o no son tratados adecuadamente.
Además, habitualmente las personas afectadas retrasan la búsqueda de consejo médico durante años, ya que piensan que su estilo de vida es la causa de sus síntomas. La mayoría de los afectados consideran la pirosis como un problema menor y recurren a antiácidos de venta libre para sobrellevarla.
Los pacientes culpan a menudo, aunque incorrectamente, a factores desencadenantes en la dieta, como las especias, la grasa, las comidas y bebidas ácidas, el consumo excesivo de bebidas alcohólicas y el estrés.
Pero estos factores obran como agravantes de la pirosis, pero no son el origen último de este trastorno, que debe a la presencia de las secreciones muy ácidas del estómago en otras zonas del tubo digestivo que no están preparadas para soportar esa acidez, por lo cual se produce la sensación del quemazón o irritación.
Normalmente, una estructura valvular situada en la unión anatómica de la parte inferior del esófago y el estómago, impide que el contenido ácido del estómago retroceda al esófago, es decir que se produzca un reflujo. La ERGE se desarrolla cuando estos mecanismos normales anti-reflujo dejan de funcionar.
La unión del esófago y el estómago funciona como una válvula muscular, el esfínter esofágico inferior o EEI. Al tragar la comida, ésta atraviesa el esófago hacia abajo y el EEI se relaja, permitiendo su paso al estómago. Normalmente esta válvula sólo permite descenso de la comida, pero a veces es débil y permite el paso del contenido del estómago hacia el esófago.
La debilidad e incompetencia del EEI puede ser consecuencia de determinados factores entre los que se encuentran las alteraciones anatómicas como las que se producen en la hernia de hiato o después de determinadas intervenciones quirúrgicas de la zona, así como algunas enfermedades que afectan a la musculatura, el embarazo, ciertos fármacos y el tabaco.
Además de pirosis, los pacientes con enfermedad por reflujo, también pueden experimentar dolor en el pecho, asma o tos crónica, síntomas que merecen una atención médica rápida.
Además, si se deja sin tratamiento, la ERGE puede derivar en complicaciones serias, como la úlcera de la pared del esófago con hemorragias, una lesión pre-cancerosa denominada "el esófago de Barrett" y en casos raros un adenocarcinoma esofágico.
La ERGE afecta a mujeres y hombres de todas las edades y estilos de vida. El impacto en las personas es importante y origina un gran problema de productividad en el trabajo, actividades sociales y hábitos cotidianos de alimentación.
Las alteraciones del sueño relacionadas con los síntomas nocturnos de la ERGE y el hecho vivir con las consecuencias de la falta de sueño son drama diario para muchas personas. Las actividades cotidianas que implican agacharse, tales como las tareas rutinarias y el trabajo doméstico, y otras formas de ejercicio, a menudo provocan síntomas dolorosos.
Muchas personas que padecen pirosis toman medicamentos sin receta. No obstante, estos productos no están pensados para automedicación, o el auto control de la enfermedad por reflujo.
Para tratar este desorden se recomiendan cambios en el estilo de vida, la alimentación y la reducción del sobre peso, en los casos de obesidad, así como medidas destinadas a prevenir el reflujo, como subir la cabecera de la cama de 3 a 8 centímetros, comer 3 o 4 horas antes de acostarse o tumbarse, y evitar los alimentos que favorecen o agravan el ERGE.
Según las recomendaciones médicas, también se prescriben fármacos que actúan sobre la histamina y reducen la acidez gástrica, inhibidores de la bomba de protones que secan la producción de ácidos en las células de la pared del estómago, así como estimuladores del movimiento del esófago.
En muchos casos, la ERGE es crónica y cuando se deja de tomar la medicación los síntomas reaparecen. Por eso, un gran número de pacientes tienen que seguir el tratamiento farmacológico durante mucho tiempo, incluso durante toda su vida.
En los casos graves, o cuando los pacientes no quieren tomar medicinas durante mucho tiempo, se puede practicar una cirugía consistente en apretar la válvula que está floja, para evitar el paso del contenido del estómago al esófago. Esta operación puede realizarse mediante pequeñas incisiones en el abdomen o laparoscopia, sin dejar grandes cicatrices.
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