¡Cúrate con tu color favorito!

EFE | Apr 20, 2004 | 12:00 AM
Los orígenes de este tipo de terapia se hallan tanto en la América precolombina como en Persia, donde se practicaba el culto a la luz, conocido con el nombre de Ahura Mazda; también en Egipto, en la China imperial, en India y en el Tibet, con la medicina ayurvédica.
En Egipto, en tiempo de Heliópolis -templo de la luz dedicado al Sol-, los sacerdotes curaban con la ayuda de piedras preciosas utilizadas como lentes que filtraban la luz solar.
En China, donde se ha elaborado la medicina energética basada en los ciclos y la teoría de los cinco elementos, la observación del color de la piel de los pacientes servía de base para realizar diagnósticos. El antiguo rey Salomón, cuya existencia aparece reflejada en las Escrituras del Nuevo Testamento, también conocía el secreto de los colores.
Esta terapia siempre ha existido en la India con los parsis, médicos procedentes de Persia, que se encargaron de trasmitir la tradición. Todavía hoy en día utilizan piedras preciosas que asocian los efectos de las estructuras propias de los cristales a sus vibraciones de colores.
Las civilizaciones han recurrido desde siempre a los colores, tanto en los rituales como a la hora de trabajar su medioambiente. Los trajes sacerdotales utilizan su aspecto mágico según los efectos que se considera que generan. Las vidrieras de las catedrales, por las vibraciones de los colores que transmiten, desligan a los creyentes de sus preocupaciones ordinarias con el fin de conducirlos hacia pensamientos más elevados.
Multitud de experimentos llevados a cabo en todo el mundo demuestran que no es la visualización de un color lo que nos proporciona determinado estado, sino la vibración del mismo. Conforme a cómo los colores inciden en nuestros estados de ánimo, deberíamos tener presente, en cada ocasión, que siempre hay un color que nos acompaña y éste puede aportar grandes dosis de armonía a nuestra vida.
En todo momento, en la televisión, en la calle, en el metro, en los grandes almacenes, en las discotecas nocturnas, los colores nos reclaman, nos envuelven. Del mismo modo que nos hemos acostumbrado a la superabundancia de ruidos, hemos acabado por no percibir los colores. Se anulan por profusión, ya que su combinación tiende hacia el gris. Y, sin embargo, nos condicionan sin que nos demos cuenta.
Los colores que llevamos no son fruto del azar. La evidencia de una jerarquía pensamiento/vibración-función/órgano conlleva la aspiración ideal de retorno a la armonía entre el hombre y las leyes naturales. Hay que encontrar un equilibrio, independientemente de los ucases de la moda y los medios de comunicación.
El maravilloso carácter de unicidad de cada ser y la ley de los ritmos incitan al rechazo de las fórmulas comodín en la elección de los colores. Sin embargo, hay que precisar si se escoge un color por él mismo o por la imagen que se desea dar, siendo el ideal la concordancia entre ambas opciones.
Para una entrevista de trabajo, ¿es mejor utilizar una vestimenta que inspire confianza y seriedad o prefiere actuar a su antojo y presentarse como un arlequín?. La libertad también puede aplicarse al juego, adaptándola cuando sea necesario para escoger la ropa y los colores adecuados a cada situación.
La contemplación del encadenamiento de los doce colores del círculo cromático provoca una sensación de armonía, como si se comunicaran entre ellos por medio de algún lenguaje secreto. Producen una sensación de alegría dinámica, como la que suscita el espectáculo en movimiento de los monos multicolores que pululan por las pistas de esquí, enfatizado por la pureza de la luz reflejada por la nieve.
¿Por qué no utilizamos un poco de esta alegría cromática para iluminar nuestras grisáceas calles, cuyos matices dominantes expresan inconscientemente un cierto miedo y apocamiento a la hora de vivir?. ¿Por qué el hombre rechaza el color hasta el punto de encerrarse en la morosa neutralidad de los grises?.
Los colores tienen propiedades que hay que saber utilizar. Los cálidos estimulan, los fríos tranquilizan. Según nuestro estado de ánimo o nuestra necesidad de estímulos hacemos uso de los alimentos. En un self-service diversificamos diariamente los menús, respondiendo así a una exigencia interior del organismo. Este principio que nos guía en la elección de nuestros alimentos debe aplicarse igualmente a la hora de seleccionar los colores con que nos vestimos y que también nos condicionan.
Los colores pueden considerarse como alimentos de una naturaleza más sutil. También hay que dejarse guiar por nuestro instinto que, en función de nuestro estado, "sabe" qué colores nos convienen.
Una de las prácticas consiste en hacer una escala de colores con camisetas, jerséis, vestidos o pantalones, dispuestos en el orden adecuado para aparecer ante sus ojos al abrir el armario y disfrutar así de la alegría que suscitan al salir de la cama.
No importa que tras la ventana del cielo esté gris, el color naranja de nuestra camisa nos sonríe y da calor a nuestro corazón. Y sin duda entre este color y un rosa magenta, quizá necesite una vibración mitad roja, mitad azul, a lo largo del día.
La vida es movimiento y armonía, consecuencia de la libre circulación de energías. Cualquier obstáculo que se interponga en su camino engendra perturbaciones. Según los principios de la medicina energética, las causas de una patología pueden deberse al parasitismo de una zona vibratoria por otra, o un exceso o falta de energía en el nivel de un órgano o de un plexo.
Al impregnarnos de las energías sutiles que desprenden los colores, esforcémonos en sentir sus resonancias. Es una llave que al abrirnos poco a poco la infinita riqueza de nuestro mundo interior, restablece el sentimiento de unión con lo esencial.
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