¿Jóvenes por siempre?

EFE | Aug 06, 2007 | 12:00 AM
El mítico río que confería la vida eterna a quienes se bañaban en sus aguas y que concedió una longevidad de muchos siglos al poeta Homero, según cuenta Jorge Luis Borges en su relato "El inmortal", probablemente no exista, pero la ciencia se está aproximando a otras fuentes de la juventud menos legendarias y más asequibles para conseguir vivir más años.
Un grupo de científicos de la Universidad de Granada (UGR), España, que estudian cómo retrasar el envejecimiento, afirman que una de sus claves está en la melatonina, una hormona segregada por la glándula pineal del cerebro, que participa en una gran variedad de procesos celulares, endocrinos y fisiológicos, y una de cuyas funciones consiste en regular los ritmos biológicos humanos.
Según los expertos españoles del Instituto de Biotecnología de la UGR, la melatonina consigue retrasar los efectos oxidantes e inflamatorios propios del envejecimiento celular.
Esta sustancia está presente en pequeñas cantidades en algunas frutas y verduras como la cebolla, la cereza y el plátano, y cereales como el maíz, la avena y el arroz, además de plantas aromáticas, como la menta, hierba luisa, salvia o tomillo, así como en el vino tinto.
"El ser humano deja de producir esta neurohormona alrededor de los 30 años de edad, pero una dosis diaria de melatonina a partir de los 40 años no sólo parece neutralizar los efectos del envejecimiento, sino que también podría si no prevenir, al menos retrasar la aparición de enfermedades ligadas al paso de los años", según el profesor Darío Acuña, coordinador del estudio.
El estudio se efectuó con ratones con sus genes modificados para experimentar un envejecimiento celular acelerado, los cuales mostraron a los diez meses de vida –un lapso que en las personas equivale a siete décadas- efectos acusados de envejecimiento, como caída de pelo, tumores o menos capacidad de movimiento.
Se descubrió que si se les administra melatonina en el agua que beben a partir de su primer mes de vida, no aparecen los signos de envejecimiento y sus procesos internos asociados.
Los expertos prevén repetir sus ensayos en humanos para comprobar la eficacia y seguridad de la hormona, cuyo consumo en forma de suplementos y con el propósito de mejorar la salud y prolongar la juventud va en aumento en los países donde está autorizada.
Recomiendan prudencia
No obstante, los efectos de la melatonina son objeto de debate no son pocos los expertos que aconsejan prudencia, hasta que se obtenga una evidencia suficiente sobre sus virtudes y se conozcan los efectos de la hormona a largo plazo.
Los expertos de Granada reconocen que hacen falta más investigaciones sobre esta sustancia, ya que las existentes han analizado los efectos protectores de la hormona sin que ahora se haya encontrado una evidencia definitiva sobre sus beneficios.
La melatonina la produce el cerebro de forma natural en pequeñas cantidades, y su síntesis y liberación se asocian al estímulo de la oscuridad y supresión de la luz.
La secreción de esta hormona oscila a lo largo de las 24 horas del día: sus niveles en el cuerpo son más altos por la noche antes de acostarse, pero su producción es casi nula en las horas diurnas.
Este biorritmo, denominado circadiano, aporta al organismo una información sobre el momento del día en que nos hallamos, marcando los patrones de sueño-vigilia.
Se han utilizado suplementos de melatonina sintética para numerosas trastornos, sobre todo del sueño, desde el insomnio y las alteraciones infantiles por problemas neuro-psiquiátricos, como el autismo, hasta la desadaptación horaria o "jet lag", causada por los viajes transoceánicos en avión.
Muchos de los usos terapéuticos o preventivos de la hormona se basan en sus capacidades antioxidantes: opuestas a la oxidación de las estructuras celulares producida por unas moléculas muy inestables denominadas radicales libres.
Alrededor de un centenar de estudios coinciden en que preserva el ADN, las proteínas y los lípidos de la oxidación, y es más efectiva para eliminar los radicales libres que la vitaminas E o C.
Pero la futura fuente de la juventud no sólo puede estar en los alimentos y suplementos, sino también en la genética.
Es lo que promete el reciente hallazgo de un gen denominado PHA-4 que no sólo podría aumentar la longevidad de las personas sino que, además podría mejora su calidad de vida, al jugar un papel clave en la prolongación de la vida y en el retraso de las enfermedades y trastornos asociados al envejecimiento.
En experimentos con lombrices, un equipo del Instituto Salk de San Diego, en California, EU, encontró que el PHA-4 tiene la función de aumentar la actividad en los gusanos adultos si se reduce su cantidad de comida y además resulta esencial para regular el envejecimiento.
Las lombrices fueron sometidas a una dieta restringida, lo que prolongó su vida, un fenómeno que también se presenta en numerosas especies, que a menudo se estudian en laboratorio, como los roedores, los gusanos y la mosca de la fruta.
El gen de los gusanos, comparte una secuencia similar con los genes FOX de los mamíferos, que actúan a lo largo de la vida adulta, regulando la producción de glucagón, una hormona que actúa en el metabolismo de los hidratos de carbono, y mantener constantes los niveles de la glucosa, durante el ayuno.
Cuando los niveles de nutrientes son bajos, los PHA-4 y los FOX pueden intervenir en la producción de glucagón y en otros cambios hormonales capaces de regular el proceso de envejecimiento, según los expertos del Instituto Salk.
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