Niños de banda oaxaqueña de Los Angeles sufren la ausencia de sus padres deportados

ImpreMedia Digital, LLC | Jan 14, 2014 | 10:06 AM

En la Academia Maqueos Music el tema de la separación familiar por deportaciones es más común de lo que muchos piensan.

La canción "En tu día" pierde hasta el último ápice de alegría en el clarinete de la niña Jenny Cruz, quien la entona con las mejillas empapadas de lágrimas y recordando a su padre deportado.
“Ella nunca vio lo que pasó, sólo escuchó el gran drama y nunca volvió a ver a su papá.”
"La música me hace feliz porque no me acuerdo de él", dice antes de colocar la boquilla en sus labios. Pero hoy le falló su válvula de escape: hablar de su padre le quebró la voz y abrió el grifo que detiene la presión del llanto amargo. "Lo extraño", expresa sosteniendo el instrumento con ambas manos.
Su hermana gemela, Anahí, usa la misma fórmula para superar tan notable ausencia en casa. "Cuando estoy aquí me olvido de mi papá", comenta con un nudo en la garganta.
A Isidro, el progenitor de las niñas, la suerte le cambió hace ocho años, cuando un policía lo detuvo y le pidió su licencia de manejo. No tenía por falta de documentos de permanencia legal. Así terminó en su natal Oaxaca, lejos de sus hijas y su esposa, sin poder regresar. En estos años, ellas han aprendido a salir adelante con la ayuda de su madre, quien trabaja en una tintorería, y recibiendo cada vez menos llamadas telefónicas de México.
En la Academia Maqueos Music, donde decenas de niños aprenden a tocar canciones tradicionales de Oaxaca, los sollozos de las gemelas Cruz no son extraños. En este local en el oeste de Los Ángeles es común hablar en los ensayos sobre familiares que han sido expulsados a México. Aquí las melodías se han convertido en una terapia para los pequeños que tienen un hueco en el corazón.
"La música es un alivio al alma", asegura el director de la escuela Estanislao Maqueos.
"Hay veces que miro que llegan tristes, llorando algunos porque tienen problemas porque a sus padres los deportaron, pero al comenzar a tocar una melodía eso los hace olvidar, los transporta; la música es algo increíble, te alivia de cualquier dolor", señala.
La convivencia con otros niños, la disciplina y el aplauso del público (la orquesta toca en eventos sociales y en la Placita Olvera una vez al mes) también ayudan en este proceso curativo, según Maqueos.
Con una pena más grande llegaron hace unas semanas Amada Hernández y su hija Izabella, de 7 años. En su caso la deportación del padre en 2010 ocurrió tras un intento de homicidio que dejó graves secuelas. Para ellas, los sones oaxaqueños han sido un complemento al tratamiento psicológico.
Hernández, quien fue la víctima, cuenta que Izabella fue la más afectada. "Ella nunca vio lo que pasó, sólo escuchó el gran drama y nunca volvió a ver a su papá. Creo que ese punto de no saber qué pasó la llevó a ser no un poco, sino muy insegura", comenta la originaria del Distrito Federal.
Tocando el saxoprano, dice, la pequeña ha recuperado parte de la alegría perdida. Hernández asegura que ha notado cambios en su persona desde que toma clases de saxofón en esa academia. "Me siento relajada, que no hay nada más, que los problemas se quedaron atrás", detalla Izabella.
Todas las tardes, Jenny también entra al local buscando apoyo moral a través de la música. Su canción favorita, "En tu día", dice: "Vive, vive, feliz en el mundo sin que nadie perturbe tu mente".
La orquesta filarmónica de la Academia Maqueos Music toca el último domingo del mes en el kiosco de la Placita Olvera, en Los Angeles. El siguiente concierto será el 26 de enero a las 4 p.m. Tocarán durante una hora y media.
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