Los guardianes de Guadalupe

Univision.com | Dec 12, 2013 | 10:56 PM

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Los trabajadores de la Basílica de Guadalupe cuentan los milagros de los que han sido testigos durante sus labores en el recinto.

Por Luz Adriana Santacruz Carrillo, desde Ciudad de México

Su trabajo es como el de cualquiera que vive en Ciudad de México. Se levantan temprano, desayunan y salen a trabajar. Padecen el tráfico y los embotellamientos como todos los capitalinos. Sólo que su destino es diferente. No pasan 9 horas en una oficina, un espacio público o un centro comercial sino en la mismísima Basílica de Nuestra Señora de Guadalupe. Son los guardianes de la Virgen y consideran que están ahí por un milagro y que es justo su fe y su amor lo que más los motiva a trabajar a los pies de la Morenita.
“Es un privilegio porque es un santuario y servirle a mi madre santísima”
Unos predican, otros limpian y otros arreglan la Basílica. No importa cuál sea su labor, se sienten agradecidos de formar parte del ejército de la Virgen de Guadalupe.
José Luis Lemus Godoy lleva 13 años trabajando en el área de carpintería. Hace libreros, alambrines e incluso se ha encargado de arreglar todas las bancas de la Basílica. Trabaja en un taller que está en el fondo del recinto guadalupano. Una virgen de madera, un altar y calcomanías de varios santos lo acompañan en su “oficina”.
“Todo lo que hemos hecho a la Virgen es algo muy especial. Tiene un significado muy grande. Es un privilegio estar aquí. Queremos a la  Virgen”, explica a UnivisionNoticias.com.
Uno de sus ayudantes,  Cristian Guillen Hernández,  confiesa que se encomendó mucho a Guadalupe para conseguir un trabajo,  aunque nunca se imaginó que la Virgen lo fuera a escuchar tanto que lo puso a trabajar muy cerquita de ella.
“Le pedí que me consiguiera un buen trabajo y que mejor aquí al lado de ella. Tengo el orgullo de pertenecer a todo el equipo de mantenimiento de la Basílica. Ahora le encomiendo a mi esposa, a mis hijos y siempre me persigno para tener salud y trabajo”, cuenta.
Uno de los trabajos más especiales que hizo fue barnizar el retablo de la Virgen, algo que le tocó el corazón: “Sentí una adrenalina que no puedo explicar. Estaba tan cerca de ella, tan solo a unos centímetros”, recuerda con una sonrisa de oreja a oreja.
Con pasión y fervor
El Santuario de María de Guadalupees uno de los más visitados a nivel mundial. Cada año recibe unos 7 millones de visitantes y son ellos, los empleados, quienes se encargan de que todo esté a la perfección, por los peregrinos y por la Virgen misma.

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Algunos de los rincones de este recinto católico tienen un significa especial y una razón de ser. Conócelos.

“Me ha pasado muchas veces que la gente me dice ‘que hermosa salió la celebración’ pero no saben que atrás yo he tenido que estar improvisando, moviendo gente, cambiando cosas, avisar al coro, a fulano a perengano y lo tengo que hacer con la mayor discreción porque no se tienen que dar cuenta”,  relata.Este joven sacerdote poblano, de apenas 35 años. Ortega trabaja como si fuera un director de orquesta, pero puertas adentro de la Basílica. De él dependen que todas las celebraciones litúrgicas salgan impecables aunque, muchas veces, se meta en tantos aprietos por estar “en vivo”. El padre José Alberto aprendió a ser todo un improvisador.“Uno experimenta un gran compromiso. Creo que por don y gracia de Dios es un privilegio personal.  Pero también es un compromiso trabajar en nombre de la Virgen  a la que servimos para sus hijos y los peregrinos”, dice el padre José Alberto Medel Ortega.
El padre lleva cuatro años dando misa en la Basílica y le sobran anécdotas al lado de La Guadalupana: “Para que la celebración de la misa sea válida tiene que haber pan y vino. Nunca puede faltar alguna de las dos y si falta, la misa es inválida, entonces se tiene que repetir. Una vez, el sacerdote se da cuenta de que no había vino. Por fortuna había en los cálices que estaban al lado y así resolvimos el problema".
La hermana Yolanda es una de las guardianas que más amor pone para Guadalupe. Lleva 18 años en la Basílica y se encarga de coordinara los ministros extraordinarios, es decir a todos aquéllos voluntarios que acuden a la Basílica de Guadaupe para ayudar durante la comunión eucarística.
“Es una experiencia increíble estar cerca de ella. En cada misa, paso por atrás de la partecita de la entrada de la bóveda y los vitrales, contemplo su mirada, su ternura, su apapacho para cada uno de nosotros es una experiencia increíble e inolvidable”, asegura.
Para ella no es casualidad estar al lado de la Patrona de México. “Entiendo que es por esa manera y amor de ella que nos tiene aquí. Porque no somos ni los más preparados ni los más cultos ni los más guapos. En ese mundo de gente que vienen y  que quisieran  muchos estar aquí cerca de ella. Nos da ese privilegio y, sobre todo, junto a nuestro Señor”, comenta emocionada.
Nada es coincidencia
Para sentir el amor y la esperanza al trabajar tan cerca de la Virgen de Guadalupe no se necesita ser religioso. Aunque Alicia Alejandro Rivera, dedicada a la limpieza del recinto, lleva solo un año aquí, dice que siente la presencia de la Morenita del Tepeyac más allá de sus venas.
“Es un privilegio porque es un santuario y servirle a mi madre santísima, que es de todos, para mí más que un trabajo, es un halago. Al servirle a ella les estamos sirviendo a los peregrinos que vienen con esa fe. Todos vienen a entregarle esa oración, ese amor, esa humildad, esa devoción que tenemos todos en espera de nuestra madre”, comenta.
Todos ellos, desde sus distintas trincheras, ponen un granito de arena para cuidar este santuario dedicado a María de Guadalupe. Son como hormiguitas en las que pocos reparan, pero gracias a quienes la Basílica brilla con todo su esplendor. Son los ángeles guardianes de Guadalupe en la Tierra.
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