El hombre que vivió 12 años entre lobos

Univision.com | Nov 28, 2013 | 9:47 AM

Una manada de lobos lo aceptó como parte de su familia

Marcos Rodríguez Pantoja es un hombre inusual. Cuando era apenas un niño, su padre lo vendió a un criador de cabras. El hombre murió y el chiquito se vio obligado a vivir entre animales. Pasó 12 años entre lobos cabras y serpientes. Hoy, 60 años después cuenta su historia y sorprende al mundo. ¿Qué te parece la historia de Marcos Rodríguez? Opina en nuestro Foro.
“Un día me metí a una lobera a jugar con unos cachorritos que vivían allí y me quedé dormido”
Se calcula que nació en 1946. Cuando tenía entre 6 y 7 años, su padre lo vendió a un cabrero que se lo llevó a Sierra Morena, un lugar de agreste y de difícil acceso en el sur de España.
Las tareas que Marcos tenía a su cargo se basaban en ayudar al pastor a cuidar su rebaño. Pero otra cachetada le tenía preparada la vida: su mentor murió al poco tiempo y se quedó solo.
Asustado de la gente, después de los maltratos y de las golpizas que le propinaba su madrastra, decidió quedarse a vivir en el monte.
Marcos nunca intentó regresar a la vida citadina hasta que lo encontró la Guardia Civil en 1965 y se lo llevó, por la fuerza, a Fuencaliente, un pequeño pueblo a los pies de Sierra Morena.
Han pasado 50 años desde que dejó la sierra pero no por eso deja de recordar los años que vivía rodeado de sus fieles compañeros: los animales.
"Al principio la pasé muy mal. No sabía qué comer, le tenía miedo a los animales y al viejo. Pero después nos hicimos amigos y con los bichos también. Y así fue como empecé a sentirme muy bien. ¡Me sentía estupendamente!, comentó en entrevista con BBC Mundo.
Aunque vivió muy poco tiempo con el pastor, fue suficiente para que aprendiera a sobrevivir, sobre todo a no pasar hambre.
Cada vez perfeccionó más su técnica para cazar conejos y perdices con trampas hechas de palillos y hojas. También despellajaba animales para aprovechar su carne y su piel.
"Para comer me guiaba por los bichos. Lo que comían ellos lo comía yo. Los jabalíes comían unas patatas que estaban enterradas. Las encuentran porque las huelen. Cuando iban a desenterrarlas yo les tiraba una piedra, ellos se escapaban y entonces yo me rodaba las patatas", contó a BBC Mundo.
Pese a que vivía sin la presencia de un solo ser humano y rodeado de puros animales salvajes, Marcos logró establecer una conexión especial con ellos.
"Un día me metí a una lobera a jugar con unos cachorritos que vivían allí y me quedé dormido. Cuando desperté, la loba estaba cortando carne de ciervo para los cachorros. Yo traté de quitarle un pedazo, porque también tenía hambre y me pegó un zarpazo", recordó.
Sin embargo la loba se compadeció de él: "cuando terminó de alimentar a sus cachorros, me miró y me tiró un trozo de carne. No quería tocarlo porque pensé que me iría a atacar, pero me lo fue acercando con el hocico. Lo cogí, lo comí y ella se me acercó. Pensé que me iba a morder, pero sacó la lengua y me empezó a lamer. Después de eso, ya era uno más de la familia. Íbamos a todos lados juntos", explicó a BBC Mundo.
Pero los lobos no eran sus únicos compañeros. Una serpiente vivía con él en la cueva de una mina abandonada.
"La crié desde pequeñita. Le había puesto unas ramitas para hacerle un nido y le daba leche de las cabras. Me seguía a todos lados y me protegía", aseguró Marcos.
Su vida en el monte terminó después de 12 años. Su regreso a la sociedad ha sido el momento en el que más miedo ha sentido en toda su vida.
"No sabía para donde tirar, sólo quería escaparme al  monte", aseguró. Y aunque logró adaptarse y recobrar una vida rodeada de seres humanos, Marcos no olvida todos esos años que vivió con los animales de la sierra.
¿Realidad o ficción? Es algo que sólo Marcos sabe.
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