Filipinos le temen a una epidemia por la descomposición de los cadáveres que dejó Haiyan

EFE | Nov 12, 2013 | 11:29 AM

La descomposición de los cádaveres preocupa a los filipinos

El hedor de descomposición de los cadáveres ahoga a la ciudad filipina de Tacloban, donde decenas de miles de supervivientes sufren la carencia de alimentos y agua tras el paso del tifón Haiyan el pasado viernes. Esto provoca que los filipinos teman una epidemia que pueda volver mucho más caótica su situación.
“Las provisiones están llegando con cuentagotas a las provincias centrales de Samar, Leyte y el nor”
Las provisiones están llegando con cuentagotas a las provincias centrales de Samar, Leyte y el norte de Cebú, las más afectadas por el desastre natural, aunque las agencias nacionales e internacionales han empezado a desplegarse en la región.
Según pudo observar Efe, prácticamente nada de la ayuda internacional ha llegado a Tacloban, en la isla de Leyte, donde apenas queda en pie un 30 por ciento de los edificios, la mayoría en situación deplorable, y toneladas de desperdicios.
Sólo en el centro permanecen en pie los edificios de ladrillo y hormigón, aunque el tifón se llevó los techos de chapa y reventó las ventanas, con ráfagas de hasta 186 millas por hora (300 kilómetros por hora) que arrancaron como paja las chabolas de las barriadas.
Un responsable local, que no quiso revelar su nombre, explicó que el Gobierno está preocupado porque los cadáveres, que permanecen en las calles hinchados, puedan desatar una epidemia, ya que se encuentran por todas partes.
Viven en medio del miedo y la tensión
La tensión es palpable en las filas de personas desesperadas que forcejean para conseguir el poco arroz que el Ejército reparte en las calles inundadas por las últimas lluvias en Tacloban, situada a unas 529 millas, (852 kilómetros) al suroeste de Manila.
Via Mabag, una enfermera filipina de 24 años, vive en la vecina isla de Cebú y, tras enterarse del desastre, decidió ir hasta Leyte para comprobar si sus familiares habían sobrevivido al tifón.
"Normalmente el viaje se realiza en unas 5 horas, pero con el mal estado de las carreteras, tardamos 23 horas", relató a Efe la joven, aún visiblemente conmovida por los cadáveres de mujeres y niños y la destrucción que observó durante su viaje.
"¿Cómo es posible que haya pasado esto? Gracias a Dios, mi familia esta bien, pero muchos amigos y conocidos están desaparecidos. Me siento culpable por no haber estado aquí", afirmó entre lágrimas.
"En el Hospital nos enseñan a controlar las emociones, pero aquí ha sido imposible. Lo he pasado muy mal", agregó la enfermera.
La mayoría de los supervivientes no puede ocultar su conmoción por la pesadilla que vivieron con el paso de Haiyan, que además de vientos furibundos creó una ola gigante que arrasó todo lo que encontró a su paso.
Una vecina de Tacloban rememoró cómo ella y sus tres hijas menores de edad tuvieron que agarrarse a una viga del techo y pensó que no iban a sobrevivir hasta que el nivel del agua empezó a remitir.
Ahora viven hacinadas en la casa de un vecino junto con otras 30 personas, que lo han perdido todo.
"Aquí no hemos visto a ningún equipo de rescate. Nadie nos ha ayudado", lamentó la superviviente.
Sólo se ve destrucción y desolación
Ya queda poco que saquear en las escasas tiendas y colegios que quedaron en pie, al tiempo que las fuerzas de seguridad han desplegado 500 soldados y agentes para velar por la seguridad y evitar crímenes o actos de desesperación.
El secretario del Interior, Mar Roxas, señaló que cuatro vehículos blindados Simba patrullan la ciudad para evitar desórdenes.
"Circulan por la ciudad para mostrar a la gente, sobre todo a los que tienen malas intenciones, que las autoridades han vuelto", indicó a una emisora local Roxas, quien agregó que han desplegado controles policiales para evitar que la muchedumbre asedie los camiones con ayuda.
Los soldados se esfuerzan en controlar a muchos desesperados que tratan de asaltar las gasolineras, que reservan gran parte del combustible para los vehículos oficiales o de emergencia.
De camino se encuentran el portaaviones USS George Washington, flanqueado por otros barcos de la Armada de Estados Unidos, y el buque de guerra británico HMS Daring, mientras que Médico Sin Fronteras ya tiene un equipo en la región desde el sábado.
Cortes, contusiones, gripe, el cólera y traumas psicológicos son algunos de los desafíos sanitarios que tienen que afrontar los servicios de emergencia, que aguardan impacientes la ayuda de la ONU y las agencias internacionales de cooperación.
Cuatro días después del paso del tifón, el Gobierno filipino cifró en 1,744 el balance de muertos hasta el momento, aunque datos extraoficiales e informes de campo hablan de decenas de miles de fallecidos.
Cerca de 10 millones de filipinos se han visto afectados por los estragos creados por el tifón, bautizado como Yolanda.
©EFE
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