El duro mundo de los niños campesinos de México

Univision.com | Nov 11, 2013 | 3:40 PM

SIGUIENTE:

Miles de niños del estado de Hidalgo trabajan recogiendo café para ayudar a la familia además de estudiar.

Trabajan igual que los adultos, pero en muchos casos les pagan menos del 30% del salario

Por Joaquín Fuentes
“No pasan de los cinco pies de altura.”
No pasan de los cinco pies de altura. Sus manos y pies son callosas... Son menores que tratan de sobrevivir trabajando y apenas logran ponerse en pie.
Rosalinda Bautista tiene siete años. Es una de los 60 mil pequeños en la sierra huasteca, al noreste de México, que cada día tratan de ganar algo de dinero para comer. Desde hace dos años sus padres la llevaron a la montaña para ayudar en el corte de café. Entre semana va a la escuela. El trabajo es la parte complementaria de sus actividades obligadas. Un triángulo de miseria que ocupa quince municipios de los estados de Hidalgo, San Luis Potosí y Tamaulipas.
Es buena estudiante. Su promedio es alto y presume siempre responder correctamente los cuestionamientos de su profesor. Presume además de portarse bien.
Al salir hacia los campos de café, toma un palo que hace las veces de picaporte a la entrada de su casa un morral y se lo hecha al hombro. “Agarro la hierba y la corto y lo hecho en el morral y luego entonces, como que las manos se me raspan y así”.
En ocasiones usa huaraches (sandalias) de plástico, pero la mayor parte del tiempo anda descalza. Una hora de camino más tarde, Rosalinda comienza su faena junto con decenas de pequeños como ella. Cortan los granos de enormes plantaciones de café de pequeños propietarios y terratenientes de la zona en jornadas extenuantes. Son cafetales perdidos en la montaña, muchas veces solo accesibles a pie.
La regla es no tener reglas
No hay reglas: todos los niños tienen que hacer parte de la labor que correspondería a los adultos, trabajando una vez que salen de la escuela y los fines de semana para llevar un poco de dinero hacia sus hogares.
Evelia Bautista, activista y defensora de los derechos humanos en la zona de la Sierra Huasteca, explica que en estos campos, un costal de 110 libras de grano de café se paga entre $6 y $7 a los adultos. Un niño recibe $2 por el mismo trabajo en jornadas de 10 horas.
La tragedia a veces es peor entre algunos de estos niños. Rosa alcanzó ya los 12 años. Mientras sorbe un poco de café en una taza de peltre, responde con pocas palabras, “aquí cortando café… Para... Me mantengo para la escuela porque mi papá no me ayuda”.
Rosa inició cursos en una nueva escuela que se ubica a media hora de su comunidad por carretera. Gasta $1 diario en transporte. Su padre es alcohólico y no aporta para el sustento de la familia. Más que tristeza hay rencor en las palabras de esta pequeña, que con suerte terminará sus estudios de secundaria si antes no se embaraza y se casa. Destino de la mayoría de las mujeres en la sierra. Por las tardes, Rosa se integra a los campos de café hasta que la luz se va. “Yo voy a las ocho y vengo como a las cinco sin comer.
¿Y descansas en algún momento o no? No, casi no. Nada más como diez, diez y media comemos así. Otra vez le seguimos al trabajo.
Las comidas en la montaña son dos o tres tortillas y una taza de café, el mismo por el que dejan infancia y salud. Así, de lunes a viernes, y también, sábados y domingos.
Sumidos en la pobreza
Para Mayte Ortega, Secretaria de Trabajo del estado de Hidalgo, esto más que un problema “es una formación un tanto cultural. La otra parte es una formación económica, donde el niño tiene que aportar para la familia trabajo”.
Los padres de estos niños, quienes los ofrecen a los terratenientes, piensan que su trabajo es fundamental para la economía familiar, como lo señala Flora Hernández, madre cinco niños de los cuales tres son niños del café. “Hay muchas necesidades, entonces es cuando los sacamos a trabajar también (a) los niños. Hay veces que mi esposo trabaja dos o tres días y no nos alcanza el dinero”.
A pesar de su riqueza natural, la huasteca es una de las zonas más pobres de México, sus habitantes hablan poco y mal el español. No saben de derechos humanos ni leyes que protejan a los menores. Esta situación que se suma a los problemas físicos y enfermedades como anemia, vómitos constantes por daños gastrointestinales y dolores de cabeza. Muy comunes entre esta población.
Lejos queda también la defensa de sus derechos, como lo confirma Humberto Vieira, presidente de la Comisión de Derechos Humanos de Hidalgo. “A los menores se les ve como manos, como herramientas como fuerza de trabajo y no como lo que son, gente que se debe formar integralmente”.
Evelia Bautista lucha desde hace años por los derechos de los niños en la huasteca. Vive amenazada de muerte y, pese a sus esfuerzos, el problema persiste. Y así define la situación.Bautista afirma que “hay niños que, debido a las montañas que hay que subir o a los terrenos laderosos que hay, se caen, se lastiman y ya traen algún problema porque no pueden ser atendidos médicamente”.
Problema serio
La situación para los niños en la Huasteca no se ve que pueda mejorar. Cifras no oficiales documentan que existen al menos 5 mil menores de entre siete y 15 años que trabajan jornadas de hasta 12 horas.
Por tasa de población hay en promedio tres niñas por cada niño que trabaja, de acuerdo con el Instituto Nacional de Estadística. Ellas son la fuerza productiva de los cafetales entre octubre y enero, los meses de la cosecha. Bautista asegura que “están prácticamente condenados a seguir como han vivido desde siempre”.
De acuerdo con la Ley Para la Protección de los Derechos de Niñas, Niños y Adolescentes, en su Artículo 11, es obligación de madres, padres y de todas las personas que tengan a su cuidado niñas, niños y adolescentes protegerlos contra toda forma de maltrato, prejuicio, daño, agresión, abuso, trata y explotación. Pero esto no sucede.
En estas comunidades asentadas, en los lomos de montaña lo más frecuente es encontrar mujeres, hijos, familias abandonadas por migrantes que se fueron sin volver.
Carrera contra la miseria
María Hernández es una de estas cientos de madres que sortean solas la miseria. Su marido salió hace tres años, la edad de su hijo más pequeño, hacia los Estados Unidos y nunca supo nada de él. Dos de los cuatro niños que la rodean salen a diario para ayudar al sustento, “lamentablemente sí duele. Yo como madre no quisiera que tu hijo trabajara, verdad, por mi parte yo quisiera que mis hijos tuvieran todo, verdad, pero no se puede”.
Flora pasa por una situación similar. “Hay mucha necesidad, entonces es cuando los sacamos a trabajar también los niños. Hay veces que mi esposo trabaja dos o tres días y no nos alcanza el dinero”.
Fueron días de fiesta en las comunidades y en la escuela, todos usaron zapatos, una de las pocas veces que sucede. Rotos y enlodados es lo menos importante. Es una gala que se debe aprovechar. También fue raro que todos comieran. Atole, pan de muerto y tamales. Fue el festín que los profesores ofrecieron y que puede tardar meses en repetirse.
Rosa no perdió el tiempo y mientras corría con sus compañeras de clase guardaba parte de su pan en el morral que más tarde estaría lleno de granos de café. ¿En tu casa qué comen? Pues enchiladas y algunos como chayotes. Sólo eso... Sopa a veces... ¿Carne? Nada más a veces, cuando tenemos. A veces no se puede”, concluye.
Estas familias se endeudan hasta para recibir atención médica. Familias de niños que dejan la vida entera entre cafetales. Niños que trabajan para sobrevivir.
©Univision.com
Commentarios