Un inmigrante mexicano con pies amputados logra hazaña en Estados Unidos

Univision.com | Nov 09, 2013 | 9:29 AM

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El ciclista por asilo pedaleó 700 millas para crear conciencia sobre la violencia en México y las personas que como él necesitan un asilo en EE.UU.

Pedaleó 700 millas para pedirle al gobierno de Obama que apruebe su petición de asilo político

Por Leonor Suárez, enviada especial de Univision Noticias.com
“En octubre de 2011 el mexicano Carlos Gutiérrez, llegó sin piernas a la frontera con EE.UU.”
El 15 de octubre de 2011 el mexicano Carlos Gutiérrez, de 34 años, llegó en una silla de ruedas a un puente de Estados para pedir asilo político para él, su esposa y sus dos hijos pequeños. Meses antes un grupo de delincuentes le había amputado los pies a la altura de las rodillas. Gutiérrez venía huyendo de los carteles de la droga en Chihuahua, quienes le cortaron las piernas por no poder pagar las cuotas mensuales que le pedían. Hasta aquel fatídico 2011 era dueño de un negocio exitoso en uno de los estados fronterizos con Estados Unidos donde la violencia no se ha detenido en los últimos siete años.
Gutiérrez tiene ahora un pasado al que no puede volver y un futuro por el que debe luchar día a día, con lo que tenga. Armado con una voluntad inquebrantable y un par de prótesis, ha recorrido en los últimos 13 días casi 700 millas en el estado de Texas a bordo de una bicicleta. Arrancó en El Paso y concluye en Austin, la capital del Estado, para dejar una ofrenda de sacrificio y demostrar con un gesto algo positivo, con su propio sudor, que quiere quedarse en Estados Unidos. Pero no en el limbo en el que se encuentra, con un permiso temporal humanitario, sino con un estatus migratorio que le permita vivir y dormir tranquilo junto a su esposa y sus dos hijos. Gutiérrez dice que quiere sentirse bienvenido y protegido por Estados Unidos.
El expediente de Gutiérrez actualmente está cerrado, no avanza para ninguna parte, ni hacia adelante ni hacia atrás. Su estatus de permanencia no es formalmente un asilado, aunque puede trabajar y permanecer en territorio de Estados Unidos sin el riesgo de ser detenido y deportado, pero no puede viajar fuera ni tampoco regresar con la tranquilidad de quien tiene sus papeles en regla. Se encuentra en un limbo migratorio, su futuro es incierto.
"Este viaje puede fortalecer mi caso de asilo y mi abogado puede reabrirlo si está lo suficientemente fuerte para que me sea otorgado un asilo", dice Gutiérrez al caer la noche en San Marcos, la última parada de su hazaña.
El inmigrante mexicano dice que el viaje también sirve para ayudar a otros miles de compatriotas que han dejado su país a causa de la violencia generada por la guerra contra el narcotráfico. Desde que fue declarada en 2006 durante el gobierno de Felipe Calderón, el conflicto ha dejado más de 60 mil muertos y miles de víctimas y desplazados internos.
El camino
La ruta y el entrenamiento de Gutiérrez fueron planificados por Ben Foster, un ciclista de El Paso, Texas, que fue contactado por Carlos Spector, un abogado de la organización Mexicanos en el Exilio. Foster se mudó al El Paso desde Los Angeles, California, porque el sueño de su esposa era ayudar a los inmigrantes. Y así lo hace. Asiste a los campesinos de esa área de Texas. Ben ayuda desde el deporte, con Gutiérrez. "Desde el primer día le dije que vendría con él… Carlos me inspiró a hacer un recorrido largo en bicicleta, algo que siempre quise hacer pero no me atrevía".
Esta idea “alocada” de Carlos, como la llama Foster, también inspiró a otros como Víctor, que se unió a la causa desde el día uno, y a Fernando, quien ha pedaleado con el grupo desde el segundo día. Ahora los llaman “Los Tres Mosqueteros”; son quienes van guiando y escoltando a Gutiérrez por las carreteras de Texas en busca de la hazaña de un mexicano que ha despertado emociones, aplausos y reconocimiento. En cada milla recorrida deja una emoción indescriptible.
Gutiérrez, sus tres “mosqueteros” y la van de color azul cielo que los ha asistido durante todo el recorrido y que es capitaneada por Foster y Charlie, un perro chihuahua convertido en su primer asistente, fueron reconocidos en las carreteras por mexicanos y estadounidenses que se enteraron de la historia del ciclista sin piernas. Donde lo encuentran se detienen para saludarlo y estrecharlo en un abrazo. Algunos lo hacen por simple curiosidad, pero otros, la mayoría mexicanos, lo hacen para rendirle un homenaje, para darle fuerzas, para decirle que lo admiran.

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Univision Noticias.com te lleva junto a Carlos Gutiérrez a recorrer Texas. Ve de cerca su pedaleo sin piernas por un asilo en EEUU

Los mexicanos que viven en Estados Unidos no solo tienen una patria que los une. Ahora comparten otro pasado en común, la violencia. Muchos tienen un familiar muerto, asesinado a manos del narcotráfico y muchos también tienen familiares o amigos como Gutiérrez, que se vieron forzados a dejar todo para salvar la vida en Estados Unidos. Gutiérrez se emociona cada vez que un compatriota lo abraza con fuerzas. “Uno siente esos abrazos que son distintos", dice con la voz entrecortada.
Gutiérrez ha contado que cuando un grupo de delincuentes toma a una persona en un parque público y le cortan las piernas como si nada, el miedo no se va nunca. “La tranquilidad no vuelve", asegura. Pero todo el miedo acumulado durante dos años lo tomó y lo convirtió en la fuerza necesaria para organizar su hazaña y montarse en una bicicleta para decirle al mundo que quiere vivir en paz y que es capaz de pedalear hasta lograrlo.
El miedo
El derecho a asilo, de acuerdo con las Organización de Naciones Unidas (ONU), se basa en el miedo que siente alguien de que otro le haga daño y, en respuesta, el derecho a recibir protección por parte de un estado distinto a donde reside la amenaza.
Gutiérrez tiene miedo y tan solo busca un país que lo proteja. El suyo, México -aunque él no presenta las facturas-, le ha fallado. Su caso de asilo se basa, según su abogado, en que los elementos del narco-crimen en México actúan con conexiones en las autoridades. "Carlos es un emblema del crimen autorizado que es la complicidad de los carteles, la criminalidad con el estado mexicano", explicó Spector durante una manifestación frente al consulado mexicano en San Antonio, Texas, en una de las paradas del recorrido hacia Austin.
Por esta razón, Spector dice que su cliente merece el asilo. "Yo voy a conseguir el asilo porque lo merezco, porque como yo otros miles de mexicanos lo merecemos", apunta Gutiérrez, con fe, la noche antes de llegar a su meta luego de 13 largos días de una hazaña sin precedentes.
Estados Unidos es uno de los diez países que recibe más solicitudes de asilo en el mundo, pero entre ellos los mexicanos son la minoría. En los últimos tres años los pedidos de asilo en la frontera sur se han triplicado, de acuerdo con un informe reciente del Departamento de Interior y Seguridad. Aunque los casos de asilos otorgados para inmigrantes que llegan con un temor creíble de persecución también han aumentado, de poco más de 100 en 2010 a 337 en 2012, en 2013 van más de 16 mil peticiones, todos ellos huyendo de la violencia al otro lado de la frontera.
El defensor de los asilados
Carlos Spector se ha dedicado a defender a quienes han ingresado a Estados Unidos desde México con historias como las de Gutiérrez, cada una más siniestra que la anterior.
Gutiérrez es uno de sus defendidos y un emblema, porque donde vaya muestra las pruebas de su miedo a regresar a México.
Son miles los mexicanos que en los últimos años han llegado con sus historias a la frontera con la esperanza de escapar del terror, con familiares baleados, cuerpos descuartizados y amenazas de muerte. Para Estados Unidos, sin embargo, no todos son protegidos. Los mexicanos, según las autoridades, no calzan dentro de las definiciones legales. Gutiérrez sabe lo difícil que es defender un caso de asilo bajo estas circunstancias, aún con las cicatrices visibles de la violencia que se vive en México. "En un caso de asilo tienes que defender, frente a un fiscal, tu caso. Su trabajo es probar que tú no mereces asilo. Es difícil", cuenta.
Para Spector, es necesario que Estados Unidos entienda que los mexicanos son víctimas de una guerra, una guerra que además ha sido financiada desde Washington. Y agrega que, además, el país debe sentir la responsabilidad de atender a estas personas que han sufrido las consecuencias. "Los que causaron, los que pagaron la guerra ahora quieren lavarse las manos", protesta.
Todo indica que las autoridades de inmigración estadounidenses no ven a los mexicanos como víctimas de la violencia señalada por Spector y mucho menos como merecedores de la protección del gobierno federal, pero los ciudadanos estadounidenses que conocen a Gutiérrez y se enteraron de su caso piensan lo contrario. Durante la hazaña lo hemos visto, hemos notado el apoyo no solo de las comunidades hispanas de las ciudades por donde ha pasado Gutiérrez en estos 13 días, sino que hemos sido testigos de la inesperada mano amiga de estadounidenses que se sienten obligados y motivados a ayudar y reconocer el sacrificio de este inmigrante mexicano que no se rinde.
Gutiérrez y su caravana no tenían dónde dormir en Castroville, una de las ciudades donde pararon durante el recorrido. Tocando puertas dieron con una iglesia presbiteriana y, como si fueran huéspedes que aguardaban, los recibieron, les dieron de comer y durmieron en la iglesia. Hasta se ducharon en casa de Betty, una residente de Castroville que les abrió las puertas de su hogar a la mañana siguiente.
Muestras como ésta y como la de Curtis Seebeck, en San Marcos, le demostraron al equipo la amabilidad de los estadounidenses. Curtis perdió a su padre, quien fue ciclista hace unos años pero mantiene el contacto con una red de ciclistas que ofrece alojamientos.
Curtis encontró en San Marcos un lugar para Carlos y su equipo la última noche de su viaje antes de llegar a Austin en una posada que ofreció comodidad y seguridad a los integrantes de Pedaleando por la Justicia.
Gutiérrez confía en que, a través de este tipo de demostraciones positivas, logre el sueño americano. "Nosotros no marchamos, no trancamos esto, es algo pacífico, es algo bueno y por eso puedes obtener buenos resultados", señala.
Ahora depende de lo que digan las autoridades. Mientras toman una decisión, Gutiérrez regresará a El Paso junto a su esposa y sus dos hijos a reponerse de las heridas que le provocaron un viaje de 13 días, hazaña que se está regando más allá de las fronteras de Texas.
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