La casa de Buñuel en México, el último testigo de sus secretos

Univision.com | Nov 07, 2013 | 7:00 AM

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En esa sobria casa, el cineasta vivió los últimos 30 años de su vida con una extraña mezcla de México y España.

Por Janet Cacelin, desde la Ciudad de México

En la colonia Del Valle, ubicada al sur de la Ciudad de México, uno de los barrios con mayor legado histórico, arquitectónico y de anécdotas de la capital una modesta casa, mezcla de surrealismo y sobriedad, se levanta casi desapercibida. 
“Es una combinación del pasado y el presente de la vida de un genio cinematográfico, construida a b”
Es una combinación del pasado y el presente de la vida de un genio cinematográfico, construida a base de recuerdos de su remota etapa adolescente en la residencia de estudiantes de Madrid y los pacíficos días de senectud de un hombre que cosechó decenas de éxitos en el lugar menos imaginado: entre los volcanes que cercan el Valle de México. La casa del excéntrico cineasta español, Luis Buñuel. Hoy, convertida en una especie de residencia-museo. 
Nunca pretendió ni imaginó vivir en este lugar al que sus antepasados bautizaron “El Nuevo Mundo”, lleno de posibilidades exóticas. Sin embargo, Buñuel vivió en México, en esta casa de ladrillos del sur de la Ciudad de México, los últimos 30 años de su vida. 
Una serie de casualidades con destino a México
Llegó al país por una casualidad, después de una secuencia de sucesos desafortunados, una serie de decisiones con resultados lejos de los esperados pero que, de forma paradójica, lo condujeron al éxito.
Después de exiliarse en Estados Unidos por el triunfo del franquismo en España, Buñuel tuvo que dejar su trabajo en el Museo de Arte Moderno de Nueva York por representar un ‘peligro para el prestigio de la institución’, según publicó su antiguo amigo, el artista Salvador Dalí en su libro La vida secreta de Salvador Dalí.
Fue así como, luego de la cancelación de un proyecto en Francia, por la necesidad de mantener una familia, hizo una inesperada escala en México, un país extraño que lo recibió con los brazos abiertos. Se quedó.
La construcción de la ‘casa de las tertulias’
En 1952, ya con la decisión de probar suerte y establecerse en México, pidió a su amigo Arturo Sáenz de la Calzada, un arquitecto español exiliado en México, a quien conoció en la juventud, que construyera una casa a imagen y semejanza de la residencia de Estudiantes de Madrid, en la que vivió entre 1917 y 1925. Y cuya fachada, de ladrillo rojo, la recuerda. Pero también tiene su toque mexicano: piedra volcánica, una característica peculiar del sur del DF.
Este año, la casa del artista volvió a abrir sus puertas tras permanecer cerrada por reformas desde mayo de 2012. Con motivo del 30 aniversario de su muerte, el 29 de julio pasado, la casa despertó de su letargo para dar la bienvenida a conferencias, talleres y exposiciones. También funcionará como un “refugio” para artistas e intelectuales, en un intento por revivir en la capital mexicana el espíritu de la Residencia de Estudiantes de Madrid, donde Buñuel conoció a Salvador Dalí y a Federico García Lorca, entre otros. Entre esas paredes, Buñuel no sólo forjó los éxitos cinematográficos de El Ángel Exterminador o Los Olvidados, también fomentó e incentivó tanto en él como en su familia, poco a poco y de forma avasalladora, su amor por México.
En especial su mujer, Jeanne Rucar,  de origen francés, que decía que era una mexicana con un acento extraño y fue una gran amante del tequila. Pero lo que más enamoró de México a Buñuel y su esposa, fueron las extrañas noches de tertulias en su casa, al lado de sus amigos mexicanos como Carlos Fuentes, Octavio Paz, Octavio Alba o Elena Poniatowska. Pláticas y anécdotas que se quedaron a vivir como fantasmas entre los muros de la casa.
“Sus reuniones en esta casa eran muy particulares porque para empezar él era un hombre muy estricto con los horarios, a las 10 de la noche ya tenía que estar en la cama durmiendo, así que sus fiestas famosas se realizaban muy temprano”, cuenta Mario Barro, Coordinador de cine de la embajada de España en México a NoticiasUnivision.com.
El invento del Buñueloni
En cada una de las fiestas, Buñuel trataba de ser el centro de atención con una extraña bebida, el famoso coctel Buñueloni, preparado por el cineasta con tanta devoción e interés que cuando llegaban sus invitados, no dejaba de alardear sobre su talento y la calidad de sus bebidas.
El lugar favorito de Buñuel era la habitación donde preparaba sus tragos y sus cocteles, el bar de la casa al que consideraba un rincón sin el que la vida sería imposible de sobrellevar.
“Un lugar de meditación y recogimiento sin el cual la vida es inconcebible; en los bares he pasado largos ratos de ensueño, hablando rara vez con el camarero, invadido por cortejos de imágenes a cuál más sorprendente. El bar es un ejercicio de soledad, es una ceremonia”, escribió Buñuel en su libro de memorias Mi último suspiro.
El famoso buñueloni llevaba como ingredientes principales su ginebra favorita –la Beefeater-, un vermú dulce y carpano amargo con aromas a naranja. Un invento al que le puso su firma y, claro, su apellido. 
El poliédrico Buñuel que quitó el piano a su esposa
Pero a puertas cerradas, en el entorno familiar de la casa, Buñuel era sólo una mínima parte del hombre irreverente que mostraba ser en sus filmes.
“Está el artista, el intelectual que atenta contra los cimientos de la burguesía y de la religión, pero por otro lado está el Buñuel de unas raíces muy católicas, que en el ámbito de lo privado se comportaba muy estricto. La relación con sus hijos y con su mujer así lo demuestran”, señala Mario Barro a NoticiasUnivision.com.
Según el libro Memorias de una mujer sin piano, de Marisol Martín del Campo,  Buñuel se ponía tan celoso cuando Jeanne tomaba clases durante los días que estaba ausente, que puso el instrumento a disposición de cualquiera que le regalara una caja de botellas de champagne. A pesar de ello, Jeanne Rucar amó a Buñuel; su matrimonio duró más de 50 años y lo acompañó hasta su muerte en 1983.
Jeanne Rucal de Buñuel, a los 82 años, conservó su casa tal como le habían gustado a su esposo, su estudio intocable, casi como museo; el escritorio al centro, un librero grande y en la pared una foto de ella.
Según cuentan sus hijos, a Jeanne le gustaba estar en el primer piso de la casa cosiendo. Uno de los pocos regalos que hizo Buñuel a su esposa fue una máquina de coser.
Actualmente la casa conserva su sobriedad inicial, pero con un nuevo objetivo, ser testigo de la formación de más artistas, un punto de encuentro que fomente la investigación y también sirva como un centro de residencia para tratar de poner en relación el cine con el resto de las disciplinas artísticas.
La Casa Buñuel constituye un legado para las generaciones venideras que podrán repetir la experiencia intelectual de formarse entre paredes de fríos pero reconfortantes ladrillos, rojos como los de la residencia de estudiantes de Madrid, pero a la mexicana. 
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