Día de Muertos, escalofriante costumbre en México

Univision.com | Oct 30, 2012 | 11:50 AM

El regreso de los muertos

CIUDAD DE MÉXICO - José Rodríguez camina junto a su nieto frente al altar gigante con ofrendas del Día de los Muertos en el Zócalo de la capital mexicana, una tradición prehispánica que ocurre el 1 y 2 de noviembre de caña año.
"Vengo con mi nieto porque quiero que vea que en México la muerte no sólo es lo que ve en los noticieros", comenta.
México consagra los dos primeros días de noviembre a homenajear a sus muertos. Las familias disponen coloridas mesas con las bebidas, platillos, frutas o cigarrillos favoritos de sus difuntos.
Algunas, incluso, lo hacen directamente en los cementerios, a cuyas puertas se agolpan músicos para llevar serenatas a los muertos. Toneladas de cempazuchitl, una flor amarilla, son usadas para tapizar los panteones.
La tradición dice que por la noche los muertos visitan sus casas y sus altares para dejarse agasajar y se comen, beben y fuman todo lo que les ofrendan.
Es una fiesta para celebrar a quienes se han ido. Aunque cada vez es más palpable la influencia de Halloween. México se resiste a las tendencias que llegan del vecino Estados Unidos y conserva una de las fiestas más coloristas de su calendario, el Día de Muertos.
Los grupos de mayor edad y los habitantes de núcleos rurales continúan festejando mayoritariamente a sus difuntos junto a las tumbas en las que reposan, a donde les llevan su comida favorita y hasta grupos de mariachi para que les recuerden sus canciones predilectas en vida.
Un estudio de la Procuraduría de Defensa del Consumidor (Profeco) elaborado en octubre de 2009 reveló que el 81 por ciento de los casi 300 encuestados en 29 de los 32 estados mexicanos celebran el Día de Muertos, frente al cuatro por ciento que se decantó por Halloween.
Sin miedo a la muerte
Las celebraciones del calendario católico confluyen con la tradición de los pueblos prehispánicos en el Día de Muertos, una fecha en la que el centro y el sur de México transforma, como decía el poeta Octavio Paz, el miedo a la muerte en ironía.
La mayoría de mexicanos cree que el 1 y el 2 de noviembre las ánimas visitan de verdad a sus familias, otros sólo lo ven como una ocasión para recordar a los que ya no están; pero -como reveló una encuesta publicada en la prensa mexicana- a más de la mitad de ellos (58 por ciento) no les importa la muerte "lo más mínimo" ni tienen miedo a los difuntos (55 por ciento).
Es por eso que los primeros días de noviembre muchas regiones del país añaden al negro de su luto el morado, derivado de la tradición católica, pero también el naranja, un color representado en la flor de Cempasúchil (también conocida como clavel chino o flor de Muertos), que aportará sol, luz y vida para lo que tantos mexicanos se limitan a ver como un largo viaje.
Manjares de luto
Si hay un motivo por el que el espíritu pausado y familiar del Día de Muertos aún sobresale entre los mexicanos frente al componente más consumista que tiene su 'vecina' anglosajona -reina de supermercados y grandes almacenes- ése es el placer de comer.
Mientras más del cuarenta por ciento de los mexicanos que siguen Halloween hacen sus compras para la fiesta en autoservicios y tiendas departamentales, el 56 por ciento de los que festejan el Día de Muertos acuden a mercados tradicionales con varios días de antelación, lo que da cuenta de la importancia que tiene escoger los ingredientes adecuados para esta fiesta.
Como siempre pasa en México, la gastronomía juega un papel preponderante en estos días, que, más allá de panteones y tumbas, suponen una ocasión para que muchos se reúnan ante la mesa en comidas o cenas familiares a las que, según cuenta la tradición, también están invitados los difuntos.
Sobre el mantel espera el pan de muerto adornado con ajonjolí, que muchas veces lleva figuras de huesos en representación del ánima a la que invoca, las calaveras de azúcar, el mole (una salsa especiada), la fruta y los alfeñiques, unos caramelos heredados de los colonos españoles.
No falta el alcohol, presente también en los altares y panteones, en los que convive, como homenaje a los muertos, con las calaveras y el papel picado de colores.Allí, las familias de los difuntos se deben asegurar de que éstos cuenten con su bebida favorita entre las ofrendas.
Así, como una fiesta llena de música y color que no entiende de diferencias sociales, sino de memoria de los que ya no están, los esqueletos vestidos de mujer y el olor del incienso y las flores resisten al 'truco o trato' y toman las calles de un país que se vanagloria de saber vivir con la muerte mejor que ningún otro.
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