Relatos de terror desde Nairobi, en Kenia

Univision.com | Sep 22, 2013 | 1:10 PM

Testimonios estremecedores

La frenética llamada telefónica me llegó de una amiga que se estaba quedando el fin de semana con mi familia: Ella estaba en el centro comercial más elegante de Nairobi y escuchaba disparos. Su esposo y su hija de dos años también estaban adentro, pero no sabía dónde. ¿Adónde debería ir?
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En las siguientes horas mi deber como reportero chocó con mi preocupación por amigos cercanos en peligro mortal. Los reporteros en todas partes deben separar sus emociones de las escenas de horror, pero es algo casi imposible cuando tus amigos enfrentan atacantes que lanzan granadas y disparan fusiles, publica un periodista de The Associated Press.
Lyndsay llamó a mi esposa dos minutos después de la primera explosión. Eran las 12:40 de la tarde del sábado. Lyndsay, que estaba en una librería en el último piso, pensó inicialmente que se trataba de un robo. Yo salí apresurado de mi casa hacia el centro comercial, a kilómetro y medio (una milla) de distancia. La escena era espeluznante: Varios hombres armados habían ametrallado autos a la entrada del lugar. Había cadáveres colgando de vehículos.
Ráfagas de disparos y pequeñas explosiones se escuchaban mientras yo y otros nos ocultábamos detrás de autos.
El esposo de Lyndsay, Nick, estaba con Julia, la hija de ambos, en un café en la planta baja que al parecer fue el punto inicial del ataque. El agarró a su hijita y se echó a correr. Ambos terminaron siendo empujados hacia el área de almacenamiento de una tienda por departamentos, donde se quedaron por las próximas tres horas.
Lyndsay estaba en una sala de cine en el tercer piso cuando me llamó de nuevo. Si los hombres armados la encontraban a ella y otros allí, no había escape, dijo. Un poco más tarde, el grupo — unos 20 extraños unidos por el terror — tomó una salida de emergencia hacia la azotea. Una vez allí, no había por donde escapar.
"Jason, ¿puedes asegurarte de que la policía sepa que hay civiles en el techo?", me pidió Lindsay. Una persona había asomado la cabeza y fue recibida por una bala, muy probablemente de la policía.
Yo le dije a un reportero keniano de la AP que hablase con un oficial de alto rango a quien conoce. "Esto no está relacionado con el trabajo", le dije, "pero podría salvar vidas".
Conteniendo los temores
Yo regresé a mi trabajo como reportero, conteniendo mis temores de que mis amigos podían morir. Tomé fotos y video. Entrevisté a una pareja holandesa que había estado cerca de la explosión de una granada. Esa noche, el presidente de Kenia dijo que el saldo de muertos era 39.
Nick me llamó o me envió me mensajes texto. Él estaba en el almacén con Julia, pero no estaba seguro de qué hacer. ¿Tenía yo alguna información? Yo le envié mensajes de texto y lo llamé en varias ocasiones, pero temía cada vez que su teléfono iba a sonar cuando había hombres armados cerca.
Lyndsay volvió a llamar. ¿Qué debía hacer si los terroristas llegaban al techo? No había adonde irse. La caída hacia el siguiente piso era de unos seis metros. Lindsay tiene casi ocho meses de embarazo, saltar del techo podía tener consecuencias trágicas. Agarra un cable y deslízate, le dije. Ella me dijo más tarde que eso podría no haber resultado.
"Honestamente, yo temía estar demasiado asustada para hacerlo", dijo Lindsay. Al mismo tiempo, me dijo después, fue bueno simplemente tener a alguien con quien hablar.
Policías de paisano ayudaron a Lindsay y los demás del grupo del techo a escapar, pero su esposo Nick y su hija Julia aún estaban adentro. Pese a toda la tensión, Julia se estaba comportando en términos generales muy bien.
"Ella estuvo increíble", dijo Nick más tarde, pero durante las breves corridas "pienso que ella podía sentir que algo estaba mal y estaba un poco alterada. Cuando estábamos escondidos, ella se asustó cuando llegamos, pero no estaba llorando ni nada. Solamente estaba acurrucándose junto a mí".
Tres horas después del estallido de la primera granada, Nick escapó corriendo con Julia del centro comercial. Un fotógrafo tomó una foto de esa carrera, que apareció en decenas de portales noticiosos.
Entre el reportero y el ser humano
Para entonces, me había tomado una pausa de mi papel de reportero y estaba con Lindsay. Yo vi a Nick y Julia acercándose y se lo dije a Lindsay, cuyos ojos se llenaron de lágrimas. Los tres se abrazaron.
Como reportero, sabía que el día no había acabado así de bien para todo el mundo.
A la noche, un keniano afligido me pidió información. El y sus amigos habían estado comiendo en un restaurante en el centro comercial en el que se reportaron muchas víctimas y él no podía ponerse en contacto con ellos por teléfono. Quizás sus amigos estaban en el hospital, dije. No, me contestó. Él había visitado todos los hospitales. Había salido del restaurante un momento a lavarse las manos cuando comenzó el ataque.
"Mis amigos me enviaron un mensaje de texto y dijeron. 'Reza por nosotros, hermano''', me dijo el hombre, casi llorando. Fue la última vez que supo de ellos.
Cuestionan proceder oficial
Por otro lado, un ciudadano indio que se encontraba en el interior del centro denunció que la Policía no ayudó a los ciudadanos cuando comenzó el asalto y que tuvieron que organizarse entre ellos para tratar de escapar, informó por su parte la agencia Efe.
Setpal Singh, una de las víctimas del ataque de Al Shabab, reveló esta situación durante la rueda de prensa que estaba ofreciendo el exprimer ministro keniano Raila Odinga, que zanjó su reclamación asegurando que no era el momento de hablar de este asunto.
"Cuando le dije a un policía que me acompañara para ayudarme e intentar rescatar a la gente que había atrapada en un piso inferior, me dijo que no tenía arma", recriminó este ciudadano.
Según ha relatado, cuando comenzó el asalto se encontraba en la planta baja del centro comercial e intentó escapar junto a otro grupo de personas por el sótano, pero allí también había miembros del grupo islamista disparando, por lo que regresaron a la planta baja.
Huyendo otra vez de los disparos, lograron refugiarse en las salas de cine que hay en la planta superior, donde unos trabajadores les ayudaron a escapar por la salida de emergencia.
Singh asegura que cuando salieron del centro comercial tampoco había policías para ayudarles, solo voluntarios, que fueron quienes realmente les atendieron y les condujeron hacia un lugar seguro.
"Ha sido la sociedad civil la que se ha ayudado entre sí, no la Policía", reiteró.
En respuesta a su denuncia, Odinga señaló que no era el momento adecuado para tratar este asunto e instó a los ciudadanos kenianos a que se mantengan "unidos" ante una situación de emergencia que se resolverá "en poco tiempo", dijo sin aportar ninguna información sobre lo sucedido ni evaluar la situación actual.

Dos latinas cuentan lo vivido

Por otro  lado, una ciudadana mexicana y otra nicaragüense, que estaban en el centro comercial de Nairobi ocupado ayer por terroristas del grupos radical islámico somalí Al Shabab, dijeron a Efe que el asalto comenzó con explosiones de granada y disparos simultáneos en el exterior y el interior del edificio.
La mexicana Mireya Domínguez, de 38 años, lo vivió en la terraza de una de las cafeterías más concurridas del centro comercial, un día después de su cumpleaños, a las doce y media del mediodía, hora habitual del almuerzo en la capital keniana.
Domínguez escuchó una fuerte explosión y, seguidamente, vio a una multitud de gente correr: "Empezaron a disparar desde fuera y todos huimos hacia el interior para resguardarnos, pero allí también estaban disparando, por lo que nos tiramos al suelo para evitarlos".
La mujer, que trabaja como jefa de la Cancillería de la Embajada de México en Kenia, explica que los camareros les gritaban que permanecieran tumbados en el suelo, donde ya había gente con heridas de bala en el abdomen.
"Cuando pensábamos que se había calmado, empezaron de nuevo a disparar. Se oían tiros lejanos y otros extremadamente cercanos. Cuando volvieron a cesar, salimos de nuevo a la terraza, desde donde conseguimos escapar después de estar otra media hora tumbados", recuerda.
Fue en el suelo de esta terraza donde conoció a otra de las supervivientes, Johanna Klenn, nicaragüense de 50 años, quien llegó a Nairobi hace un mes y medio.
"Escuchamos sonidos de disparos y explosiones que venían desde fuera y desde dentro del centro comercial. Mi reacción fue tirarme al suelo, fui muy afortunada", explicó a Efe.
En la terraza, y después de haber volcado las mesas para utilizarlas como protección, llamó a la Policía Diplomática, pero "no hicieron nada", lamenta.
Finalmente, consiguió salir del centro comercial junto a otras personas "en fila india y agachados".
Johanna no sufrió ninguna herida importante, solo hematomas por golpes, pero Mireya tiene el pie derecho vendado y se ve obligada a andar con muletas.
Tiene algo incrustado en ese zona, aunque los médicos no consiguieron localizarlo tras practicarle una pequeña operación, por lo que tendrá que someterse a un examen más exhaustivo.
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