Diez años después, la ONU sigue sintiendo el impacto del sangriento atentado

AFP | Aug 17, 2013 | 6:56 AM

Poco ha cambiado

El sangriento atentado de hace diez años en Bagdad, el "11-S de la ONU" en el que murieron 22 personas, hizo reforzar las medidas de seguridad que han limitado el contacto con los iraquíes corrientes.
“El 19 de agosto de 2003, un terrorista suicida detonó el camión cargado de explosivos cerca del Ho”
El 19 de agosto de 2003, un terrorista suicida detonó el camión cargado de explosivos cerca del Hotel Canal, que albergaba las oficinas de Naciones Unidas, matando al enviado de la ONU, el brasileño Sergio Vieira de Mello, y a otras 21 personas.
En el escenario del ataque, que fue uno de los primeros atentados de este tipo en Bagdad, casi nada ha cambiado en 10 años.
Una esquina del hotel sigue pareciendo como si la acabara de aplastar un martillo gigante. Los suelos de los pisos medio caídos, las habitaciones llenas de escombros y cubiertas de polvo.
El metal oxidado que reforzaba las vigas cuelga de la estructura como las parras que llevan tiempo marchitas y han muerto, y el casco de un miembro de las fuerzas de paz de Naciones Unidas todavía está cerca del lugar de la explosión.
Marwan Ali escapó al ataque gracias a que fue a otra parte del edificio, del otro lado del vestíbulo, momentos antes de la explosión.
La onda expansiva lo tiró al suelo, pero no resultó herido.
"Nací de nuevo," dice Ali, que ahora es director de asuntos políticos de la ONU en Irak, a la AFP.
Inmediatamente "después de la explosión, regresé a ver dónde estaban mis amigos y le encontré muerto, junto con otro colega", dice Ali, que trató de ayudar a los supervivientes.
"Es el 11-S de la ONU", dice, en referencia a los atentados de Nueva York del 11 de septiembre de 2001. "Ha cambiado todo el esquema de seguridad".
Antes del atentado contra el Hotel Canal y otro ataque contra la ONU en septiembre de 2003, se podía viajar por todo el país en un vehículo normal.
Cambios en las medidas de seguridad
Pero después de los ataques, buena parte del personal de la ONU se fue del país. Muchos han vuelto a Irak, pero la sede de la ONU está situada en la Zona Verde de Bagdad, una zona de máxima seguridad que alberga a muchos edificios del gobierno iraquí así como a embajadas extranjeras, y que no resulta nada fácil de franquear a los iraquíes.
La zona está rodeada de un muro de cemento y defendida por solados armados con rifles de asalto a tanques estadounidenses Abrams, mientras que la sede de la ONU está protegida con más muros y guardas.
El personal que sale de la Zona Verde está escoltado y viaja en vehículos blindados.
Las medidas, en particular para moverse dentro de la Zona Verde, han limitado el contacto de la ONU con los iraquíes.
"Nuestro contacto con los iraquíes se ha reducido", reconoce Ali.
El personal de la ONU mantiene el contacto con políticos iraquíes y otras personalidades, pero "prácticamente hemos perdido el contacto con la población", sostiene.
"El problema de los desplazamientos es fundamental para nosotros", dice Ali, ya que Naciones Unidas necesita "contactos para saber lo que ocurre y mostrar visibilidad".
Es importante que "se vea a Naciones Unidas ayudando -estamos ayudando, pero la gente no nos ve", señala.
Mientras el refuerzo de las medidas de seguridad crea desafíos, la ONU sigue activa en Irak y tiene personal en todo el país.
La misión trabaja en asuntos como las relaciones entre Irak y Kuwait, elecciones y reconciliación nacional, refugiados sirios e iraquíes obligados a huir por la violencia.
Testimonio de superviviente
Salim Lone, el portavoz de la misión de la ONU en 2003, es otro superviviente.
El día del atentado, debería haber estado en una reunión en la oficina de Vieira de Mello, pero tenía que preparar un discurso y se quedó en su oficina al otro lado del vestíbulo.
"Eso me salvó la vida", dice Lone, que resultó herido en el cuello por la explosión. "Con excepción de una persona, todos los que estaban en la reunión murieron".
"Mi oficina quedó totalmente destruida", dijo a la AFP. "Había humo por todas partes... se oían gritos por todos los lados".
Lone no renovó su contrato con la ONU después del atentado y regresó a su país, Kenia, donde está escribiendo un libro.
El atentado "me volvió muy introvertido... y durante años mi memoria fue terrible", aunque se ha ido mejorando, dice Lone.
La ONU ha sido blanco en otros países, pero "el primer atentado realmente importante" fue el del Hotel Canal, dice Ali.
Tanto los supervivientes como todo el sistema de Naciones Unidas todavía sienten los efectos de la explosión.
©AFP
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