Los últimos escribanos de la Plaza de Santo Domingo

Univision.com | Aug 12, 2013 | 7:25 PM

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Un pequeño ejército que, armados con sus máquinas de escribir, aún redactan cartas de amor. Pero la tecnología amenaza con borrarlos de un plumazo.

En vías de extinción

Por Janet Cacelín, desde Ciudad de México.
“El firme golpeteo del teclado se apaga.”
El firme golpeteo del teclado se apaga. El sonido que dominó por décadas el ambiente de los portales en la Plaza de Santo Domingo, ubicada en el corazón de la Ciudad de México, está a punto de extinguirse.
Con su particular encanto colonial, el lugar adquirió fama y tradición porque en los arcos construidos a un costado de la plaza, un competitivo ejército de escribanos, armados con sus viejas máquinas de escribir, redactaba cartas de amor y desamor a los provincianos que apenas sabían leer.
Pero el avance de la tecnología y de la educación amenaza con borrar de un plumazo esta tradición. Actualmente, apenas un puñado de 20 escribanos lucha por mantener vivo ese oficio que resiste al olvido.
Pluma de ave, tintero y pergaminos
Como cada mañana, Miguel Hernández Ordoñez, a sus 62 años, llega a los portales de la plaza y se instala en un modesto escritorio de madera. Es austero, pero ha soportado con hidalguía las inclemencias del tiempo. Allí, apoya su antigua máquina de escribir que lo acompaña hace más de 20 años. Y espera. Espera paciente, a veces por horas y otras veces por días, la llegada de sus primeros clientes.
“La gente es la que nos mantiene en la memoria social, aquí esperamos y entonces viene la mamá con el hijo, el nieto también y ellos hacen referencia a que su papá o su mamá o su abuelito venían también a solicitar nuestros servicios”, cuenta Miguel, secretario de la Unión de Mecanógrafos y Tipógrafos del Distrito Federal.
Miguel lleva trabajando en los portales más de 35 años. Y recuerda que este oficio, en el siglo XIX, se ejercía con una pluma de ave, un pergamino y un tintero. Con el paso de los años, para mantenerse vigentes, los escribanos cambiaron las plumas por máquinas de escribir mecánicas y hasta cedieron a las eléctricas. Pero hasta ahí llegaron. Las laptops e impresoras no tienen cabida en Santo Domingo.
De cartas de amor a formatos burocráticos
A unos metros de Miguel, los dedos Angelina Salas se mueven con rapidez. El firme golpeteo del teclado transforma los pensamientos de esta mujer en palabras escritas a la antigua, como su experiencia en los andares del corazón. Observa al cliente, escucha su historia y plasma en papel los sentimientos aprisionados de los tímidos que acuden a pedir ayuda para redactar una carta de amor.
Antaño, los escribanos tenían como principal encargo redactar cartas a de amor y desamor y servir de intermediarios de conquistas, rupturas y reconciliaciones.
Por esta razón, de acuerdo a la experiencia de Angelina, antes de escribir, es necesario saber qué tipo de personalidad tiene cada uno de los clientes y, a partir de ahí, sugerir ideas y frases para hacer la misiva.
Angelina es capaz de escribir una emotiva carta en menos de cinco minutos, con una ortografía impecable y con la garantía de que el destinatario se derretirá de amor.
La última vez que Angelina escribió una carta de amor fue hace casi un mes, cuando un hombre le pidió que lo ayudara a plasmar en papel sus sentimientos. Era su tercer aniversario de casado y quería escribirle algo bello a su esposa. Angelina sabe lo que eso significa: el romanticismo se apaga junto con ellos. Y los momentos emotivos comienzan a escasear en Santo Domingo. Con la sequía de las cartas de amor, llegó una ola de trabajos para las dependencias gubernamentales
“Afortunadamente aún es variado el trabajo, pero lo que más se necesita son cosas como de la vida actual. Cosas de profesión, de estudiantes, gente que necesita recurrir a las dependencias oficiales llevando informes, llevando cuestionarios”, cuenta Miguel a NoticiasUnivision.com.
Lo mismo opina Álvaro Abundis, un hombre mayor que desde 1976 es un cliente fiel de los escribanos y que llegó a Santo Domingo en busca de ayuda para cartas de recomendación, asuntos de la tesorería, impuestos de vivienda y contratos de arrendamiento.“Siempre han hecho bien su trabajo, son buenos mecanógrafos y además no cobran caro. El precio es razonable”, afirma.

¿Cuánto gana un escribano?

Para los escribanos no hay un precio estándar ni definido sobre su trabajo aunque todos son miembros de la Unión de Tipógrafos y Mecanógrafos Públicos del Distrito Federal, que vela por sus derechos y beneficios.
Cada escribano pone precio a su trabajo, si el cliente lo considera elevado, puede acercarse a otro escritorio y pedir un mejor precio. Si lo convence, se queda. Pero en promedio, el servicio por redactar una hoja tamaño carta, cuesta alrededor de 2.7 dólares. El precio sube o baja según la dificultad y la rapidez con que se efectúe el trabajo.
En un día con suerte, llegan a ganar hasta 23 dólares, pero si el día anda ‘flojo’ pueden volver a casa con los bolsillos vacíos.
“Hay días que sí hay, hay veces que no hay, entonces en un día promedio póngale que sean un mínimo de 100 pesos (7.9 dólares) para no exagerar que se vayan sin nada”, explica Miguel. El salario mínimo general en una zona como la Ciudad de México es de 5.1 dólares diarios, por lo que apenas sobrepasan el límite más bajo de ingresos. Pero eso no los aflige. Están satisfechos con su trabajo y con el servicio que a lo largo de los años vienen prestando.
“Es un trabajo que da satisfacciones, se conoce a todo tipo de público. Es como una terapia, conoce uno gente, se relaciona, y aparte obtiene ingresos”, cuenta Angelina.
El dinero es importante, pero no primordial. “A mí me fascina ser escribano porque son muchas las cosas que uno aprende, pues uno no saldrá millonario pero tendrá una gran satisfacción de servir a los demás”, enfatiza Don Miguel.
Los escribanos son las joyas de Santo Domingo, reliquias del pasado que luchan contra la tecnología, pero sobre todo contra el olvido. Y esperan ganar la batalla para poder perdurar en la memoria de las generaciones de capitalinos como una de las más románticas tradiciones de la Ciudad de México.
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