Mineros chilenos no se rinden tras fallo adverso en demanda judicial

Univision.com | Aug 02, 2013 | 1:19 PM

Aseguran que fallo de la fiscalía lo tenían previsto y que están preparados para librar una guerra que durará años

La decisión del fiscal regional de Atacama (1,633 kilómetros al norte de Santiago) de “no perseverar, porque no había convicción para formular una acusación respecto de los hechos que ya se habían investigado” en la mina San José del yacimiento San Lorenzo, donde 33 mineros quedaron atrapados 70 días en el 2010, “sorprendió” a los trabajadores que sobrevivieron al milagro pero no les quitó el ánimo para “seguir batallando” en los tribunales de justicia.
“Me asombra este tipo de fallos”, dijo a NoticiasUnivision.com el minero Juan Illanes Palma. “La diferencia está” en que el dictamen anunciado por el fiscal Héctor Mella “se trata de una decisión zonal, una primera etapa, y nuestros abogados nos dijeron que el caso penal no está totalmente cerrado. Esto sigue”, agregó.
“Lo más probable es que actuaremos en otra línea”, puntualizó.
La otra línea es una demanda civil contra los dueños y operadores de la mina, escenario de uno de los accidentes más espectaculares en la historia que finalizó con un rescate que mantuvo en vilo al mundo entero.
La demanda
La investigación del accidente se abrió de oficio poco antes del rescate. La tragedia comenzó el 5 de agosto cuando un derrumbe atrapó a los 33 trabajadores a unos 66 metros bajo tierra.
“Está mal que se apresuraran tanto y se hayan demorado tan poco en resolver el juicio”, dijo a UnivisionNoticias.com Richard Villarreal, otro de los mineros y quien a los pocos días del rescate se convirtió en padre de una niña. “A mí no me llamaron a declarar de cuando nosotros estábamos bajo la Tierra”.
“Todo el grupo está bajoneado con la noticia. Y también molesto, porque los 33 no fuimos llamados a declarar en las investigaciones. Por lo menos a mí no me llamaron. Y a muchos otros tampoco. Y no todos los rescatistas fueron interrogados por la fiscalía. La mina estaba mala, no tenía ventilación, las chimeneas no tenían escaleras. No teníamos posibilidad de salir por nuestros propios medios. La mina no era segura”, apuntó.
Lo que sigue
Villarreal explicó que pese al dictamen adverso “ahora viene una demanda civil que está preparando el abogado que tenemos nosotros. Está viendo ese caso y otra demanda contra el Estado. No nos vamos a quedar quietos, vamos a seguir peleando”.
La investigación conducida por Mella tenía en la mira a los dueños de la mina, los empresarios Marcelo Kemeny y Alejandro Bohn. La abogada de ambos, Catherine Lathrop, dijo tras conocer el fallo "estamos súper conformes, sin perjuicio de que creemos que podemos llegar a una solución jurídica de mayor certeza".
Los mineros sostienen que las condiciones en la mina, ubicada en el desierto de Atacama, no reunían las condiciones adecuadas. La misma conclusión está contenida en un reporte elaborado por una comisión del Congreso.
La investigación de oficio buscaba establecer culpables penales entre los dueños y el Servicio Nacional de Minería, entidad del gobierno que vela por las medidas de los trabajadores que laboran en los yacimientos del país.
Tras el accidente de 2010 la mina fue cerrada y desde entonces  no opera. “El que no haya culpable en lo penal no quita responsabilidades”, dijo Illanes. “Hubo 33 personas atrapadas en la mina que se derrumbó y sigue cerrada. Hay empresas que desaparecieron y la mina sigue cerrada. Nosotros pensamos que si tú eres el dueño de la casa, tú eres responsable que todo funcione y que funcione bien. Hay responsables y responsabilidades que debieron ser cumplidas”.
El accidente
La tragedia comenzó a eso de las 14:00 horas del jueves 5 de agosto, poco antes de finalizar el período de almuerzo. Crisólogo Rojas, tío del minero Carlos Barrios, un pirquinero que colaboró con los equipos de rescate, contó a UnivisionNoticias.com que “los niños (los trabajadores) intentaron avanzar por la chimenea. Avanzaron tanto (entre el jueves y el viernes, las primeras 48 horas después del derrumbe), unos 330 metros hacia la superficie, pero después no pudieron seguir avanzando porque no había escalera, no había nada de nada, se tuvieron que devolver".
Agregó que "los niños adentro hicieron lo imposible por salir. Quemaron sacos con aceite y la gente (rescatistas) nunca puso aparatos alrededor del cerro (donde se ubica el yacimiento) para detectar si había señales de vida. Los rescatistas reconocen, don Miguel Fortt reconoce que fue una falla del rescate no haber puesto sensores de esos que captan gases".
"Incluso ellos también hicieron pequeñas detonaciones para ver si las escuchábamos arriba. Tampoco las escuchamos nunca", precisó.
Miguel Fortt, un ingeniero de minas que vive en Copiapó y participó en las tareas de rescate, dijo en octubre de 2010 que "eso fue mi primer error. Porque cuando yo subo, el sábado en la noche y había un desorden y una animosidad del rescate tan grande, que no tuve la calma suficiente para hacer poner sensores dentro de la cavidad de la mina, en la superficie, poner observadores para poder determinar si había olor de géneros quemados, cosa que hicieron, de detonaciones, pequeñas cargas de explosivos, para escucharlas a través de sensores con el simple oído. Ese fue el error que yo cometí para mi diagnóstico preliminar. Porque yo con eso hubiera tenido la certeza absoluta de que estaban vivos abajo", aseguró.
Pura experiencia
La certeza de si estaban vivos o muertos no existió durante los 17 días que siguieron al primer derrumbe. "Dateándonos (intercambiando datos) con los mineros antiguos, supimos que en la mina entraban corrientes de aire por unos chiflones (chimeneas) antiguos, por unos rasgos antiguos que estaban aterrados (semi tapados) con bolones (tapones de barro) grandes”, dijo Rojas. “A la mina entraba aire. Así que nos quedamos tranquilos. Y decíamos: Oxigeno tienen, agua tienen. No es de primera calidad el agua, pero tienen agua".
Compañeros de trabajo de los 33 confirmaron que en el interior de la mina, sobre todo en el refugio y los alrededores, había toneles, tambores metálicos de 200 litros que se usaban como depósitos de agua.
"Eso permitió que empezáramos a ponernos un poco más tranquilos, porque tenían oxígeno y tenían agua", subrayó Rojas. "Usted sabe que un ser puede aguantar un mes, un mes y medio con oxígeno y con agua. Tenían todos los medios abajo para hervir el agua y descontaminarla, un poco, y tenían algo de alimento".
"Pero pensamos nosotros que los iban a sacar a los tres o cuatro días, cinco días. Por ahí pensamos. Y resulta que se fue alargando. No le doy ni quisiera nunca volver a vivir la angustia que ese día, amigo, de no saber si estaban enterrados, de no saber si habían quedado aplastados", añadió el pirquinero.
El Plan B
La noche del 7 de agosto se puso en marcha el Plan B, más de 50 horas después del derrumbe. "Yo le dije, ministro (a Laurence Golborne, ex ministro de Minería de Chile), ponga una máquina más, ponga dos maquinas más, ponga tres maquinas más", precisó Rojas. "Porque él nos había dicho que era muy difícil acertar a los metros cuadrados que había abajo, a la distancia. Y teníamos claro también que con un poquito de grados que enchuecara (torciera) arriba, que se perdiera dirección la barra de sondaje, abajo eran 15, 20, 25 metros del punto donde tenía que llegar la sonda".
Fortt explicó que el Plan B consistió en llevar a cabo sondajes múltiples para “poder alcanzar a los 33 y conectarlos con uno de estos sondajes".
"No había prueba de que estaban vivos", dijo Rojas. "El sondaje era nuestra única esperanza, no había otra manera de llegar abajo. Así que empezamos a hacer reuniones los mineros más antiguos con la gente más antigua. Y empezar a pedir, a pedir y pedir al gobierno. Porque siempre la familia minera supo los pasos mejor que había que había dar que la misma gente del gobierno. Que ellos lo hicieron, que gracias a ellos les fue posible, no hay duda alguna, pero las ideas salieron todas de la familia minera".
Señaló que los mineros de Atacama "lo tenemos en el ADN, amigo. Es como los hijos de los pescadores. Por milenios usted ya lleva la sangre de pescador en el ADN. Si usted se cría, puta, tres, cuatro, cinco generaciones como hijo de tornero, puta a usted se le va a dar como papita (fácil) porque en los genes tiene toda la información que han acumulado los antecesores".
"Y usted lo vio. Los niños (los 33) cuando iban saliendo para arriba, salieron más frescos que los rescatistas, pues".
El rescate
El miércoles 13 de octubre de 2010 izaron al primer minero y 23 horas más tarde fue rescatado el último.
"Todavía se sienten emociones", dijo Rojas. "Hasta los periodistas lloraban. A la gente le corrían las lagrimas, a los reporteros que no tenían nada que ver con el cuento, que venían de otras partes del mundo, pero se involucraron de tal manera que esto fue como una sola causa".
Casi tres años después Illanes sonríe. “Para mí, en lo personal, ha sido un cambio rotundo. Las oportunidades que se abrieron. De hecho estoy trabajando hace dos años, felizmente, con una de las empresas que participó en el rescate. Soy electromecánico de terreno. Ya sabe, hay que seguir operando para curarse y curar a la familia”.
Pero no todos corrieron con la misma suerte de Illanes. “Algunos mejoraron, pero otros no. Todos fuimios a terapia, pero no todos se curaron”, dijo.
Contrato de silencio
Villarreal contó que de los 33 rescatados solo “ocho están trabajando. Los otros están mal, algunos se lanzaron al vicio. Los daños son severos”.
A la pregunta si en verdad hicieron un pacto de silencio para no contar detalles de lo sucedido en aquellos 70 días bajo tierra, Villareal dijo que no era cierto, que muchas de las cosas que se cuentan “son rumores, morbosidad de la gente nomás”.
Agregó que “si existe un contrato con unos abogados que están negociando los derechos para una película y por eso no podemos contar nada. Pero eso de que nos queríamos comer a uno no es verdad. La gente es muy morbosa. Cuentan cosas que pasaron con el boliviano, pero se trata de rumores. Son bromas que salieron de los más viejitos que estaban encerrados”.
Villarreal dijo que todavía sigue en terapia con psicólogos y psiquiatras. “Algunas noches no duermo. Sufrimos mucho y muchos no han dejado de sufrir en estos tres años”, concluyó.
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