"Nadie puede permanecer indiferente a las desigualdades", dijo el papa Francisco en favela

Univision.com | Jul 25, 2013 | 10:00 AM

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Nuestro enviado especial, Pablo Monzalvo, nos dice que el Santo Padre atacó duramente a los ricos y envió un mensaje de esperanza a los pobres.

Un día de contrastes

El papa Francisco visitó este jueves la favela de Varginha, donde dijo que "nadie puede permanecer indiferente ante las desigualdades que existen en el mundo". Además, pidió a los poderes públicos que trabajen por un mundo más justo y solidario y exhortó a los jóvenes a no perder la esperanza.
En una mañana lluviosa y fría y en medio de fuertes medidas de seguridad, con policía con armas de precisión y helicópteros sobrevolando, el Papa visitó el complejo de favelas de Manguinhos, en la zona norte de Río de Janeiro, lugar que hasta finales del pasado año era controlado por bandas de narcotraficantes y ahora es una zona recuperada para la ciudad, reportó la agencia Efe.
"Me gustaría hacer un llamamiento a quienes tienen más recursos, a los poderes públicos y a todos los hombres de buena voluntad comprometidos en la justicia social: que no se cansen de trabajar por un mundo más justo y más solidario. Nadie puede permanecer indiferente ante las desigualdades que aún existen en el mundo", afirmó el papa Bergoglio.
El primer papa latinoamericano, nacido en Argentina, exhortó a todos, "según sus posibilidades y responsabilidades", a contribuir para poner fin a las injusticias sociales.
"No es la cultura del egoísmo, del individualismo, que muchas veces regula nuestra sociedad, la que construye y lleva a un mundo más habitable, sino la cultura de la solidaridad; no ver en el otro un competidor o un número, sino un hermano, subrayó.
El Papa también se dirigió a los jóvenes, de los que resaltó que tienen una "especial sensibilidad ante la injusticia" y que a menudo se sienten defraudados por los casos de corrupción, "por las personas que, en lugar de buscar el bien común, persiguen su propio interés".
"A ustedes y a todos les repito: nunca se desanimen, no pierdan la confianza, no dejen que la esperanza se apague. La realidad puede cambiar, el hombre puede cambiar. Sean los primeros en tratar de hacer el bien, de no habituarse al mal, sino a vencerlo".
Francisco destacó los esfuerzos que la sociedad brasileña está haciendo para integrar a los que más sufren o están necesitadas, pero precisó que "ningún esfuerzo de pacificación será duradero, ni habrá armonía y felicidad para una sociedad que ignora, que margina y abandona en la periferia una parte de sí misma".
El Papa defendió la vida, que dijo es "un don de Dios, un valor que siempre se ha de tutelar y promover; la familia, "fundamento de la convivencia y remedio contra la desintegración social" y la educación integral, "que no se reduce a una simple transmisión de información con el objetivo de producir ganancias".
Un día de contrastes
Al "papa de los pobres", Francisco, lo espera este jueves frío y lluvioso un día de contrastes en Rio de Janeiro: visita la empobrecida favela de Varginha y se encuentra con cientos de miles de jóvenes peregrinos en la emblemática playa de Copacabana.
Por la mañana, el papa argentino bendijo la bandera de los Juegos Olímpicos que Rio organizará en 2016 en una ceremonia en el Palacio de la Ciudad a la que asistieron el exastro del fútbol Zico y el exbasquetbolista Oscar Schmidt, que padece cáncer. Francisco es apasionado por el fútbol e hincha de San Lorenzo.
También recibió las llaves de la ciudad, bendijo a la multitud y les pidió riendo en castellano, "y recen por mí". Luego llegó a la favela de Varginha.
Varginha, una favela gris y plana del Complejo de Manguinhos (zona norte), fue por décadas muy violenta hasta que fue reconquistada por la policía de manos de narcotraficantes hace menos de un año.
El narcotráfico continúa aunque de manera más discreta en esta barriada donde el primer papa latinoamericano de la historia bendecirá el nuevo altar de la iglesia, aún sin terminar, caminará por una calle y visitará a una familia.

La esperanza de muchos

Amara Marinho Oliveira, de 82 años, sostiene en la puerta de su casa una foto de Francisco, con la esperanza de que el papa se detenga en su puerta.
"No dormí, mucha emoción está explotando el corazón de esta vieja", dijo a la AFP la anciana, que hace casi 50 años vive en la favela.
"El simple hecho de cambiar su nombre de Jorge a Francisco, que es el santo de los pobres, es una muestra de su amor por los pobres. Tiene caridad, humildad, amor", aseguró.
El papa Juan Pablo II ya había visitado en 1980 la favela de Vidigal, al borde del Atlántico, donde afirmó entonces que en todo el mundo "la Iglesia desea ser la Iglesia de los pobres" en momentos en que curas brasileños eran acusados de comunistas por defender a los más desposeídos.
El denominado "papa del pueblo", que cuando era arzobispo de Buenos Aires denunció la "exclusión" de "grandes masas de la población" debido al neoliberalismo y a la globalización, visitó el miércoles un centro de rehabilitación de drogadictos en un hospital franciscano al pie de favelas, y el viernes se reunirá con un grupo de presos.
En el hospital San Francisco de Asís, el papa, de 76 años, advirtió contra la "liberalización del consumo de drogas", una idea que suma adeptos en Latinoamérica tras el fracaso de la guerra contra las drogas y sus decenas de miles de muertos. Francisco pidió en vez "afrontar los problemas que están a la base de su uso".
"La plaga del narcotráfico, que favorece la violencia y siembra dolor y muerte, requiere un acto de valor de toda la sociedad", dijo Francisco, al aludir implícitamente a los 70.000 asesinados de los últimos seis años en México, a decenas de miles más en Colombia y Centroamérica, así como a miles en la propia Rio, caídos en las guerras de las drogas.
Francisco busca revitalizar la Iglesia que atraviesa una crisis, sacudida por escándalos de corrupción y de pedofilia, así como por una sangría de fieles frente al ascenso de los evangélicos y del laicismo. Varginha, por ejemplo, tiene una sola iglesia católica y cuatro neopentecostales.
Y en su primer encuentro masivo por la Jornada Mundial de la Juventud (JMJ), que se espera convoque esta tarde a más de un millón de personas en la famosa playa de Copacabana, se espera que transmita un mensaje de renovación.
Ante unos 200.000 fieles reunidos en el mayor santuario católico de Brasil en Aparecida, bajo la lluvia fría que lo persigue desde que llegó a Brasil, el papa alertó el miércoles en su primera gran misa en el país que muchos jóvenes son atraídos por "ídolos que se ponen en el lugar de Dios y parecen dar esperanza: el dinero, el éxito, el poder, el placer".
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