El papa Francisco le pide a la Virgen de Aparecida que proteja su vida

EFE | Jul 24, 2013 | 12:09 PM

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Lo hizo en la Basílica de Nuestra Señora de Aparecida, en las afueras de Sao Paulo. Pablo Monzalvo nos cuenta de la misa y el aumento de seguridad papal.

Una visita inolvidable

APARECIDA, Brasil - El papa Francisco llegó al santuario de Aparecida, segunda etapa de su visita a Brasil, donde se postró a los pies de la patrona del país, en cuyas manos puso su vida y su pontificado, así como la protección de los jóvenes y la Jornada Mundial de la Juventud.
¿Qué es lo que más te ha gustado del  papa Francisco? Opina en nuestros Foros. Francisco tenía previsto viajar en helicóptero desde Río de Janeiro a Aparecida, distantes 245 kilómetros, pero debido a la lluvia y la niebla tuvo que hacerlo en un avión que aterrizó en el aeropuerto de San José dos Campos, a unos 80 kilómetros (casi 50 millas), y desde allí se trasladó en helicóptero hasta el santuario mariano. El obispo de Roma fue recibido por el cardenal arzobispo de Aparecida y presidente de los obispos brasileños, Raymundo Damasceno Assis, con quien se trasladó en el papamóvil cubierto con un cristal transparente para cubrirle de la lluvia hasta el santuario, donde se venera a la Virgen que le da el nombre. En el santuario más visitado de Brasil, con casi 12 millones de fieles anuales, Francisco fue acogido con cánticos, vivas, aplausos por los fieles, que desde la pasada noche desafían la lluvia y el frío para ver al primer papa latinoamericano. Francisco no dudó en detener el papamóvil para estrechar las manos de los fieles y besar a los niños presentes. Una vez en el templo, se dirigió a la "Capilla de los Doce Apóstoles", donde está expuesta la imagen de Nuestra Señora de Aparecida, ante la que se postró y oró durante unos minutos. "En tus manos pongo mi vida", afirmó el Papa, emocionado, en la plegaria que dedicó a la Virgen, en la que también puso bajo su protección a los jóvenes. "¡Cuanta fuerza, cuanta vida, cuanto dinamismo brotando, al servicio de la vida!", añadió. Después oficiará la misa, la primera eucaristía pública desde su llegada a Río de Janeiro el pasado día 22. La Virgen de Aparecida apenas mide 40 centímetros de altura y pesa 4 kilos. Fue hallada el 12 de octubre de 1717 en el río Paraíba por tres pescadores que habían sido enviados al lugar a pescar por el entonces gobernador de Sao Paulo y Minas Gerais, Pedro de Almeida. La imagen es negra. Según los estudiosos debido al fango del río y al humo de las velas, pero según la tradición la Virgen es negra "porque quiere estar al lado de los oprimidos, de los pobres y de los excluidos, especialmente el pueblo negro en la historia de aquellos años de Brasil.
Siempre al lado de sus fieles Unas 200.000 personas se estiman que han acudido a la pequeña localidad, de unos 35.000 habitantes, para acompañar al Papa. Miles de ellos han pasado la noche desafiando el frío reinante. Una ola de frío azota estos días Brasil, especialmente la zona meridional, y según el servicio de meteorología, la temperatura máxima prevista en la pequeña localidad para hoy no superará los 12 grados. La basílica, la más grande de Brasil, tiene capacidad para 30.000 personas, aunque sólo han podido entrar 15.000. El resto seguirá la misa desde la explanada del santuario. Tras la misa, el Papa saludará desde el balcón a los fieles y después se trasladará al seminario Bom Jesús, donde bendecirá una imagen de fray Galvao, el fraile que proclamó santo Benedicto XVI en Sao Paulo en 2007. El papa Bergoglio regresará por la tarde a Río y visitará un hospital de San Francisco de Asís de la Providencia, dedicado a la recuperación de jóvenes drogadictos y alcohólicos. Francisco es el tercer Papa que visita Aparecida. En 1980 lo hizo Juan Pablo II y en 2007 Benedicto XVI, que inauguró la V Asamblea General del Episcopado Latinoamericano y del Caribe (CELAM). A esa asamblea asistió el por entonces arzobispo de Buenos Aires, el hoy papa Francisco, que redactó el Documento de Aparecida, que marcó las líneas a seguir por la Iglesia latinoamericana para encarar el siglo XXI y la nueva evangelización.
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