‘Yo sí me siento americano’, asegura dreamer protegido por la Acción Diferida

Univision.com | Jun 17, 2013 | 7:37 PM

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Margarito, al igual que miles de jóvenes indocumentados, entró al país junto a sus madre a muy corta edad y hoy vive la dureza de no tener documentos

Más de medio millón de soñadores han recibido hasta ahora el beneficio migratorio concedido por Obama

Por: Jorge Cancino
HOMESTEAD, Florida - Deportación congelada y permiso de trabajo. ¿Vida nueva? Sí. Los ingresos mejoraron uno o dos dólares por hora, no mucho, pero desapareció el miedo. “Mi sueño es continuar lo que estoy haciendo hasta que me muera. Lo que he aprendido es que en esta vida alguien siempre necesita ayuda, necesita que alguien hable por ellos porque no pueden”, dice Margarito Cruz Ramírez, de 25 años, un dreamer protegido por el programa Acción Diferida y que se convirtió en activista para ayudar a otros indocumentados.
“Cuando agarre mis papeles (cuando el Congreso apruebe la reforma migratoria y el presidente promulgue la ley), quiero continuar mi escuela y mejorar mi español”, agrega. “Y cambiar otras vidas, como a mí me han ayudado, muchos”.
Cruz entró a Estados Unidos cuando tenía poco más de dos años, con su madre, Carmela, procedente de Oaxaca, México. “Llegué en el 91 o en el 92 (…) Mi mamá vino aquí a buscar una mejor oportunidad”.
No recuerda el primer cruce. “Lo que me acuerdo es lo que me contó mi mamá”, dice. “Llegamos a Arizona, ilegalmente, como se dice”.
El segundo cruce
Poco antes de cumplir cinco regresó a México con un tío. “Quería ver cómo era. No sabía que no tenía papeles. Cuando regresé ahí fue que supe qué significa cruzar la frontera. Esa es la segunda vez que llegué aquí, que me recuerdo”.
Por aquellos años el cruce era más barato, y menos complicado y peligroso de lo que es ahora. “Me acuerdo cruzando el desierto. Y me metí en unos túneles, como dos o tres, y estábamos también caminando bien rápido. Y me acuerdo que el coyote estaba al frente, y también otros indocumentados que estaban cruzando. Y luego yo y mi tía. Eso es lo que me acuerdo”.
Los miedos también quedaron registrados en la memoria. “Miraba yo para atrás para ver si mi tía todavía estaba ahí. Eso es lo que me recuerdo. Me preocupaba de si llegaba o no”.
Tras varios días de caminata “por fin llegamos. Cruzamos la frontera, cruzamos la finca, y lo bueno que ahí había gente con las manos abiertas para recibirnos. Tenían agua y poquita comida. Bueno y eso fue un tiempo bien memorable, porque crucé la frontera y regresé a mi casa. Estaba gente diciéndonos ‘bienvenidos’”.
Recuerdos eternos
Aquel viaje a México marcó a Margarito para siempre. “Me quedé ahí como un año no más. Mi tío Mateo quería que aprendiera todo de mi cultura, pero me dijo que regresara aquí con mi mamá. No importaba si no tenía papeles, pero aquí era donde él y mi mamá querían estar”.
“Cuando regresé a México fui p’a Oaxaca. Cuando fui me acordé que teníamos otro lenguaje. Yo lo sabía, pero no sabía que era mi lenguaje. Cuando regresé ahí, mi abuelita, mi abuelito y mis tíos me comenzaron a hablar en mixteco. Esa era nuestra lengua. Y comencé a recordarme. Y dentro de un año ya me adapté a mi cultura. Y bueno, ya era muy bonito”, cuenta, orgulloso de sus raíces que trajo consigo a Estados Unidos.
El pueblo de los mixtecos o la cultura mixteca habita en el sur de México, en las regiones de Oaxaca, Puebla y Guerrero. Provienen de los náhuatl y los mixtécatl, habitantes del “país de las nubes”. La edad de oro se registró en el Siglo X; en el Siglo XV se apagó con la llegada de los españoles.
De acuerdo con su mitología, los mixtecos eran descendientes de los hijos del árbol de Apoala. Uno de estos hijos venció al Sol y ganó la Tierra para el pueblo mixteco, se lee en el diccionario digital Wikipedia.
Los originarios dreamers
“Soy el hermano medio”, cuenta Cruz. “Tengo uno mayor y uno pequeño; uno residente y otro nacido aquí. Disculpe mi español y mi inglés”.
La mayoría de los campesinos indocumentados que viven en Homestead son pobres. “Como todos los 11 millones de indocumentados en este país, mi mamá vino a buscar una mejor vida, una mejor oportunidad para sus hijos. Para ellos también. Ellos son los originarios dreamers, los soñadores originales. Pero infortunadamente por las leyes no pudieron pasar para que les pudieran arreglar los papeles, sus situaciones”, señala.
Si antes de los atentados terroristas del 11 de septiembre de 2001 era difícil para los indocumentados vivir en Estados Unidos, después se volvió casi insoportable. Los obligó a hundirse en la ciudad de las sombras, el mundo en el que habitan 11 millones de sin papeles, la mayoría de ellos de origen latinoamericano.
“Creciendo aquí y con otra cultura era bien difícil”, dice Cruz. “Cuando entré en la escuela, la primera vez, todo era bien difícil para mí, porque había gente que hablaba inglés, puro inglés. Y yo en la casa hablamos mixteco y poquito español. Y poquito inglés también por lo que veíamos en la tele”.
Añade que “la experiencia no quiere decir que era mal, pero si, para muchos problemas, porque para muchos, podemos decir, los otros niños se sienten incómodos, comienzan, no quiero decir a discriminar, pero se sienten incómodos. No entienden ellos por qué yo no hablo inglés, por qué me parezco así, por qué me visto así”.
“Pero después de ahí, de la escuela primaria, me adapté bien rápido. Aprendí el inglés, el español también, y con los dos ya tenía, ya supe cómo adaptarme”, explica.
Sin papeles
Los años en la escuela primaria y en el nivel medio pasaron sin contratiempos. Los problemas comenzaron en la secundaria (High School). “Cuando me enteré que no podía agarrar una licencia” (de manejar). Eso fue una dificultad. Me enteré que no podía agarrar un trabajo, simplemente, como un trabajo americano, por ejemplo en un restaurante, en un McDonalds, un Burger King o algo simple, porque no tenía mi Social Security (Seguro Social). Eso impedía que pudiera hacer mucho en este país”.
Sin trabajo y sin ingresos era imposible romper el odioso círculo de la pobreza. “No importaba si hablaba inglés, si tenía el diploma de secundaria o qué tanto pueda hablar, comunicarme; eso no importaba. Si no tenías un papelito con el Social Security Number (número de Seguro Social), algo que decía que tú permaneces legalmente en este país, uno no puede hacer mucho”.
“Yo si me siento americano. En mi cabeza, cuando pienso y cuando hablo, es puro inglés, puro inglés. Yo he tratado una vez de pensar en español, en mixteco, pero eso no trabaja. Y eso significa que soy americano, porque soy más de la cultura de aquí que de mi país. Pues sí, me siento más americano”.
La reforma migratoria
Hablar o pensar en inglés no es suficiente para millones de indocumentados en Estados Unidos. Según la ley de inmigración vigente incurren en una falta de carácter civil (no criminal) y sus derechos se ven dramáticamente disminuidos.
De aprobarse la reforma migratoria que debate el Senado, la mayoría de los 11 millones de sin papeles podrán legalizar sus permanencias y convertirse, en un plazo de unos 15 años, en ciudadanos estadounidenses.
De acuerdo con el anteproyecto S. 744, calificarían todos aquellos que demuestren estar en Estados Unidos desde antes del 31 de diciembre de 2011, carecen de antecedentes penales, entreguen sus huellas digitales al Departamento de Seguridad Nacional (DHS), paguen impuestos y cancelen una multa.
Quienes califiquen y reciban la autorización, entrarán en un estado de inmigrante provisional por espacio de 10 años. Cumplido el plazo podrán tramitar la residencia permanente y, tres años más tarde, la ciudadanía. Los dreamers y los trabajadores agrícolas podrán naturalizarse en menos tiempo, señala el proyecto del Senado.
Convertido en activista
En 2012 Cruz se convirtió en activista por los derechos de los dreamers (soñadores). “Fue hace un año, cuando me enteré de un grupo de niños que marcharon de Florida hasta Washington D.C. para exigir al presidente (Barack Obama) que pare de deportar a estudiantes como yo que sólo queríamos ir a la escuela y contribuir al país”.
“Ahí fue cuando me entere de la palabra hope”, señala.
Asegura que “desde niño siempre quería ayudar a la gente. Le conté la historia a una buena amiga, a una abogada, y me dijo que ‘te vamos a conseguir un trabajo’. Y en un par de semanas me dijo: ‘eh, que crees, vas a ser parte de nosotros’.
Cruz fue incorporado al staff de VIDA, una organización de asistencia a víctimas de abuso doméstico del Legal Assistance, Inc, Voices for Immigrants and Advocacy Hopmestead.
“Quiero cambiar vidas, quiero ayudar a ellos (víctimas de abuso y dreamers) y quiero darles esperanzas a los que creen que a veces nadie va a venir a ayudarte, a quienes creen que todos los problemas son para ti. Eso no es verdad. La mayoría son jóvenes como yo”.
La salud de Cruz es delicada. Cuando salió de la secundaria ingresó a una bodega donde cargó durante años cajas y maquinaria pesada. Se lastimó una vértebra y necesita una delicada operación para corregir el problema. “Pero no tengo seguro médico”, cuenta. “Por no tener papeles, estatus, no agarro beneficios. Cuando voy al doctor pago una cantidad, pero no me atienden correctamente. Tengo una mala espalda. Cuando veo a un doctor me recomienda a otro doctor y ese a otro doctor. Me preguntan si tengo seguro y les digo que no. Me recomiendan a otro doctor, pero no me ven mi espalda”.
De aprobarse la reforma migratoria y tener papeles definitivos para residir en Estados Unidos, Cruz dice que continuará dentro del activismo comunitario. “Hasta que me muera (…) Alguien siempre necesita ayuda, necesita que alguien hable por ellos, porque no pueden”.
La Acción Diferida
El 15 de junio de 2012 la jefa de la seguridad de Estados Unidos, Janet Napolitano, anunció que ciertas personas que llegaron a Estados Unidos siendo niños y cumplen ciertos requisitos específicos, pueden solicitar ser considerados a la Acción Diferida por un período de dos años, sujeto a renovación, y elegibles para una autorización de empleo.
Agregó que el beneficio no concede un estatus legal permanente y que, al término del plazo, los beneficiarios deberán gestionar una renovación del permiso que frena temporalmente las órdenes de deportación.
A la fecha más de medio millón de jóvenes indocumentados menores de 31 años de edad y que ingresaron siendo niños al país se han beneficiado del amparo. La Oficina de Ciudadanía y Servicios de Inmigración (ISCIS) confirmó que entre el 15 de agosto de 2012 y finales de mayo 520,157 dreamers obtuvieron el amparo de un total de 539,128 peticiones enviadas. De ellas, 18,971 fueron rechazadas.
Quiénes si, quiénes no
El reglamento, explicado por la USCIS en su página digital deja fuera a los jóvenes que tengan antecedentes criminales. La restricción abarca delitos menores, entre ellos violencia doméstica, asalto sexual, conducir bajo los efectos del alcohol, posesión de armas sin permiso de las autoridades competentes o distribución y/o venta de armas.
Delitos por posesión de drogas también impide calificar para el alivio administrativo.
El DHS explicó que los cinco requisitos mínimos para calificar al beneficio conocido como Proceso de Acción Diferida para Jóvenes, son los siguientes:
   1. Entró a Estados Unidos siendo menor de 16 años de edad.   2. Ha residido ininterrumpidamente en Estados Unidos durante al menos cinco años antes del 15 de junio de 2012 y está presente en Estados Unidos al 15 de junio de 2012.   3. Asiste a la escuela, se ha graduado de la enseñanza secundaria, ha obtenido un certificado de desarrollo de educación general, o es un veterano que ha sido dado de alta con honores de los Guardacostas o las Fuerzas Armadas de los Estados Unidos.   4. No ha sido condenado por un delito mayor, un delito menor significativo, múltiples delitos menores ni representa una amenaza para la seguridad nacional o la seguridad pública.   5. No es mayor de 30 años de edad.
La Asociación Americana de Abogados de Inmigración (AILA) advierte a los dreamers que reciben el beneficio administrativo que no salgan del país “porque se activa” de inmediato la denominada Ley del Castigo.
La Ley del Castigo fue aprobada por el Congreso en 1996 y señala que aquellos indocumentados que permanecen más de 180 días sin papeles de estadía legal en Estados Unidos deberán cumplir una sanción de tres años fuera del país, y aquellos que permanecen más de un año deberán permanecer fuera 10 años antes de poder regresar previo trámite de un perdón consular.
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