El sueño de la reforma migratoria, un permiso de viaje para abrazar a sus padres

Univision.com | Jun 16, 2013 | 8:42 PM
Carmela Ramírez sueña... Carmela Ramírez sueña...
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Carmela añora la felicidad del que es libre, y no se siente así en EEUU mientras no haya una reforma migratoria.

Antes que la residencia o la ciudadanía, la legalización le permitirá a millones de indocumentados abrazar a sus seres queridos

Por: Jorge Cancino
HOMESTEAD, Florida – Lo primero que hará Carmela Ramírez si el Congreso aprueba la versión del Senado de la reforma migratoria (anteproyecto de ley S. 744), será pedir un permiso de viaje para ir a visitar a sus padres en Oaxaca, México. “Ya no voy a preocuparme por mis hijos, vamos a estar tranquilos. Voy a estar feliz. Es algo como que te está apretando, que no tiene salida”, dice sin poder contener las lágrimas.
Ramírez entró a Estados Unidos en 1988 cuando tenía 20 años de edad, con su hijo Margarito en brazos. “Un poquito batallamos. Antes era más fácil cruzar. Pasamos por Nogales”.
Su esposo había entrado antes buscando el amparo de la Amnistía de 1986, cuando el entonces presidente Ronald Reagan le cambió la vida a unos 2.5 millones de indocumentados con el apoyo del Congreso.
“Las madres no debemos dejar a los hijos solos. Yo vine detrás de él”, agregó. Su esposo había cruzado con el mayor, Ricardo, de cuatro años. “Yo no vine con él porque mi otro hijo estaba enfermo. Él me dijo ‘quédate con él y yo voy por los papeles. Después regreso acá contigo’. Entonces él se vino, pero no regresó. Nos abandonó”.
Cuando Ramírez llegó al lugar donde creía encontrar a su esposo se topó con la suegra. Él trabajaba en otro estado y tenía otra mujer y otros hijos. Recuperó al mayor, pero en la distancia se quedaron sus padres, Fidencia y Faustino, junto al resto de la comunidad mixqueña.
Pronto consiguió trabajo y comenzó a tejer una historia como la de cualquier otro inmigrante en Estados Unidos. Ya no había vuelta atrás. El miedo a regresar a la pobreza le armó de valor para no rendirse.
Trámite falso
Seis años después Ramírez se enteró de una oportunidad para arreglar la estadía. “En el 94 me dijeron: ‘Oye, están dando papeles allá en Miami’”.
Contactó una oficina de abogado “y me dieron permiso. ‘Con ese permiso puedes trabajar y sacar seguro social’, me dijeron. Cada seis meses me daban cita para presentarme a inmigración. Pero nunca me preguntaron por qué razón entré. Yo le expliqué todo al abogado”.
Él que no explicó todo lo que estaba ocurriendo fue el abogado. Ramírez cuenta que cada año le mandaban una nota de la Notaría para decirle que tenía una cita. “Hasta que llegó el año 2001 y me dijeron que hasta aquí llegaba el caso, que estaba cerrado. Pero nunca me explicaron que el permiso que me dieron era de asilo político”.
Los mexicanos en ese tiempo –incluso ahora- no califican para asilo político en Estados Unidos, excepto contados casos. “A los dos años fui donde el abogado, pero ya no estaba (…) La secretaria solo nos pedía un money order (…) Fui tantas veces que me cansé. Otro abogado me dijo: ‘Tú no puedes hacer nada porque tenías asilo político”.
Los peticionarios de asilo, cuando sus casos son negados por el servicio de inmigración, enfrentan un proceso de deportación. En muchos casos gestionados erróneamente o de manera fraudulenta, como el de Carmela Ramírez, el peticionario no se entera sino hasta tiempo después, cuando trata de ajustar su estado de permanencia o acude a una cita en busca de un beneficio migratorio.
“En 2008 un abogado me dijo que no hiciera nada porque los mexicanos no tienen guerra, no tienen problemas. Solamente tú puedes hablar con tu esposo, que él es residente, y él los puede pedir a ustedes”.
Después del 11 de septiembre de 2001 los extranjeros que piden asilo y no pueden demostrar su identidad o el gobierno federal dudas de la solicitud, son enviados a un centro de detención del US Immigration and Customs Enforcement (ICE) hasta que sus casos son resueltos. Si la respuesta es favorable, reciben la protección y son puestos en libertad; si la respuesta es negativa, son deportados.
Cumplido un año después de recibir el asilo califican para pedir la residencia permenente (green card o tarjeta verde).
Infidelidad y orgullo
Un día, el hijo mayor de Ramírez cayó enfermo. Cuando llegaron al hospital le pidieron una tarjeta de seguro médico y dijo que no tenía. Cuando le preguntaron si estaba casada respondió que sí, pero en México, y le respondieron que eso no importaba, que tenía validez en Estados Unidos. Y cuando le preguntaron si el padre del hijo enfermo, Ricargo, tenía residencia, ella dijo que sí. Entonces le indicaron que el progenitor podía legalizarlo y que debía hacerse cargo de la manutención de los pequeños porque eran menores de edad.
“A veces pienso que soy demasiado buena”, responde Ramírez. “En la corte que estaban siguiendo el caso de mi hijo, por la manutención del padre, me dijo: ‘Aquí tenemos los papeles’. Ellos dijeron: ‘señora usted no tiene que preguntarle nada, es él quien tiene que mandar el dinero’”.
Cuando le explicaron que le enviarían una carta al padre para que se haga responsable “por las buenas”, Carmela pidió un tiempo para hablar con su hijo mayor y explicarle el procedimiento. “Que voy a hacer, pensé. Yo no tengo corazón para hacer eso. Dame chance y voy a hablar con mi hijo”.
“Mi hijo me dijo que no lo haga. (Mi padre) Me va a rechazar o echar en la cara que ‘por mi dinero vives, que por mis papeles estas aquí’. Dame chance que yo te voy a ayudar”.
Ramírez retiró la demanda de manutención. “No me arrepiento, porque mi hijo se sentó como cabeza (…) El tiene ahora su residencia, pero mi hijo no calificó por su papá, calificó por el solo”.
Vivir con miedo
Desde que se enteró que no podía hacer nada por regularizar su permanencia en Estados Unidos y que la habían engañado con un indebido trámite de asilo político, Ramírez vive con miedo “porque uno va a la tienda y piensa qué me va a pasar. Tal vez me voy y no regreso”.
“Cuando dicen que la migra está en tal lugar, uno anda con miedo, escondiéndose. Cuando te agarran ellos no dicen si tienes un hijo chiquito, si tienes un hijo enfermo. Ellos no dicen eso. Es un miedo que uno tiene en Estados Unidos. La gente hasta se mata (suicida) por miedo. Es muy triste”.
Ramírez asegura que el miedo es real en Homestead. “Aquí vives como un animalito, escondiéndote y luego tienes que levantarte temprano para hacer tu lonche (lunch). Tienes que levantarte a las 4 o a las 5 de la mañana para hacer lonche. Y si no tienes carro, ¿cómo vas a ir a trabajar?. Y si llegas tarde te perdonan una vez, dos veces, pero nada más. Y tampoco vas a escoger el trabajo que quieres; adonde te mandan tienes que hacerlo”.
Ricardo es residente permanente y Margarito se encuentra amparado por la Acción Diferida que, desde el 15 de agosto del año pasado, ampara a los Dreamers, jóvenes indocumentados que entraron a Estados Unidos siendo niños. La medida frena las órdenes de deportación y otorga un permiso de trabajo temporal. A pesar que son adultos, Ramirez los sigue tratando como si fueran niños.
“Para una madre nunca crecen”, dice, con una sonrisa.
La reforma migratoria
De la reforma migratoria que debate el Senado y que incluye una vía de legalización para millones de inmigrantes sin papeles, Ramírez suspira. “Ojalá que lleguen a aprobar esa ley. Y lo único que quiero es ver a mi mama ahora que está viva, platicar con ella. Porque cuando se llegan a morir, pues de que sirve. Sólo hablo con ella por teléfono”.
A la pregunta ¿cuál ha sido, en todos estos años, la mayor dificultad como indocumentado?, cuenta que el mayor tropiezo es no tener una licencia de manejar.
“A veces uno va al trabajo y le dicen: ¿tienes licencia? ¿Tienes papeles? A mí se me hizo muy difícil conseguir un trabajo. Traté de buscar a ver dónde para sacer a mis hijos adelante, porque no puede una estar con las manos vacías. Las rentas, los biles (facturas) no esperan. Si no pagan la renta los sacan pa fuera. Si no pagas los biles te cortan la luz. Es muy difícil no tener papeles”.
Con el paso de los años el sueño americano de Ramírez fue cambiando. Ya ni siquiera se parece al que tenía en Oaxaca cuando su hijo Margarito tenía dos años de edad y vivía junto a sus abuelos. La ilusión en 2013 es simple: “Sacar a mis hijos e ir a ver a mi mamá. Ya no voy a preocuparme, vamos a estar tranquilos. Voy a estar feliz. Eso es como que algo que te está apretando. No tiene salida”.
Los padres de Ramírez, Fidencia y Faustino, bordean los 80 años. “Yo no puedo ver la foto de mi papá porque me pongo a llorar”, dice con nostalgia.
Se espera que el Congreso apruebe la reforma migratoria al final del verano. Dos senadores que redactaron la iniciativa, Robert 'Bob' Menéndez (demócrata de Nueva Jersey) y Marco Rubio (republicano de Florida) han dicho que no tienen por ahora los 60 votos necesarios en el pleno del pleno del Senado, pero confían tenerlos antes del 4 de julio para aprobar el proyecto.
En la Cámara de Representantes, controlada por los republicanos, por ahora el panorama es incierto.
“Sería muy feliz si se da a toda la gente”, dice Ramírez. “No tenemos nada aquí y ellos (las familias que se quedaron en México) tampoco pueden venir a vernos”.
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