José Delgado Soto: yo merezco 'un camino directo a la ciudadanía'

Univision.com | Jun 27, 2013 | 7:27 AM

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Don José es parte de los rostros que esperan una reforma migratoria para salir de las sombras.

Para muchos campesinos el sueño americano se convirtió en una pesadilla que destruyó familias y tumbó esperanzas

Por: Jorge Cancino
La reforma migratoria que se debate en el Senado de Estados Unidos –y se tambalea en la Cámara de Representantes- no solo sacaría de las sombras a millones de indocumentados que llevan años en el país sino que les ayudaría a recuperar una parte de las esperanzas perdidas en el mundo de las sombras, la ciudad fantasma donde viven los sin papeles.
La primera vez que José Delgado Soto entró a Estados Unidos fue en 1986, cuando el Congreso -en tiempos de la Administración republicana de Ronald Reagan- aprobó una amnistía que benefició a por lo memos 2.5 millones de extranjeros sin papeles de estadía legal, la mayoría trabajadores del campo de origen mexicano.
"La travesía duró 15 días", recuerda. "Yo sentía que ya no iba poder llegar a mi destino. Un samaritano, un americano me encontró y me levantó, y me subió a su carro. Me trajo hasta San Antonio, Texas, y ahí me puso en manos de un mexicano. Y el mismo mexicano me consiguió transporte para mi destino, que era Dallas, donde venía yo con un primo".
Delgado no tuvo cupo en la Amnistía de 1986. Llegó tarde. Intentó por todos los medios posibles calificar para la green card, pero no reunió los requisitos. Mientras unos hacían fila en la cola del entonces Immigration Naturalization Services (Servicio de Inmigración y Naturalización -INS-), Delgado comenzaba su deambular como indocumentado en el país de las oportunidades.
"En el 86 yo trabajé la compañía Las Colinas, sin instrucciones ni nada. Yo siempre he sido bruto para trabajar", dice, con un dejo de orgullo que recuerda la fortaleza física de aquellos años. "Se vino la lluvia y bastante aire. Pusieron una escalera que estaba floja. Le dije (a la jefa): 'esta escalera no sirve para esa altura, me voy a caer'. Era una mexicana, por cierto, mal hablada. Por obedecer la acomodé y prendí la trimiadora, y al llegar arriba como que hizo aire y la escalera se empezó a ir y perdí el equilibrio".
Durante la caída agitó los brazos y trató de agarrarse de donde pudo para no estrellarse en el suelo. "Yo vi que me iba a ir para atrás. Metí mano a una rama para no caerme, pero agarré la cuchilla y la aceleré, y me molestó estos tres dedos", dice mostrando las viejas heridas de la segunda batalla librada en territorio estadounidense. La primera fue cuando cruzó el desierto.
Curando heridas
Lo llevaron de urgencia al hospital. Uno de los dedos sufrió la amputación en la segunda falange y los otros dos en la primera. "Me quedé mal", recuerda. También dijo que no hablaba mucho con los médicos y las enfermeras porque no conocía el idioma. "Yo no dije nada".
Durante el tiempo que estuvo ingresado en el hospital sólo el primo lo fue a visitar un par de veces. Cuando el dolor de las heridas menguó, comenzó la preocupación por los ingresos para pagar el cuarto donde vivía y enviarle dinero a la esposa y dos hijos pequeños que dependían de él en México. "Pasó la primer semana y no me mandaron cheque, paso otra y no me mandaron cheque. La suerte que tuve que la enfermera que me atendió era mexicana, muy buena gente. Ella siempre me vio y vio los documentos, y sabia que no tenia papeles".
Cuando estaban a punto de darle el alta médica, la enfermera ingresó al cuarto y le dijo: "Oye, yo sé que no tienes papeles", cuenta Delgado. "'¿Ya agarraste abogado?' Y me dijo: 'Te voy a dar un consejo, que quede entre yo y tú. Te quieren mandar p’a México cuando te den de alta. Busca un abogado. Dile a tu primo que busque un abogado".
Delgado se fue del hospital sin decirle nada a nadie. Habló con su primo, le comunicó el consejo de la enfermera y buscaron un abogado que lo representara para demandar a la empresa donde trabajaba. "Semanas después me llegó a la casa todo lo que me debían. Y vino la señora a maltratarme. Pero hablaba feo. Me maltrató ahí. Fue lo único que me dieron cuando estaba ya bien".
Las heridas cicatrizaron. "Estaba desesperado por no poder trabajar. La aseguranza ofreció $11 mil. Pero el abogado dijo que no, que la demanda estaba por $250 mil. Pero yo firmé por esa cantidad".
El dinero lo sacó de la pobreza. Pagó las deudas acumuladas durante el tiempo que permaneció en el hospital. En 1988 regresó a México para recuperar fuerzas y volver a soñar con el sueño americano detenido momentáneamente en Dallas.
De vuelta al norte
Llegó el tiempo de la segunda despedida. "Cuando me fui otra vez de México les pedí su bendición cuando me vine para acá. 'Pues ya creo que no te vamos a volver a ver', así me dijo mi madre. 'Como no', le dije. 'A lo mejor sí regreso, pronto'. Y ya desde entonces no he regresado”.
Con el dinero restante y un nuevo trabajo en Estados Unidos Delgado mandó a traer a su familia, la esposa, María Isabel, y los hijos. "Aquí me nació la niña. Ella ahora tiene 21 años".
Cuenta que todavía por aquel tiempo el cruce era relativamente fácil. "No había tanto en la frontera, no había barda (muro, valla). Ellos cruzaron por la puerta. A mí no me traficaron, yo me trafiqué solo".
Con un dejo de nostalgia y rabia a la vez dice que ahora algunos coyotes "se han vuelto asesinos. Ahora ya no hay confianza".
Los Delgado se establecieron en Homestead, al sur de Miami, Florida, en 1989. Al poco tiempo el hogar se vio bendecido por el nacimiento de una niña.
Los hijos crecieron, fueron a la escuela, se graduaron y formaron sus propios hogares. Regularizaron las permanencias en Estados Unidos a través de sus parejas y abandonaron el mundo de las sombras.
Maria Isabel fue deportada a México y José se quedó esperando una oportunidad para arreglar los papeles y ahuyentar el fantasma del arresto y la expulsión a México por no tener papeles de estadía legal.
Otro escenario
Después de los ataques terroristas del 11 de septiembre de 2001 en Nueva York, Washington D.C. y Pensilvania, "ya no pude ir (a México), porque se puso difícil la pasada de allá para acá. Yo sentía que ya no iba a volver a revivir (abrazar a sus seres queridos). Y luego México se puso muy feo. Yo temo regresar por lo que está pasando ahora (la violencia generada por la guerra al narcotráfico comenzada en diciembre de 2006 por el entonces recién posesionado Felipe Calderón, y que en seis años dejó un legado de entre 60 mil y 80 mil muertos, y unos 27 mil desaparecidos según Human Rights Watch). Murió mi mamá, no pude ir; murió mi papá, no pude ir tampoco. Es una tristeza grande no haber visto por última vez a mis padres".
Delgado se despierta todos los días a las 5 AM. "A las 6 salgo de la casa a mi trabajo. Entro a las 7 y salgo a las 5 (PM). A las 12 mi hora de lonche. Hago de todo lo que me mandan a hacer ahí. Limpio plátano, chaponear, cortar para empacar, corto caña, se siembra. El indocumentado no tiene las mismas prestaciones, no tiene los mismos servicios y yo no entiendo el por qué si está trabajando, pagando sus impuestos. A uno le pagan menos, y al que tiene su residencia ganan mas aunque hagan lo mismo que uno hace y eso no lo entiendo”.
“¿Por qué no lo igualan? ¿Por qué no tiene licencia, no tiene Seguro Social? Esa es la diferencia (...) Cuando lo despiden y se mete al desempleo, no tiene ayuda. Al que es residente si le dan todas las ayudas. Si pasa un desastre, no le ayudan, y esa es la diferencia".
En el 2004 Delgado sufrió otro accidente. Se lastimó la espalda y un brazo. "Donde vivía me sacaron cuando me vieron mal. Busqué ayuda y llegué a We Count", explica. Se apareció durante una reunión. Les contó su historia y todos guardaron silencio, con la mirada puesta en el piso.
Cuando se iba, Jonathan Fried, director ejecutivo de We Count, le preguntó si tenía un lugar donde vivir. "Le dije que no y que tampoco tenía para pagar. '¿Traes carro?' No, le dije. 'Pues entonces sígueme'. Desde entonces estoy yo aquí. Él me dio alojo en su casa. A él lo quiero yo como una familia más que a un hermano. Le doy gracias a Dios. Dios me puso en las manos de Jonathan. Él se preocupa mucho por mí. Cuando no aparece, le llamo; cuando no aparezco, me llama. Otra gente no lo hace".
La reforma migratoria
Fried le cambió la vida a Delgado y We Count le mostró el camino del activismo. Es una de las muchas organizaciones que luchan a favor de la reforma migratoria amplia y le pide al gobierno del presidente Barack Obama que frene las deportaciones por lo menos hasta que el legislativo apruebe la legalización de los 11 millones de inmigrantes indocumentados que hay en el país y que viven en el mundo de las sombras.
"He sido un luchador", dice Delgado. El activismo lo lleva a cabo después de las horas de trabajo y los fines de semana. "Lucho por la reforma. He entrado a los tres edificios del gobierno. Yo creo que ningún ciudadano ha ido a meterse adentro como yo entré. Hablé diciendo que yo iba representando a mi ciudad de Homestead, a mi comunidad, y desde entonces he estado representando".
Para Delgado el tiempo invertido en defender y pedir derechos para los indocumentados, y que paren las deportaciones (durante la primera Administración de Obama se rompieron cuatro récords sucesivos de expulsados y la cifra sobrepasó los 1.5 millones), "vale la pena y mucho. Así como yo estoy en la sombra habemos millones. Yo no merezco un permiso, sino una residencia y un camino directo a la ciudadanía. Por eso yo he dicho que si hay una reforma migratoria, que sea integral, que sea justa. Que los congresistas no estén viendo destruir al país, a destruir familias, porque lo que están haciendo es inventando leyes que no nos dan ningún beneficio (…) Esa es la realidad. Lo vemos nosotros que estamos abajo. ¿Por qué no se ponen unos lentes y nos miran ellos? En cuántas marchas se les ha pedido que hagan la reforma. ¿Qué están discutiendo tanto? Si arreglan todos a esos 11 millones de indocumentados, ¿que no es un beneficio a la economía de este país?"
Delgado sabe que la aprobación en el Congreso no es tarea fácil. Y que los requisitos para alcanzar la legalización, hasta ahora definidos por el Grupo de los Ocho del Senado, son complejos y pudieran ser cambiados en la Cámara de Representantes para entorpecer la vía hacia la residencia y luego la ciudadanía.
De acuerdo con la versión aprobada por el Comité Judicial del Senado a finales de mayo, la ruta hacia la legalización inicia simultáneamente con el trabajo del gobierno de certificar que detiene el 90% del tráfico ilegal en las zonas de alto riesgo de la frontera sur y 100% en el resto. "Antes cruzábamos el río y ya. Ahora no, tienen que caminar millas", dice Delgado. Y agrega: "El tráfico de indocumentados, de drogas, de armas, eso nunca lo van a parar. Pero el gobierno tiene la clave, el gobierno sabe realmente quiénes son. Para qué se valen del inmigrante. ¿Y dónde meten esa droga que dicen?"
Los plazos
Para los sin papeles el tiempo pasa lento. Y los recuerdos se quedan pegados en el pensamiento de todos los días. "Vine a este país con un sueño americano, por eso traje a mi familia. Pero ese sueño americano se convirtió en un gran caos. Una tristeza grande que yo ya, a mi edad que tengo, que voy a llegar a los 75 y tantos para retirarme, ¿qué voy a hacer? Así como yo habemos muchos que estamos necesitando la reforma migratoria. Si la aprueban, mi sueño es luchar, seguir luchando siempre por querer todavía ser alguien, cumplir mi sueño, los documentos. Y lo que tenga en la mira todavía a mi edad, que teniendo mis documentos, que el dinero que tenga el gobierno me lo ponga en el Seguro Social y seguir trabajando para seguir dándole a este país. Tengo más que agradecerle a este país que a mi país".
Si el Congreso aprueba la reforma migratoria al final del verano, los indocumentados deberán esperar por lo menos un año en que activen el reglamento para comenzar a registrar sus identidades con el Departamento de Seguridad Nacional (DHS).
Del tiempo en procesar 11 millones de solicitudes, el Senador Marco Rubio dijo que no será cuestión de un día o un mes, que habrá esperas, y fuentes del Senado vinculadas con el proyecto indicaron que también dependerá de la capacidad de respuesta administrativa por parte del Departamento de Seguridad Nacional (DHS).
Una vez fichados y corroboradas sus identidades, los sin papeles podrán pedir el amparo como inmigrantes temporales, trámite que también tomará tiempo. Diez años más tarde podrán pedir la residencia, y tres años más de espera para gestionar la ciudadanía.
Para ese tiempo Delgado tendrá casi 90 años de edad. Mientras sigue esperando, se detiene para darle unos consejos a los más jóvenes que aguardan en la misma cola: "Tengan mucho cuidado de no andar tomando en la calle a los que manejan”, dice y cuenta que, cuando recién vino a Estados Unidos, le dieron un DUI. “Que no busquen pleitos, que no pueden amenazar a nadie, sea del amaño que sea. Y nunca, si los llegan a detener, no firmar un documento. Eso les dije a muchos 'No firmes si no tienes un mal récord. Y no des tu identificación de dónde eres’. El deber de un oficial de policía es pedir la identificación. Es su trabajo. Tenemos derecho a tener una identificación que diga de donde vivimos. Pero nos quitaron ese derecho. Que se pongan a pensar los congresistas de dónde vinieron, de dónde vinieron sus familias".
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