Francisco quiere diálogo con los judíos desde el primer día de su pontificado

Univision.com | Mar 17, 2013 | 8:45 AM

El papa prosigue camino iniciado por sus antecesores Juan Pablo II y Benedicto XVI

Por: Marcelo Raimon
Fue una de las primeras cosas que hizo: pocas horas después de ser elegido Papa, Francisco envió un mensaje al gran rabino de Roma, Riccardo Di Segni, para invitarlo a la inauguración de su pontificado, el martes próximo, y asegurarle que, ahora como nuevo jefe de la Iglesia, trabajará en favor del “progreso” de “las relaciones entre judíos y católicos”.
Seguramente no será ese un trabajo difícil para Francisco si se tiene en cuenta que, durante sus años de arzobispo de Buenos Aires, el cardenal Jorge Bergoglio fue un entusiasta impulsor del diálogo de los católicos argentinos con sus compatriotas de religión hebrea y también musulmanes.
Los lazos con los judíos, los “hermanos mayores” en la fe monoteísta, como gustaba llamarlos el papa Juan Pablo II, puede parecer un tema menor en la agitada agenda del Vaticano, pero ciertamente es uno que guarda enorme valor simbólico y teológico, y muchas veces sintetiza o refleja las tendencias de las políticas internacionales de la Iglesia.
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Clima de tensiones
A Francisco le tocará remendar un poco las lesiones provocadas por su predecesor, Benedicto XVI, quien restauró en el 2007 la misa en latín, incluyendo oraciones que habían sido modificadas por el Concilio Vaticano II y que rogaban a Dios levantar el “enceguecimiento” de los hebreos, algo que se interpreta como un llamado a la conversión de los judíos.
Con ese gesto, Benedicto XVI levantó una oleada de críticas de parte de organizaciones judías de todo el mundo, molestas por la reaparición de las controvertidas oraciones de la misa en latín. Al final, el Papa ordenó eliminar las alusiones al “velo” que según la antigua liturgia impide a los hebreos reconocer a Jesús, pero en la misa quedaron, de todas maneras, pedidos a Dios para que “ilumine” a los hermanos mayores y así el pueblo de “Israel se salve”.
Figura compleja como pocas otras en el Vaticano, el papa Ratzinger compensó luego con creces estas tensiones litúrgicas cuando, en el 2009, visitó Israel. Durante ese peregrinaje, Benedicto XVI pasó por el Museo del Holocausto, adonde colocó una ofrenda de flores para recordar a los millones de judíos masacrados por el nazismo, y hasta oró en el Muro de los Lamentos, el sitio más sagrado de la religión hebrea.
Para completar la reconciliación –un sendero interesante teniendo en cuenta las historias sobre el pasado de Ratzinger como miembro, posiblemente obligado, de las Juventudes Hitlerianas-, Benedicto XVI publicó en el 2011 un libro que “exoneró” a los judíos de ser colectivamente culpables de la muerte de Jesús.
Invitación de Bergoglio
Su sucesor en el trono de Pedro parece estar haciendo todo lo posible para ahondar el terreno de entendimiento que, al fin y al cabo, prepararon Juan Pablo II y Benedicto XVI. Para empezar, el mensaje de Francisco al gran rabino de Roma y los antecedentes dialoguistas de Bergoglio en Buenos Aires motivaron en estos días una larga serie de reacciones muy positivas desde el mundo judío. El nuevo papa “será un amigo” del pueblo hebreo, dijo, por ejemplo, un editorial de la Agencia Judía de Noticias, mientras que la organización B’nai B’rith recordó que Bergoglio encabezó en noviembre del año pasado en Buenos Aires una ceremonia recordatoria de las víctimas de la Noche de los Cristales, el pogrom nazi que, en 1938, marcó el inicio de la feroz persecución de los judíos por parte del hitlerismo alemán.
Entrevistado por medios italianos después de recibir la invitación del Papa, el rabino Di Segni se declaró “complacido” y dijo “ver que la línea trazada por Benedicto XVI está continuando”. Desde Israel, el Jerusalén Post afirmó que la designación de Bergoglio como nuevo papa “parece ser buena, tanto para los judíos como para los católicos”.
“A diferencia de Juan Pablo II –señaló en un editorial el diario israelí en idioma inglés-, quien tenía recuerdos positivos de los judíos de los años de su niñez en su Polonia natal pero, a causa del Holocausto, no tuvo comunidad judía con la cual interactuar de adulto en su país, el papa Francisco mantuvo una relación sostenida y muy positiva con una comunidad viva y activa en Buenos Aires”.
Amistad sin condiciones
Uno de los más llamativos frutos de esa relación de Bergoglio con los argentinos judíos es el libro de conversaciones que preparó con el rabino Abraham Skorka, titulado “Sobre el cielo y la tierra”. La obra surgió de numerosas horas de charla entre ambos religiosos, quienes forjaron una amistad que comenzó en Buenos Aires en los años ’90. Algunos párrafos del libro son reveladores.
“A Skorka lo considero hermano y amigo”, escribió Bergoglio en su introducción al libro, y el diálogo entre ambos, añadió el cardenal, plasmó una “experiencia de diálogo” que resultó “testimonio de caminar juntos desde nuestras identidades religiosas distintas”. Con el rabino, continuó el arzobispo de Buenos Aires, “no tuve que negociar nunca mi identidad católica, así como él no lo hizo con su identidad judía, y esto no sólo por el respeto que nos tenemos sino porque así también concebimos el diálogo interreligioso”.
Según el ahora papa Francisco, “el desafío consiste en caminar con respeto y afecto, caminar en la presencia de Dios y procurando ser irreprochables”.
Gestos de gratitud
La cercanía de Bergoglio a sus compatriotas judíos no estuvo hecha solamente de palabras sino también de importantes gestos. El arzobispo fue, por ejemplo, una de las primeras personalidades argentinas que firmó un documento preparado en el 2005 para reclamar al gobierno, a la justicia y al Congreso avances verdaderos en la causa por el atentado contra la AMIA, la mutual hebrea de Buenos Aires, que en julio de 1994 dejó 85 muertos y una montaña de dudas.
“La única condición para hacer circular el documento era que no lo firmara ningún funcionario público”, recordó Luis Czyzewski, padre de una de las víctimas del atentado e impulsor de aquella misiva. Czyzewski relató a Univision.com: “empezamos a llamar por teléfono a cierto tipo de personalidades, como periodistas, deportistas, gente que no estuviera relacionada con el poder público”.
Así, la carta terminó siendo firmada por 85 personalidades, una por cada víctima. Entre ellos figuraron desde el basquetbolista Manu Ginóbili a la actriz Mirtha Legrand, pasando por la periodista Magdalena Ruiz Guiñazú y el premio Nobel de la Paz Adolfo Pérez Esquivel. “Pero también queríamos que lo firmaran dignatarios religiosos, tanto judíos como católicos y musulmanes”, señaló Czyzewski, cuya hija Paola murió en el ataque terrorista. “Así fue que se nos ocurrió llamarlo a Bergoglio”.
Sin intermediarios
El activista judío se emocionó al recordar el paso a paso de la comunicación con el entonces arzobispo Bergoglio. El grupo que trabajaba en el documento le encargó la tarea de contactarse con el cardenal al rabino Angel Kreiman, cuya esposa también murió en el ataque. “Angel llamó a la Curia –narró Czyzewski-, lo atendió un secretario, se identificó y dijo que quería hablar con el cardenal”.
“A los tres segundos lo atendió Bergoglio –continuó-, quien le pidió que le leyera el documento, que no era muy largo, apenas diez renglones”. La respuesta del prelado llegó enseguida: “estoy de acuerdo. ¿Cuándo pueden venir para que lo firme?”, le dijo Bergoglio a Kreiman. Al final, Bergoglio fue la primera firma en el documento, su nombre aparece al frente de las 85 personalidades civiles argentinas que reclamaron públicamente por el esclarecimiento del atentado que provocó la muerte de otras tantas personas en la AMIA.
“Pero hay más”, advirtió Czyzewski. El documento fue llevado hasta la sede del arzobispado porteño por dos familiares de las víctimas. “Bergoglio los hizo pasar, lo firmó, y cuando estaban por retirarse el rabino Kreiman intentó agradecerle”, contó. Pero el cardenal lo interrumpió antes de que pudiera pronunciar una palabra. “No quiero que me diga nada, yo le quiero decir algo: gracias por haberme tenido en cuenta”, lo atajó Bergoglio a Kreiman, según el relato de Czyzewski.
Cuando Kreiman volvió a reunirse con el resto de los familiares de las víctimas que prepararon el documento “y nos contó lo que había pasado, nos emocionamos todos, no se trata de un gesto menor”, afirmó.
El equipaje del Papa
Bergoglio se llevó toda esta carga positiva en sus maletas cuando se trasladó a Roma. Pero en el Vaticano pasará ahora a la Primera División del mundo religioso, adonde los asuntos adquieren magnitudes mucho mayores.
En ese sentido, el director de Asuntos Internacionales del Centro Wiesenthal, Shimon Samuels, dijo a Univision.com que Bergoglio “puede ser un papa muy importante para este periodo de la historia”, pero que en el frente de las relaciones internacionales, al igual que en otros temas de relevancia global, el nuevo sumo pontífice “necesitará quien lo guíe”.
“Tuve varias reuniones con Juan Pablo II y también con Benedicto XVI”, señaló Samuels, según el cual tanto Wojtyla como Ratzinger pudieron mostrar “una sensibilidad muy importante hacia los judíos a través de sus propias experiencias con el Holocausto, por su trasfondo” histórico europeo.
Una de las prioridades
Bergoglio, en cambio, “no comparte esa experiencia” y no se puede saber si la relación de la Iglesia con los judíos a la luz del Concilio Vaticano II, pero también bajo la sombra de la polémica gestión de Pio XII durante la Segunda Guerra Mundial, forma parte de “su lista de prioridades como Papa”.
Además, sugirió Samuels, el nuevo papa deberá ponerse al día de la relación del Vaticano y los católicos del mundo con Israel, “el ente político de los judíos”. Se trata, reconoció, de una “relación complicada”, marcada por asuntos tan diversos como el conflicto árabe-israelí o el control sobre los lugares sagrados en Tierra Santa, pero que fue “alentada muchísimo” desde los tiempos de la visita de Juan Pablo II a Jerusalén.
“Hasta ahora -continuó el dirigente del Centro Wiesenthal-, los temas latinoamericanos fueron el foco del arzobispo Bergoglio”. La transformación de su agenda y prioridades, se permitió recomendar Samuels, podría beneficiarse ampliamente, en especial en la cuestión de las relaciones con los judíos, de la cercanía de tres posibles “guías”.
Consejero enfermo
En lo que se refiere a Israel, Francisco podrá contar con el consejo del anciano cardenal Jorge María Mejía, un experto en las relaciones con el estado judío. Mejía, de 90 años, sufrió la semana pasada un infarto de miocardio y fue internado en un hospital romano. Precisamente, allí recibió la visita de Bergoglio, ya elegido nuevo papa.
Y, en cuanto a las cuestiones relacionadas con el Holocausto, Samuels destacó que, a pesar de haber renunciado al papado, Ratzinger seguirá siendo “la eminencia gris” a la que Bergoglio podrá acudir para obtener consejo.
Tanto Mejía –cuando se recupere de su infarto- como Ratzinger, al igual que el cardenal Walter Kasper, presidente de la comisión pontificia para las relaciones religiosas con los judíos, “pueden ayudar a Bergoglio, quien no tuvo en el radar en Buenos Aires todos estos temas”, señaló Samuels.
“Estoy muy feliz de tener un papa argentino”, dijo Samuels, cuya esposa es, casualmente, compatriota de Bergoglio. Más allá de la relación con los judíos, completó, “su elección puede resultar en un impulso muy positivo para el Vaticano, un avance hacia la comprensión de la justicia y sobre todo de la pobreza”.
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