Cardenales se alistan para segundo día de cónclave y elegir al nuevo papa

Univision.com | Mar 12, 2013 | 7:43 PM

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La curia prefiere que la reunión no se prolongue demasiado pero el proceso tiene que seguir normas estrictas y se realiza sin claro favorito.

América Latina figura entre los favoritos para suceder al Papa Benedicto XVI

En el primer día del cónclave 2013 que elegirá al sucesor del Papa Benedicto XVI la “fumata” de la Capilla Sixtina arrojó humo negro. Los 115 cardenales electores no se pusieron de acuerdo y ninguno de ellos obtuvo los 77 votos necesarios (dos tercios más uno) para asumir la Sede Vacante del trono del apóstol San Pedro.
El mundo aguadaba expectante con la mirada puesta en la pequeña chimenea que asoma en el tejado de la Capilla Sixtina. Las cámaras de televisión apuntaban a ella cuando a eso de las 18:40 horas del martes salió un humo espeso de color oscuro. Miles de congregados en la Plaza San Pedro también esperaban la señal.
Infografía: Elija al nuevo Papa.
Tras la “fumata”, los cardenales finalizaron los ritos del primer día del cónclave y se recluyeron en la residencia Santa Marta, construida durante el reinado del Papa Juan Pablo II (1978-2005) que sirve de alojamiento para los príncipes de la Iglesia Católica.
Si uno de los cardenales o uno de los elegidos consigue los 77 votos, habrá un nuevo Sumo Pontífice de la Iglesia Católica y de la chimenea instalada en la Capilla Sixtina saldrá humo de color blanco. Poco después el cardenal Protodiácono, el francés Jean-Louis Taurán será el que anuncie al mundo desde el balcón de las bendiciones al nuevo Papa.
Las opciones latinas
El hondureño Óscar Andrés Rodríguez Maradiaga, los brasileños Claudio Hummes y Joao Braz de Aviz, el mexicano Norberto Rivera Carrera, el argentino Mario Bergoglio, el estadounidense Timothy Dolan o Marc Ouellet, de Canadá, son los principales candidatos del Continente americano que aparecen en las apuestas para acceder al trono de San Pedro.
Un total de 117 cardenales menores de 80 años estaban llamado a elegir al sucesor de Benedicto XVI, pero dos de ellos no asistieron, uno por motivos de salud y otro acusado de "comportamiento inapropiado" hacia otros sacerdotes.
Diecinueve cardenales latinoamericanos están facultados, por tener menos de 80 años, para elegir al Vicario de Cristo. De ellos cinco son brasileños, tres mexicanos, dos argentinos, uno chileno, uno peruano, uno boliviano, uno cubano, uno dominicano, uno hondureño, uno venezolano, uno ecuatoriano y uno colombiano.
Qué esperan
El arzobispo de Guadalajara, José Francisco Robles Ortega (1949), a quien le fue concedida la dignidad cardenalicia el 24 de noviembre de 2007 de manos de Benedicto XVI, cree que el próximo papa, independientemente de su nacionalidad, debería dirigir una Iglesia católica más “abierta y dialogante con el mundo, pero inflexible ante los temas polémicos como el aborto o el matrimonio entre homosexuales”.
En Latinoamérica, la opción de que sea elegido el vicario de Cristo de este continente se contempla por la simple razón de que concentra en él el mayor número de católicos. Solo en México se aglutinan en torno a 100 millones de fieles a esta doctrina.
En este sentido, el arzobispo de la segunda diócesis más grande de México con cerca de seis millones de fieles, Robles Ortega, no descarta que alguno de los tres cardenales mexicanos sea candidato a ocupar el lugar de Benedicto XVI.
Los otros dos arzobispos mexicanos que participarán en el cónclave son Norberto Rivera, primado de la Ciudad de México, y Juan Sandoval Iñiguez, arzobispo emérito de Guadalajara desde febrero de 2012.
Más opciones
En las apuestas también entran el cardenal franciscano Claudio Hummes, de 70 años y arzobispo de Sao Paulo desde 1975. Este religioso es doctor en Filosofía.
El cardenal de Tegucigalpa (Honduras), Oscar Rodríguez Maradiaga, está presente en las apuestas como el más joven. Tiene 62 años. Se trata de un hombre cultivado que habla ocho idiomas. Nombrado obispo en 1978, ha sido Secretario General y Presidente del Consejo Episcopal Latinoamericano.
Norberto Rivera Carrera, nacido en 1942 y arzobispo Primado de México desde 1995, es conocido por su gran compromiso social y por ser un defensor de los inmigrantes. También se muestra muy cómodo con los medios de comunicación e, incluso, llegó a impulsar la agencia SIAME y el informativo Desde la Fe.
Rivera recibió el capelo de manos de Juan Pablo II en febrero de 1998 y revivió algunas tradiciones hasta entonces obsoletas, como la procesión del Corpus Christi, la Noche Santa y las procesiones de Navidad y el rezo del Santo Rosario.
La lista sigue
Otros de los papables que más suenan en los corrillos religiosos son el canadiense Marc Oullet, dirigente de la Congregación de Obispos.
También el arzobispo de Nueva York, Timothy Dolan y el argentino Leonardo Sandri de 69 años y prefecto de la Congregación para las iglesias orientales.
Se agregan a la lista el también argentino Jorge Bergoglio (77), sobre quien planea un pasado sombrío como colaborador activo de la represión durante el régimen militar en ese país, y Odilo Pedro Scherer (Brasil (63), considerado una de las apuestas más firmes. Sherer es el cardenal y arzobispo de Sao Paulo.
También figura el cardenal Joao Braz de Aviz, (65), prefecto de la Congregación para los Institutos de Vida Consagrada y las Sociedades de Vida Apostólica, que está próximo a la Teología de la liberación.
Leyes vaticanas establecen que el cónclave debía comenzar después del día 15 de la Sede Vacante (muerte o renuncia del Papa) y menos de 20 días de estar vacía la silla de San Pedro. Benedicto XVI renunció el 28 de febrero, pero antes de su dimisión emitió un mutuo propio indicando que si estaban todos los cardenales de acuerdo, el cónclave podía comenzar antes.
O'Malley gana popularidad
El arzobispo de Boston, que suele vestir con más frecuencia la humilde sotana café de los capuchinos que su elegante atuendo de cardenal, ha surgido como una sorpresiva estrella en el importante momento que se vive en Roma.
Analistas de renombrados diarios italianos han señalado al cardenal Sean O'Malley como uno de los favoritos para ser elegidos papa por el cónclave que comenzó el martes.
Hace tan sólo dos semanas, O'Malley ni siquiera aparecía en las listas de "papables" que los observadores de la Iglesia escudriñan cada mañana como si se tratara de tablas de resultados deportivos, aun cuando sólo los cardenales electores saben en qué sentido votarán. Observadores del Vaticano consideran improbable que un cardenal estadounidense sea nombrado papa, dado que se corre el riesgo de que mezcle los intereses eclesiásticos con los de la superpotencia occidental.
O'Malley es también un monje franciscano capuchino, y pocos miembros de órdenes religiosas han dirigido la Iglesia católica. Pero llegó a un país que se encuentra en un ánimo contestatario.
Entre escándalos
La administración central del Vaticano, llamada Curia, ha estado sorteando una serie de escándalos.
El mayordomo de Benedicto XVI, Paolo Gabriele, filtró a la prensa documentos privados del pontífice en los que se revelaban disputas internas, corrupción y amiguismo en las más altas esferas de la burocracia.
El hermético Banco del Vaticano destituyó recientemente a su presidente por incompetencia y enfrenta fuertes presiones para que implemente una mayor transparencia financiera.
En el cardenal estadounidense los italianos vieron a un caballero que viene al rescate. O'Malley, de 68 años, ha pasado su carrera como obispo limpiando las diócesis sacudidas por escándalos de abuso sexual infantil.
En su larga trayectoria, una historia parece haber capturado la mayor parte de la atención: tras su llegada a Boston, en 2003, en pleno cisma por el escándalo de abusos, O'Malley decidió vender la mansión de estilo renacentista italiano que había alojado a los cuatro arzobispos anteriores de Boston. Los millones de dólares obtenidos con la venta ayudarían a pagar las indemnizaciones a las víctimas.
El cura capuchino
El cardenal, barbado y de voz suave, incluso se ganó un apodo: el sacerdote capuchino, un juego de palabras que hace referencia al nombre de su orden y al famoso café.
"Que pongan al sacerdote capuchino, no a los italianos", dijo Giuliana Piaella, de 57 años, mesera de un restaurante romano. "Tiene una apariencia pulcra, la edad perfecta y un rostro serio. Su rostro es calmado y lleno de confianza en sí mismo. Usa sandalias, lo que muestra su humildad. Los católicos ya no lo hacen. Necesitamos a alguien cercano a la gente".
A O'Malley sólo le tomó seis semanas desde que fue asignado a Boston llegar a acuerdos en cientos de demandas por abuso sexual que habían mantenido a la arquidiócesis en crisis. Su predecesor, el cardenal Bernard Law, había renunciado como arzobispo en diciembre de 2002, luego que un juez de Massachusetts abrió los archivos de un sacerdote abusivo a quien funcionarios eclesiásticos mantuvieron en la parroquia sin advertir a los padres ni a la policía. Las revelaciones provocaron una crisis que se extendió a todas las diócesis de Estados Unidos y otros lares.
El día después de hacerse cargo en Boston, renovó al equipo legal que representaba a la arquidiócesis y contrató a un abogado que lo había ayudado a resolver demandas por abusos cuando dirigió la diócesis de Fall River, Massachusetts, hace una década.
Acuerdos millonarios
O'Malley se involucró personalmente en las negociaciones en Boston, y pasó horas con los abogados de las víctimas hasta pactar un acuerdo de 85 millones de dólares para 552 denunciantes. Los abogados de las víctimas le dieron crédito por mostrar la compasión que otros funcionarios de la Iglesia no mostraron.
En la diócesis de Fall River, una ciudad pesquera del sur de Nueva Inglaterra, O'Malley había heredado el daño de uno de los pedófilos más conspicuos de la crisis por abusos sexuales en Estados Unidos. El ex sacerdote James Porter fue acusado de violar niños en cinco estados en las décadas de 1960 y 1970. En 1993 se declaró culpable de 41 cargos de abuso sexual.
Era una época en la que la Conferencia del Episcopado de Estados Unidos apenas comenzaba a afrontar el alcance nacional de los abusos. O'Malley recibió crédito por instituir una política que casi ninguna diócesis tenía en esos momentos. Las acusaciones de abuso sexual serían referidas a un trabajador social ajeno a la Iglesia. Un equipo de profesionales legales y en salud mental revisaría el manejo de cada caso y se requirió que los trabajadores eclesiásticos avisaran a las autoridades civiles de cualquier acusación de abuso a niños.
En 2002, el papa Juan Pablo II envió a O'Malley a Palm Beach, Florida, donde los dos obispos previos renunciaron luego de admitir que habían abusado sexualmente de jóvenes. Luego lo mandó a Boston.
Pero O'Malley también tiene detractores, tanto en Boston como en otras partes.
Los cierres de templos que anunció en la arquidiócesis provocaron airadas protestas de parroquianos y continuas manifestaciones. Algunos fieles contrataron abogados especialistas en derecho canónico y llevaron sus quejas al Vaticano. Y en 2002, un fiscal de Massachusetts, Paul Walsh del condado de Bristol, divulgó los nombres de una veintena de sacerdotes de Fall River acusados de abuso sexual infantil en las décadas de 1960 y 1970 que nunca fueron encausados penalmente.
Walsh dijo que lo hizo a raíz de su frustración de tratar con funcionarios eclesiásticos recalcitrantes. O'Malley indicó en un comunicado que emitió en ese entonces que cuando él llegó a Fall River se enfocó en el caso Porter y que no tenía indicios de que los fiscales estuvieran interesados en investigar viejas acusaciones.
Habla ocho idiomas
Marco Politi, un biógrafo papal, dijo que O'Malley se beneficia de la afección que sienten los italianos por los franciscanos y del deseo de que haya un papa proveniente de otro país, quien presumiblemente no se inmiscuiría en la política de Italia. Por lo menos una semblanza de O'Malley publicada en la prensa italiana señaló que en 2010 criticó al cardenal Angelo Sodano, quien restó importancia a las denuncias de las víctimas de la Iglesia tachándolas de "chismes banales" justo cuando la crisis se extendía por Europa.
"O'Malley viene como un hombre humilde en sotana que sabe comunicarse", dijo Politi. "Lo admiran por vender el oneroso palacio arzobispal para pagar deudas, y porque vive en una casa sencilla".
O'Malley, oriundo de Lakewood, Ohio, estudió en un seminario franciscano, luego se unió a la orden religiosa y fue ordenado a los 26 años. Se graduó de la Universidad Católica de Estados Unidos, obtuvo una maestría en educación religiosa y un doctorado en literatura hispana y portuguesa.
El cardenal estadounidense habla ocho idiomas, incluidos italiano, portugués y creolé haitiano, de acuerdo con su portavoz Terrence Donilon. Le ha pedido a sus parroquianos que se refieran informalmente a él como "cardenal Sean".
A pesar de toda la atención que recibe, Donilon dijo el martes que el cardenal "espera volver a casa".
La semana pasada, cuando habló en el North American College, el destacado seminario para sacerdotes estadounidenses en Roma, O'Malley minimizó sus posibilidades mientras apuntaba a su atuendo café.
"He vestido este uniforme por más de 40 años y presumo que lo vestiré hasta que me muera", dijo. "Porque no espero ser elegido papa, así que no espero tener que cambiar de guardarropa".
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