Benedicto XVI pasa su último Miércoles de Ceniza como Papa

Notimex | Feb 13, 2013 | 1:25 PM

El inicio de la Cuaresma

CIUDAD DEL VATICANO -  Benedicto XVI celebró su última misa por el Miércoles de Ceniza como Papa, luego que el lunes pasado anunció de manera sorpresiva su renuncia al pontificado.
Poco después de las 17:00 horas local (15:00 GMT) el líder católico llegó hasta el atrio de la Basílica de San Pedro, con vestiduras de color morado como lo establece la prescripción litúrgica según el periodo que inicia con este rito: la Cuaresma.
Desde lo más alto de un trono el líder católico vio desfilar ante él una larga procesión integrada por sacerdotes, monjes benedictinos, padres dominicos, obispos y cardenales. El grupo se movió lentamente por la nave central del templo.
Al final el Papa Joseph Ratzinger subió a una plataforma móvil que lo trasladó hasta el altar mayor de la Basílica, donde introdujo la celebración con la señal de la cruz.
Por primera vez en este pontificado la misa de las cenizas no se realizó en la Basílica de Santa Sabina del Monte Aventino en Roma, donde por tradición tiene lugar este rito desde hace siglos.
En esta ocasión se trasladó a la Basílica San Pedro por una cuestión de espacio ya que, siendo la última misa pública del actual Papa, cientos de fieles abarrotaron el templo.
Pide que lo recuerden con una oración
Benedicto XVI pidió que le recuerden con una oración, incluso cuando deje de ser Papa, durante la homilía de la misa por el Miércoles de Ceniza que pronunció ante más de cinco mil personas en la Basílica de San Pedro.
Ante cardenales, obispos, sacerdotes y fieles en general, el líder católico invocó la ayuda del apóstol San Pedro para que conduzca a la Iglesia en este momento, haciendo referencia implícita al cambio de pontífice en forma inédita.
"Esta noche somos numerosos en torno a la tumba del apóstol Pedro también para pedir su intercesión por el camino de la Iglesia en este particular momento, renovando nuestra fe en el pastor supremo, Cristo Señor", dijo.
"Para mí es una ocasión propicia para agradecer a todos, especialmente a los fieles de la diócesis de Roma, mientras me apresto a concluir el ministerio petrino y para pedir un particular recuerdo en la oración", agregó.
Más adelante Joseph Ratzinger reflexionó sobre un pasaje bíblico en el cual se pide volver a Dios "con todo el corazón, con ayunos, con llantos y lamentos".
Recordó que este día inició la Cuaresma, los cuarenta días antes de la celebración de la Pascua y cuyo camino penitencial cada fiel debe ser consciente que no lo afronta por sí solo, sino junto a tantos hermanos de la Iglesia.
Por eso llamó a vivir ese tiempo con una más intensa y evidente comunión eclesial, superando individualismos y rivalidades, demostrando así un signo "humilde y precioso" para aquellos que están lejanos de la fe o son indiferentes.
"En nuestros días muchos están listos para "rasgarse las vestiduras" ante los escándalos y las injusticias naturalmente cometidos por otros-, pero pocos parecen disponibles a actuar sobre el propio corazón, sobre la propia conciencia y sobre las propias intenciones, dejando que el señor transforme, renueva y convierta", constató.
Instó a reflexionar sobre la importancia del testimonio de fe y de vida cristiana de cada uno de los católicos, así como de sus comunidades, para manifestar el rostro de la Iglesia pese a las divisiones del cuerpo eclesial.
Según el Papa retornar a Dios con todo el corazón pasa también "a través de la cruz", es un camino en el cual aprender, cada día, a salir cada vez más del propio egoísmo y de la propia cerrazón, para hacer espacio a Dios que abre y transforma el alma.
"El verdadero discípulo no se sirve a sí mismo o al público, sino a su señor, en la simpleza y en la generosidad. Nuestro testimonio entonces será cada vez más incisivo cuanto menos busquemos nuestra gloria y seremos conscientes que la recompensa del justo es Dios mismo", apuntó.
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