El ABC del Colegio Cardenalicio

Univision.com | Feb 12, 2013 | 1:56 PM

Cómo está integrada la instancia que elegirá al sucesor de Benedicto XVI, quien renunció con fecha 28 de febrero

El sucesor de Benedicto XVI lo eligen los cardenales de la Iglesia Católica, quienes integran el llamado Colegio Cardenalicio. Y la votación se lleva a cabo durante un cónclave que se celebra a puertas cerradas en la Capilla Sixtina. Todo cuanto sucede dentro de los muros del lugar es secreto y quien lo rompa es castigado con la más severa sanción del Vaticano: la excomunión de por vida.
El colegio de cardenales se divide en tres órdenes:
   - El episcopal, al que pertenecen los Cardenales a quienes el Papa como título una Iglesia suburbicaria;   - Los Patriarcas orientales adscritos al Colegio cardenalicio el presbiteral; y   - El diaconal.
A cada Cardenal del orden presbiteral y diaconal el Papa le asigna un título o diaconía de la Urbe. Y los Patriarcas orientales que forman parte del Colegio Cardenalicio tienen como título su sede patriarcal.
El Cardenal Decano (que es nombrado por el Papa) ostenta como título la diócesis de Ostia, a la vez que la otra Iglesia de la que ya era titular.
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Quién nombra un Cardenal
El Papa. Y los elige entre aquellos que hayan recibido al menos el presbiterado y que destaquen notablemente por su doctrina, costumbres, piedad y prudencia en la gestión de asuntos, señala un documento del Vaticano publicado en su página de internet.
Agrega que no sólo Obispos pueden ser nombrados cardenal. “Los que aún no son Obispos deben recibir la consagración episcopal”, indica.
Precisa además que los Cardenales son creados por decreto del Papa, decisión que se hace pública en presencia del Colegio Cardenalicio. Y que a partir de que son anunciados tienen los deberes y derechos determinados por la ley romana.
El Papa también puede anunciando a un cardenal in pectore -no revela su nombre, lo mantiene en secreto-. El elegido no puede ejercer y tener los derechos de un cardenal hasta que el Papa haga público el nombramiento.
La cabeza del Colegio
El Decano preside el Colegio Cardenalicio. Si no puede o está impedido, asume el subdecano –el segundo cardenal más antiguo. Pero sólo dirige el colegio. No el Decano ni el Subdecano tienen potestad alguna de régimen sobre los demás Cardenales. Todos son iguales.
En caso de quedar vacante el oficio de decano, los cardenales eligen uno y presentan el nombre al Papa, quien lo aprueba. Bajo el gobierno del decano se elige el subdecano con el mismo procedimiento.
Ambos, decano y subdecano, viven dentro de los muros del Vaticano o Santa Sede.
Los Cardenales ayudan al Papa en el gobierno de la Iglesia. Se reúnen por mandato del Pontífice y bajo su presidencia.
En caso de asuntos graves, el Papa convoca a los Cardenales de la Urbe (del mundo) a un Consistorios Extraordinario. Todos tienen la obligación de asistir.
Edad máxima
Al cumplir los 75 años de edad, los cardenales deben presentar al Papa la renuncia de su oficio, el cual proveerá, teniendo en cuenta todas las circunstancias.
Solo el Papa puede nombrar un Obispo. Pero si el elegido no reúne los requisitos, el decano del Colegio Cardenalicio puede indicarle al pontífice que el nombrado carece de ese derecho.
Cuando los cardenales eligen un Papa, le corresponde al Cardenal Protodiácono anunciar al pueblo el nombre del nuevo Sumo Pontífice elegido. Tras el cónclave de abril de 2005, cuando fue elegido el cardenal Joseph Ratzinger, quien adoptó el nombre de Benedicto XVI, le correspondió al cardenal chileno Jorge Medina Estevez desempeñar el cargo de Cardenal Protodiácono y anunciarlo al mundo desde uno de los balcones del Vaticano.
Si un cardenal recibe un encargo del Papa para un asunto específico, sólo representa al Sumo Pontífice en ese encargo como si fuera «él mismo».
Al quedar vacante la sede apostólica, por muerte del Papa o enuncia, como ocurre con la dimisión de Benedicto XVI a partir del 28 de febrero, el Colegio Cardenalicio sólo tiene en la Iglesia aquella potestad que se le atribuye en la ley peculiar.
Historia del Colegio
A partir del año 1150 formaron el Colegio Cardenalicio con un Decano, que es el Obispo de Ostia, y un Camarlengo en calidad de administrador de los bienes. Desde el año 1059 son electores exclusivos del Papa.
En el siglo XII se comenzaron a nombrar Cardenales también a los prelados que residían fuera de Roma.
El número de los Cardenales en los siglos XIII-XV, ordinariamente no superior a 30, fue fijado por Sixto V en 70: 6 Cardenales Obispos, 50 Cardenales Presbíteros, 14 Cardenales Diáconos (Constitución Postquam verus, del 3 de diciembre de 1586).
En el Consistorio Secreto del 15 de diciembre de 1958, el Papa Juan XXIII derogó el número de Cardenales establecido por Sixto V y confirmado por el Código de Derecho Canónico de 1917. También Juan XXIII, con el Motu Proprio Cum gravissima, del 15 de abril de 1962, estableció que todos los Cardenales fueran honrados con la dignidad episcopal.
Pablo VI, con el Motu Proprio Ad Purpuratorum Patrum, del 11 de febrero de 1965, determinó el lugar de los Patriarcas Orientales en el Colegio Cardenalicio.
Edad máxima
Pablo VI, con el Motu Proprio Ingravescentem aetatem, del 21 de noviembre de 1970, dispuso que con el cumplimiento de los 80 años de edad los Cardenales:
   - Cesan de ser Miembros de los Dicasterios de la Curia Romana y de todos los Organismos Permanente de la Santa Sede y del Estado de la Ciudad del Vaticano;   - Pierden el derecho de elegir al Romano Pontífice y, por ende,   - Pierden también el derecho de entrar en Cónclave.
 En el Consistorio Secreto del 5 de noviembre de 1973 el mismo Pablo VI estableció que el número máximo de Cardenales que tienen la facultad de elegir al Romano Pontífice se fijara en 120.
El Papa Juan Pablo II, en la Constitución Apostólica Universi Dominici gregis, del 22 de febrero de 1996, ha reiteró dichas disposiciones.
Los Cardenales pertenecen a las distintas Congregaciones romanas: se les considera Príncipes de la sangre, con el título de Eminencia; los que residan en Roma, incluso fuera de la Ciudad del Vaticano, son ciudadanos de la misma para todos los efectos (Tratado Lateranense, art. 21).
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