Disputas entre pandillas acechan a Medellín

EFE | Oct 05, 2010 | 1:20 PM

Fue ejemplo en AL

COLOMBIA - La ciudad colombiana de Medellín, cuya espectacular transformación en los últimos años la convirtió en ejemplo para Latinoamérica y el mundo, ha redescubierto sus viejos fantasmas de extrema violencia urbana con una guerra de pandillas que ha causado cerca de 1.600 muertos desde enero.
Agazapado en su casa en la Comuna 13, una de las deprimidas barriadas que se amontonan en las laderas de las colinas que rodean Medellín, un hombre lanza un grito al aire. "¡Home pirobo, te voy a matar delante de tu mamá!".
"Te vas a morir en ayunas", le reta una voz a lo lejos, a lo que el hombre, sin pensárselo dos veces, responde: "dispara, que yo también te disparo". Esta la chispa que inicia el tiroteo entre ambos, uno de tantos diarios, sin importar que sea de día o de noche.
Escenas así se repiten  en ese amplio sector de la ciudad, las comunas, gobernadas por los llamados "combos", bandas que atemorizan a una vecindad que cuenta por centenares sus muertos, una pesadilla que desangra a la segunda urbe de Colombia, y que la ha obligado a despertar del plácido sueño dorado. Bajo la gestión del alcalde Sergio Fajardo (2004-2008), y después con el actual burgomaestre Alonso Salazar, la "ciudad de la eterna primavera", como popularmente se conoce a Medellín, experimentó un cambio de aspecto y mentalidad, gracias a un modelo centrado en la educación, el civismo y la convivencia. A esto se sumó una apuesta por la arquitectura vanguardista al servicio del ciudadano y un innovador sistema de transporte.
Medellín se alejó así de su turbulento pasado vinculado al temido narcotraficante Pablo Escobar y a las guerras entre cárteles de la droga, paramilitares, guerrilleros y sicarios. Y pasó de ser la ciudad más violenta de Sudamérica hace dos décadas a experimentar una drástica reducción de los homicidios.
Pero esta luna de miel se ha esfumado en los últimos meses, cuando una sangrienta guerra entre pandillas que se disputan el negocio de la droga y el territorio ha demostrado que los viejos demonios de Medellín solo estaban escondidos bajo la alfombra.
La inercia del pasado"Un combo es como una familia, como una hermandad. En el combo se vive, se come y se muere; ya después, cuando el güiro (guerra pandillera), hay que cuidar la vida de cada uno y la del socio, aquí nos cuidamos entre todos", explica a Efe-Reportajes alias "Caliche".
Este joven integra uno de los distintos grupos armados, formados por unos 30 o 40 jóvenes, que además de controlar zonas para traficar con droga, extorsionan a comerciantes y transportadores.
Una situación que tuvo su origen en la operación "Orión", en octubre de 2002, cuando un gran operativo militar y policial ingresó en la Comuna 13 y acabó con las guerrillas de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) y del Ejército de Liberación Nacional (ELN). El control pasó a manos de paramilitares. "En la comuna siempre ha estado presente (la violencia), primero eran los 'caretrapo' (guerrilleros que se cubrían la cara), las milicias populares, la operación Orión para sacar a los 'guerrillos', y luego una paz ficticia porque eran los paracos los que estaban por aquí", explica "Pipe", apodo con el que este pandillero es conocido en su barrio.
"Nosotros -prosigue- nos cansamos de los abusos de esa gente y nos tocó pararnos y defender nuestra zona para que hubiera convivencia y paz (...), para que no nos ataque gente desconocida".
Así nacieron los "combos" en una carrera que hoy resulta incontrolable, y la prueba está en el gran incendió que a inicios de junio arrasó las casuchas de madera, cartón y plástico de 200 familias, al parecer, originado por una de esas bandas.
"Nosotros éramos jóvenes y no tirábamos vicio ni nada, hasta que se entraron los paracos (...), nos daban bate, más que todo por eso es que estamos aquí en la guerra", confiesa "Boa".
Al inicio cada "combo" tenía su "plaza de vicio" (punto de venta de drogas), pero poco a poco comenzaron las disputas, algunos se pasaron al enemigo o delataron a compañeros, y así llegaron a la alta confrontación actual.

Violencia en aumento

Y si bien la violencia se venía registrando desde hacía ya meses atrás, desde junio se ha agudizado hasta provocar la alerta. A la fecha, más de 3.000 personas han huido de sus hogares y los crímenes ascienden a 1,600.
"Los homicidios y los desplazamientos intraurbanos tienden significativamente al aumento, mientras crecen los paros de transporte y la extorsión a todos los circuitos económicos de esas comunidades", explica a Efe-Reportajes el personero de Medellín, Jairo Herrán, el encargado de velar por los derechos humanos. Este organismo, dependiente de la Alcaldía, ha documentado más de 400 agrupaciones ilegales, de las que 200 están activas, con un total de 5,000 miembros.
El retrato robot de estas bandas, según Herrán, evidencia unos grupos conformados por paramilitares que no se desmovilizaron, por ex paramilitares que entraron a programas de reinserción del Gobierno y por nuevos delincuentes y muchachos reclutados.
La droga "arroja utilidades económicas muy importantes que sirven de imán a los jóvenes", relata el personero, quien resalta que "hay cierta continuidad con el pasado" al referirse a las grandes guerras que se libraban hace 20 años, durante el apogeo del Cártel de Medellín, liderado entonces por Pablo Escobar.
Además, hay "suministro de armas, que están entrando al país en el mercado negro y que no son de fabricación casera, sino sofisticadas, armas de combate, explosivos y pistolas", agrega el personero.
Lo inevitable Cuando la noche llega y el valle en el que se sitúa Medellín se inunda de miles de luces diminutas, los jóvenes de la Comuna 13 se asoman a sus terrazas en pantalones cortos, zapatillas viejas y revólveres demasiado grandes.
"El Bola" oculta sus ojos bajo una enorme gorra, lo que no le impide expresarse sin rodeos: "la guerra aquí se vive desde que se nace. Yo multiplico, divido, sumo, resto y mato".
Este joven vive vinculado al mundo de las armas desde que a los 12 años recibió 19 puñaladas al ser acusado de "sornero", como se llama a los niños que cruzan las fronteras invisibles para informar sobre escondites de los enemigos.
En la Comuna 13, "la cabeza de cada uno tiene precio", agrega a su lado "El Gato". "Los precios los ponen los enemigos, un muerto se puede cobrar por un melón (millón de pesos) o dos, pero si es alguien duro de otro combo puede valer 5 palos (también millón)".
Este drama permanecía invisible para la mayoría de la sociedad colombiana, pese a que en el primer trimestre del año había causado 503 muertes, un 54,8 por ciento más que en el mismo periodo de 2009, según la Personería de Medellín, que apunta que sólo los homicidios de menores aumentaron un 138 por ciento.
La situación se ha desbordado de tal manera que el propio presidente Juan Manuel Santos se desplazó hasta allí el pasado 8 de septiembre para reclamar mayor colaboración y comunicación de la ciudadanía con las autoridades, y conseguir así frenar la violencia.
"Yo les pediría a todos los habitantes de bien de esta comuna que nos ayuden (...) para ser efectivos, porque creo que ustedes merecen tener una vida mucho más tranquila, mucho más segura y mucho más próspera", señaló el mandatario colombiano.
Situación que, en opinión de Elkin Pérez, director de Con-Vivamos, una organización nacida en los años 90 a iniciativa de los vecinos, responde a la pobreza y la exclusión social, mientras “el factor detonante sigue siendo el narcotráfico, las armas y los recursos”.
"Medellín es más surrealismo que realidad, es un espejismo", remarca a Efe-Reportajes Pérez, quien detalla que en esta ciudad "hay 52 lugares de confrontación" y la Policía se alía a uno de los bandos, lo que produce "connivencia y corrupción”.
Los amos de la guerra de Medellín son "Valenciano", "Sebastián" y "Los Gaitanistas", los que se disputan el negocio y las redes de distribución de la droga, y a cambio introducen a los jóvenes en la espiral de violencia.
Para frenar este drama, el pasado 21 de septiembre, el cantante Juanes ofreció un concierto en la Comuna 13 con motivo del Día Internacional de la Paz: "no es un concierto más, es una oportunidad para reflexionar sobre el futuro de nuestros hijos, que puede ser diferente si todos trabajamos por eso", exclamó ante los congregados.
 Juanes, originario de Medellín, estuvo acompañado de varias agrupaciones musicales, entre ellas Son Batá, un grupo de la misma comuna que trata de alejar a los niños del conflicto. Fue la esperanza del mañana frente al pesimismo del presente, como el del "Pipe", un pandillero que lamenta que "donde hay pobreza, dolor y se ha regado tanta sangre, eso es algo imposible".
Para "El Calvo", sin embargo, el final a su drama particular es mucho más simple. Solo será posible cuando le llegue "la cárcel o la muerte".
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