La novela del caso Petraeus

Univision | Nov 17, 2012 | 6:27 PM

Con todo y personajes

 
Por Elizabeth Cotte.
Explicaba hace algunos años el conocido escritor español Ignacio García-Valiño que “una novela es una combinación de historias que se entrelazan, con personajes definidos”. Agregaba que para estar “bien armada”, la trama debe tener un hilo conductor”.
Bajo esta definición de García-Valiño, “El affaire Petraeus” -que ya tiene más de ocho días andando- es una novela, y en cada capítulo ha habido conflicto y progresión.
Quienes la siguen saben que los personajes no pueden escapar de sus problemas, borrar la infidelidad, reparar la deslealtad o curar el desamor. Quienes leen sobre el escándalo esperan por un desenlace y mientras tanto quieren saber cómo los personajes resuelven sus conflictos.
Los personajes del escándalo son muchos pero los protagonistas son dos generales, dos mujeres y un agente del FBI: Petraeus, Allen, Broadwell, Kelly y Humphries.
Pero también hay personajes secundarios: Scott Broadwell, el marido de Paula Broadwell; Scott Kelley, el esposo de Jill Kelley; y también la hermana gemela de ésta última, de nombre Nathalie Khawam. Alrededor de protagonistas y antagonistas está Holly, la esposa del general.
La trama se desarrolla en varias locaciones que incluyen Afganistán, Washington DC, Carolina del Norte, Florida y ese lugar virtual llamado internet.
David Petraeus
Tiene 60 años y sirvió en el ejército hasta que se retiró, después de 37 años de servicio. Salió de la Academia Militar como teniente segundo y fue ascendido nueve veces hasta llegar al rango de general cuatro estrellas con el que se retiró tras haber sido Comandante de las fuerzas norteamericanas en Afganistán.
Antes de eso comandó las fuerzas en Irak, y anteriormente a esa misión estuvo al frente de USCENTCOM, el comando responsable por las operaciones militares de Estados Unidos en 20 países.
En su uniforme lucía más de 40 condecoraciones, 14 medallas y unas cuantas insignias. Por su experiencia y conocimiento fue nominado a dirigir la CIA, cargo que ejerció por poco más de un año y al que se vio obligado a renunciar a consecuencia de “una relación extramarital” que había iniciado un año antes y por la que ya se le había llamado a declarar apenas unos días antes de reunirse con el presidente Obama, para ofrecer explicaciones.
Su relación extramarital será investigada por la CIA, el Pentágono y el Congreso. Las revistas nacionales e internacionales lo incluyeron alguna vez en sus listas de los más poderosos o de más influyentes.
En Alemania lo calificaron como el soldado más exigente, hasta caer en extremos. Por ejemplo, dicen sus subordinados que les hacía repetir el trabajo por “detalles” y que no perdonaba errores. También se cuenta que le gusta la adulación y que lo apodaban “el rey David”.
Está casado con Hollister Petraeus y tiene dos hijos: Stephen --también militar--, y Anne --nutricionista y bloguera--.
Paula Broadwell
Llegó a los 40 años el día que estalló públicamente el escándalo. Residente de Charlotte en Carolina del Norte, está casada y tiene dos hijos además de un résumé impresionante que da cuenta de que es escritora, periodista, académica y experta en asuntos de terrorismo.
Es coautora junto a Vernon Loeb del libro “All In: The Education of General David Petraeus”, acerca de Petraeus como comandante de ISAF, las Fuerzas de Asistencia de Seguridad Internacional con sede en Afganistán.
Paula nació en Dakota del Norte y alli vivió hasta que se graduó de secundaria. Se mudó a Nueva York para estudiar en West Point de donde salió con un grado en geografía política.
Continuó sus estudios y en 2006 obtuvo una maestría en seguridad internacional; de allí siguió a Harvard a cursar otra maestría en Administración Pública y es en esa prestigiosa universidad donde conoció a David Petraeus, durante una ponencia que éste dictó en temas de contrainsurgencia.
Viajó luego a Londres para un doctorado en el departamento de estudios de guerra del Kings College, desde donde contactó a Petraeus para contarle de su tesis doctoral sobre temas de liderazgo.
Más tarde se reunieron para discutir el tema en Washington DC, con una caminata a paso rápido por el Potomac que la mujer mantiene. En esa charla, Petraeus quedó impresionado y accedió a cooperar.
Varios meses después de iniciado el trabajo de investigación, la mujer decide convertir su disertación académica en un libro que salió a la venta mucho después, en enero de 2012.
Cuando realizan la gira de promoción del libro, ella y Petraeus mantienen un secreto. Meses después, y bajo un seudónimo, envía varias correspondencias electrónicas al general John Allen, el comandante de las fuerzas en Afganistán. En uno de los emails le dice que se cuide de Kelly “la seductora”; en otro hace referencia a un encuentro que Allen tendria con Jill Kelley en Washington DC.
Preocupado, el general Allen le reenvía el email a Kelley preguntándole cómo la persona que lo escribe sabe tanto de su agenda. Broadwell envía mensajes similares a otros militares de alto rango. En julio termina la relación extramarital pero ya el FBI está investigando los mensajes. En septiembre, el FBI la llama a declarar por primera vez.
Tras develarse su secreto, ella guarda silencio, se refugia en casa de familiares de la capital y da permiso para que las autoridades registren su casa en un acomodado vecindario de Charlotte.

Jill Kelley

Tiene 37 años, vive en Florida y está casada con un oncólogo del área de Florida con quien tiene tres hijas.
Libanesa de origen, emigró con su familia desde el Medio Oriente cuando era una niña. Primero vivieron en Nueva Jersey y luego en Filadelfia, donde su familia abrió un restaurante. A falta de una profesión, la prensa ha usado el término “socialité”, que se refiere a su habilidad para mantener relaciones sociales.
Si no hubiera sido por unos emails que Paula Broadwell envió anónimamente, la vida de esta mujer en Tampa hubiera seguido igual: centrada en fiestas, actos sociales y eventos benéficos para aparentemente ascender en la escala social y ampliar el círculo de relaciones que la ha llevado a eventos y lugares a donde sola no hubiera podido llegar. Llegó incluso a tener el título de cónsul honoraria.
Con la anuencia de su esposo y la ayuda de su hermana, Jill se dedicó a ser el vínculo y punto de referencia para las familias de militares de alto rango que llegaban a la Base McGills en Tampa. Así conoció a los generales David Petraeus y John Allen.
Pero a principios de verano recibió un correo electrónico de Allen, donde el general le escribe que recibió un email que menciona una reunión que ellos iban a tener posteriormente en Washington . Allen le envió copia de este y otros mensajes firmados por “KelleyPatrol”; entre ellos uno que le decía que se cuidara de “la seductora de Tampa”.
Otros generales le reenviaron también los emails recibidos de cuentas anónimas, en los que se les aconsejaba mantenerse lejos de Kelley.
En mayo, Jill recibió directamente un email donde la insultaban y la llamaban “buena para nada”.
Entonces, Kelley contactó a Frederic Humphries, un agente del FBI a quien había conocido en una charla en Tampa y le cuenta. El agente comenzó a investigar y la primera preocupación de su agencia es que alguien esté siguéndole los pasos a los dos generales.
La investigación del FBI les lleva hasta Broadwell y a su email. Y a partir de allí, conocer del “affaire” entre ambos no fue difícil.
La identidad y el papel de Jill Kelley se dio a conocer dos días despues del escándalo, y junto a su marido pidieron que se respetara su privacidad, pero la prensa les siguió los pasos e investigó sobre su vida.
Luego salió a relucir que la fastuosa vida social ha mermado las finanzas familiares y que los Kelley están endeudadísimos. El acecho de la prensa continuó y Kelley pidió ayuda a las autoridades municipales para que sacaran a los paparazzi de las inmediaciones de su casa. Irónicamente, hace su petición enviándole un email al alcalde de Tampa.
John Allen
Es el comandante en jefe de las fuerzas militares en Afganistán, cargo que ocupa desde que David Petraeus salió de ese puesto de comando.
Tiene 58 años, y es un infante de marina con una carrera militar impresionante. Es “incansable” y las tropas bajo su mando tienen una muy buena impresión de él como líder.
Allen esperaba ser nombrado Comandante Supremo de las fuerzas aliadas de la OTAN, pero el general cuatro estrellas tendrá que esperar a que se disipe el escándalo por el “affaire” Petraeus y que culmine la investigación sobre la correspondencia que intercambió durante los dos últimos años con Jill Kelley.
Sólo unos pocos de sus emails levantan suspicacias, según informa el FBI.
También debe despejarse la duda de que su oficina no sea la fuente de una información confidencial que se habría encontrado en la casa de Paula Broadwell.
Las audiencias en el Congreso para su confirmación estaban pautadas para el jueves pero fueron pospuestas según anuncio el secretario de Defensa, León Panneta.
Entre los detalles más recientes del desliz que salpica a Allen por cuenta de Jill Kelley es que la mujer lo acompañó a Washington en un avión militar que partió de Tampa. Allen, que está casado, ha negado que haya tenido alguna conducta impropia con la joven a quien alguna vez se refirió como “sweetheart”. Su oficina asegura que la relación de ambos, aunque afectiva, era meramente platónica.
El general ya contrató abogados y a través de ellos asegura que cooperará con la investigación, tanto la del FBI como una que inició el Pentágono.

Frederic Humphries

En la trama apareció primero como un agente del FBI que había enviado a Jill Kelley una foto donde aparece sin camisa.
Después se supo su nombre y se publicó la foto. De 47 años, Humphries, asignado a la oficina de Tampa, se involucra en el caso al recibir un pedido de Jill Kelley. Se habían conocido durante una charla para ciudadanos que Humphries dictó.
Kelley le enseñó una serie de correos electrónicos, enviados a personal militar y a ella. Lo comunicó a sus superiores y el FBI comenzó a investigar.
La agencia se da cuenta de dos elementos comunes a los correos Petraeus y de Allen y piensa que ellos son un objetivo. La indagatoria continuó y permitió conocer que detrás de los mensajes está Paula Broadwell, y también que ella y Petraeus mantienen relaciones extramatrimoniales.
Humphries pensó que la agencia para la que trabaja no avanzaba suficientemente rápido; insistió con sus superiores y lo retiraron del caso.
Pensando que se tiene la intención de “engavetar” el asunto, se puso en contacto con el congresista Dave Reicher de Washington y éste lo refiere al congresista Eric Cantor, líder de la minoría en el Congreso.
A partir de ahí, Cantor comenzó a hacer preguntas y se encendió la mecha. A una semana de la renuncia pública de Petraeus, se publicó la foto del agente descamisado, que dice se tomó para hacer una broma porque se parecía a dos muñecos con los que aparece. Afirmó que la distribuyó entre sus conocidos y que por eso apareció en el buzón de correos electrónicos de Jill Kelley.
Está casado y reside en Dover, cerca de Tampa.
Holly Petraeus
Esposa del general infiel y madre de sus hijos. Una mujer criada en el seno de una familia de tradición militar. Se casó con Petraeus enamorada cuando éste se graduó de West Point y ella había finalizado sus estudios en Dickinson College de Virginia.
Es “la esposa que cualquier soldado aspira a tener” dijo de ella Petraeus al regresar en el 2008 de su misión. Por él se sabe también que está furiosa; se lo dijo a su exvocero que lo comunicó a la prensa.
A diferencia de oportunidades anteriores en que Holly acompañó varias veces al general al Capitolio, la esposa modelo no estuvo a su lado el pasado viernes cuando Petraeus fue interpelado por la comisión del Senado que investiga el ataque de septiempre a la misión diplomática de Estados Unidos en Libia.
Quizás su ausencia sea un indicio de lo que está atravesando esta mujer que ingresa a la lista donde ya están Hillary Clinton, Jenny Sanford y Huma Amedin, la lista de esposas engañadas.
Holly es subdirectora de la división para ayuda a las familias militares del CFPB, la agencia creada por el gobierno de Obama para la protección al consumidor.
Ha sido criticada por no cuidar su apariencia física.
Faltan por desvelarse algunos otros misterios en esta novela, y falta que ganen protagonismo los dos hombres que tienen el mismo nombre y ejercen en el área de la medicina: Scott Broadwell --el radiólogo--, y Scott Kelley --el oncólogo--.
Por el momento la prensa se centra en la hermana gemela de Jill, una mujer que perdió la custodia de sus hijos a pesar de la recomendación al juez de dos poderosos generales que intercedieron por ella.
Natalie Khawan es noticia por acompañar a su hermana en casi todas su aventuras, incluyendo pedir préstamos y endeudarse para mantener apariencias y seguir ganando relaciones que las lleven más cerca del poder.
La estrategia les ha funcionado y por una serie de fotografías publicadas por estos días se jactan de haber llegado hasta la Casa Blanca. Llegaron hasta el corazón del gobierno y residencia presidencial donde almorzaron, según Jill Kelley, con alguien de alto rango.
La Casa Blanca minimiza el impacto diciendo que la persona con quien comieron era de rango menor. La prensa ya averiguó, y sostiene que se trata de un abogado del gobierno que las había conocido en Tampa.
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