Artículo de opinión por el presidente Barack Obama

Univision.com | Nov 04, 2012 | 9:56 PM
En los últimos días, todos hemos estado debidamente enfocados en una de las peores tormentas de nuestras vidas. Lamentamos las muertes de aquellos que hemos perdido. Y nos comprometemos a ayudar a aquellos que han sido profundamente afectados para que se recuperen y reconstruyan. Porque ante la adversidad, Estados Unidos siempre se demuestra estar a la altura. Las pequeñas diferencias que nos consumen día a día pronto desaparecen. No existen demócratas ni republicanos durante una tormenta—sólo otros estadounidenses. Así enfrentamos los tiempos más duros: juntos. Ese espíritu ha guiado a este país durante su trayectoria inverosímil de más de dos siglos, especialmente como una nación de inmigrantes. Muchos han llegado a Estados Unidos de todo el mundo, dispuestos a arriesgarse, construir sus sueños y asegurarse de que sus hijos puedan soñar aun más grande. Ese es el espíritu que nos ha sostenido durante los últimos cuatro años.
Hace cuatro años, estábamos enredados en dos guerras y la peor crisis económica desde la Gran Depresión. Juntos, hemos luchado para resurgir. La guerra en Irak terminó, Osama bin Laden está muerto y nuestros héroes están regresando a casa. Nuestras empresas han generado más de 5 millones de nuevos empleos en los últimos dos años y medio. El valor de las viviendas y de nuestros fondos de retiro está subiendo. Somos menos dependientes del petróleo extranjero que en cualquier periodo de los últimos 20 años. Y la industria automotriz estadounidense ha resurgido. Aún no estamos donde queremos estar. Pero hemos logrado un progreso real. Y el martes, todos los estadounidenses podrán escoger entre dos visiones fundamentalmente distintas de lo que hace fuerte a Estados Unidos.
Creo que la prosperidad de Estados Unidos fue construida sobre la fuerza de nuestra clase media. No tenemos éxito como país cuando unos cuantos ganan mientras los demás batallan para pagar sus necesidades básicas—nos beneficiamos cuando todos tienen una oportunidad, todos ponen de su parte y todos siguen las mismas reglas. Cuando Bill Clinton fue Presidente, él creyó que si Estados Unidos invertía en las herramientas e ideas de su pueblo, resultaría en buenos empleos y empresas. Su plan económico les pidió a los estadounidenses más ricos que pagaran un poco más para que pudiéramos reducir nuestro déficit y seguir invirtiendo en capacitación laboral y educación, investigación y tecnología, un mejor cuidado de salud y una jubilación digna. ¿Y qué pasó? Para finales de su segundo mandato, nuestra economía generó 23 millones de nuevos empleos. Los ingresos subieron. La pobreza disminuyó. Los déficits se convirtieron en el más grande superávit en la historia.
El camino que ofrece el gobernador Romney es el mismo que intentamos por ocho años después de que el presidente Clinton dejó el cargo—una filosofía que dice que los más ricos pueden seguir una serie de reglas muy diferente a la de todos los demás. Reducciones de impuestos más grandes que no podemos pagar. Motivar a las empresas a exportar empleos y ganancias. Menos reglas para los grandes bancos y las aseguradoras. Vetar el DREAM Act y hacerles la vida imposible a los trabajadores indocumentados para que se “auto-deporten”. Estas son las políticas que causaron la crisis económica. En las últimas semanas de esta campaña, el gobernador Romney se ha autonombrado un agente del cambio. Y le concedo una cosa—ofrecer otra reducción de impuestos de $5 billones que beneficia desproporcionalmente a los más ricos, proponer $2 billones en gastos de defensa que nuestras fuerzas armadas no pidieron y darles más poder para los grandes bancos y las aseguradoras sí representa un cambio. Pero no es el cambio que necesitamos. Sabemos reconocer el cambio verdadero. Y no podemos darnos por vencidos ahora. El cambio es un Estados Unidos donde las personas de todas las edades tienen las habilidades y la educación que los buenos empleos requieren. Enfrentamos a los bancos que habían cobrado de más por los préstamos estudiantiles durante décadas e hicimos que la universidad fuera más asequible para millones de estudiantes, incluyendo los latinos. Ahora, reclutaremos a 100,000 maestros de matemáticas y ciencias para que los empleos de alta tecnología y altos ingresos no terminen en la China, y capacitaremos a 2 millones de trabajadores en los colegios comunitarios para que tengan las habilidades que las empresas locales necesitan ahora.
El cambio es un Estados Unidos que sea el hogar de la próxima generación de manufactura e innovación. No soy el candidato que dijo, “deja que Detroit quede en bancarrota”, soy el Presidente que confió en los trabajadores estadounidenses y el ingenio estadounidense. Ahora quiero un código tributario que deja de premiar a las empresas que exportan empleos al extranjero y que empieza a premiar a empresas que generan empleos aquí; uno que deja de subsidiar las ganancias de las petroleras; y sigue apoyando los empleos de energía limpia y tecnología que recortarán nuestras importaciones de petróleo a la mitad. Así se generan empleos y se apoya el espíritu de los trabajadores latinos y las pequeñas empresas latinas.
El cambio es un Estados Unidos donde levantamos la sombra de la deportación que agobia a millones de personas y les ayuda a ganarse su ciudadanía. Propusimos un cambio en nuestras leyes para eliminar el papeleo para que los ciudadanos estadounidenses no sean separados injustamente de sus seres queridos mientras esperan la residencia permanente. Y en vez de esperar que actuara el Congreso, permitimos que jóvenes patrióticos que son estadounidenses en todos los sentidos menos en papel, puedan dejar de temer ser deportados. Pero no es una solución permanente, así que seguiré trabajando con cualquier congresista para pasar el DREAM Act e implementar una reforma migratoria integral para construir un sistema migratorio legal que premie el esfuerzo y exija responsabilidad.
El cambio es un Estados Unidos que le de vuelta de página a una década de guerra para invertir en nuestro propio país. Mientras sea comandante-en-jefe, perseguiremos a nuestros enemigos con las fuerzas armadas más fuertes del mundo. Pero es hora de usar los ahorros de terminar las guerras en Irak y Afganistán para pagar nuestra deuda y reconstruir Estados Unidos—nuestras calles y puentes y escuelas. El cambio es un Estados Unidos donde reducimos nuestro déficit al recortar los gastos donde podamos y pedir que los estadounidenses más ricos de nuevo paguen las tasas de impuestos que pagaron cuando Bill Clinton fue Presidente. He trabajado con republicanos para recortar un billón de dólares en gastos y haré más. Trabajaré con cualquier persona de cualquier partido político para llevar a este país hacia adelante. Pero no estoy dispuesto a eliminar el seguro de salud de Medicare de millones de personas de bajos recursos, personas de la tercera edad o personas con discapacidades, ni convertir a Medicare en una libreta de cupones para pagar otra reducción de impuestos para millonarios.
Los estadounidenses más ricos no necesitan otro defensor en Washington. Las personas que necesitan un defensor en Washington son los estadounidenses cuyas cartas leo cada noche; los hombres y las mujeres que conozco todos los días en campaña. Los cocineros y personal de limpieza trabajando horas extras en un hotel en Las Vegas. El constructor de muebles quien se capacita para una carrera en biotecnología a la edad de 55. La maestra que se ve obligada a pasar menos tiempo con cada estudiante en su aula llena. El DREAMer que sueña en ser algo grande. Cada empresario latino que busca ampliar su empresa y ser justo con sus empleados. Todos estos estadounidenses necesitan un defensor en Washington.
Cuando estos estadounidenses tienen éxito, Estados Unidos tiene éxito. Ese es el cambio que necesitamos hoy. Es hora de terminar lo que hemos comenzado—para educar a nuestros hijos, capacitar a nuestros trabajadores, generar buenos empleos, desarrollar nuevas fuentes de energía y nuevas oportunidades—para garantizar que sin importar quién es, de donde viene o como inició su vida, este es el país donde puede lograr lo que se proponga si se esfuerza.
El Estados Unidos en el que creemos está a nuestro alcance. El futuro que esperamos está a la vista. Por eso, le pido que me brinde su voto este martes.

Op-Ed by President Barack Obama

For the past few days, all of us have been properly focused on one of the worst storms of our lifetimes. We mourn those who were lost. And we pledge to stand with those whose lives have been turned upside down for as long as it takes them to recover and rebuild. Because when hardship hits, America is at its best. The petty differences that consume us in normal times quickly melt away. There are no Democrats or Republicans during a storm – only fellow Americans. That’s how we get through the most trying times: together. That spirit has guided this country along its improbable journey for more than two centuries, especially as a nation of immigrants. People have come to America from all over the world, willing to take risks, build their dreams and make sure their kids can dream even bigger. It’s that spirit that’s carried us through the last four years. Four years ago, we were mired in two wars and the worst economic crisis since the Great Depression. Together, we've battled our way back. The war in Iraq is over, Osama bin Laden is dead, and our heroes are coming home. Our businesses have created more than 5 million new jobs in the last two and half years. Home values and 401(k)s are rising. We are less dependent on foreign oil than at any time in the last 20 years. And the American auto industry is back. We’re not there yet. But we’ve made real progress. And on Tuesday, all Americans will get to choose between two fundamentally different visions of what makes America strong. I believe America’s prosperity was built on the strength of our middle class. We don’t succeed when a few at the top do well while everyone else struggles to get by – we’re better off when everyone gets a fair shot, everyone does their fair share, and everyone plays by the same rules. When Bill Clinton was president, he believed that if America invested in the skills and ideas of its people, good jobs and businesses would follow. His economic plan asked the wealthiest Americans to pay a little more so we could reduce our deficit and still invest in job training and education, research and technology, better health care and a dignified retirement. And what happened? By the end of his second term, our economy created 23 million new jobs. Incomes rose. Poverty fell. Deficits became the biggest surplus in history. The path Governor Romney offers is the one we tried for eight years after President Clinton left office – a philosophy that says those at the very top get to play by a very different set of rules than everyone else. Bigger tax cuts for the wealthy that we can’t afford. Encouraging companies to ship jobs and profits overseas. Fewer rules for big banks and insurance companies. Vetoing the DREAM Act and making life so miserable for undocumented workers that they’d “self deport.” They’re the policies that caused this mess in the first place. In the closing weeks of this campaign, Governor Romney has started calling himself an agent of change. And I’ll give him one thing – offering another $5 trillion tax cut weighted towards the wealthy, $2 trillion in defense spending our military didn’t ask for and more power for big banks and insurance companies is change, all right. But it’s not the change we need. We know what real change looks like. And we can’t give up on it now. Change is an America where people of every age have the skills and education that good jobs require. We took on banks that had been overcharging for student loans for decades, and made college more affordable for millions of students, including Latinos. Now we'll recruit 100,000 math and science teachers so that high-tech, high-wage jobs don’t end up in China, and train 2 million workers at community colleges for the skills local businesses need right now. Change is an America that’s home to the next generation of manufacturing and innovation. I’m not the candidate who said we should "let Detroit go bankrupt," I’m the president who bet on American workers and American ingenuity. Now I want a tax code that stops rewarding companies that ship jobs overseas, and starts rewarding companies that create jobs here; one that stops subsidizing oil company profits, and keeps supporting clean energy jobs and technology that will cut our oil imports in half. That’s how we create jobs and support the entrepreneurial spirit of Latino workers and small businesses. Change is an America where we lift the shadow of deportation hanging over millions of people and help them earn their citizenship. We proposed a change in our laws to cut the red tape so U.S. citizens aren’t unfairly separated from loved ones while waiting for a green card. Then, instead of waiting for Congress to act, I took action so that patriotic young people who are Americans in every way except on paper no longer have to fear being deported. But this is not a permanent solution, so I will continue to work with anyone in Congress to pass the DREAM Act and enact comprehensive immigration reform to create a legal immigration system that rewards hard work and demands responsibility. Change is an America that turns the page on a decade of war to do some nation-building here at home. So long as I'm commander-in-chief, we'll pursue our enemies with the strongest military in the world. But it's time to use the savings from ending the wars in Iraq and Afghanistan to pay down our debt and rebuild America – our roads and bridges and schools. Change is an America where we reduce our deficit by cutting spending where we can, and asking the wealthiest Americans to go back to the income tax rates they paid when Bill Clinton was president. I've worked with Republicans to cut a trillion dollars of spending, and I'll do more. I'll work with anyone of any party to move this country forward. But I won't agree to eliminate health insurance for millions of poor, elderly, or disabled on Medicaid, or turn Medicare into a voucher just to pay for another millionaire's tax cut. The folks at the very top don’t need another champion in Washington. The people who need a champion in Washington are the Americans whose letters I read at night; the men and women I meet on the trail every day. The cooks and cleaning staff working overtime at a Las Vegas hotel. The furniture worker retraining for a career in biotechnology at age 55. The teacher who’s forced to spend less time with each student in her crowded classroom. The DREAMer who dreams of becoming something great. Every Latino small business owner trying to expand and do right by his or her employees – all of these Americans need a champion in Washington. When these Americans do well, America does well. That’s the change we need right now. It’s time to finish what we’ve started – to educate our kids, train our workers, create new jobs, new energy, and new opportunity – to make sure that no matter who you are, where you come from, or how you started out, this is the country where you can make it if you try. The America we believe in is within our reach. The future we hope for is within our sights. That's why I'm asking for your vote this Tuesday.
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