Ataque en la Carretera 57

Univision.com | Sep 30, 2012 | 7:02 PM

Veinte meses después de la muerte violenta de su hijo, María Zapata todavía vive el apocalipsis que comenzó para ella y su familia desde principios del 2011

Por: María Antonieta Collins y Casto Ocando
Casi veinte meses después de la muerte violenta de su hijo, María Zapata todavía vive el apocalipsis que comenzó para ella y su familia desde principios del 2011. “Todavía no puedo creer que mi hijo no va a regresar”, dijo con lágrimas en los ojos en una conversación con Univisión desde su residencia en Brownsville, Texas.
“No hay consuelo. Al saber que no iba a regresar, es muy duro. El fue la luz en nuestra familia”, comentó en tono resignado Amador Zapata. Ambos hablan de su hijo Jaime Zapata, el agente de ICE que murió tras un ataque del Cartel de los Zetas en una carretera de México, tras una serie de fiascos cometidos por varios organismos federales norteamericanos.
El 15 de febrero de 2011, los agentes federales norteamericanos Jaime Zapata y Víctor Ávila, que pocos momentos antes habían sido asignados a la embajada de Estados Unidos en México, partieron a una misión que no entendían: intercambiar equipo electrónico de vigilancia en la carretera entre San Luis Potosí y la capital mexicana, también conocida como la Carretera 57.Se trataba de equipos de comunicación por radio y de computación que debían entregar a otros agentes norteamericanos en México. Al mismo tiempo, debían recoger cajas con equipo electrónico.
Los detalles de lo que pasó ese día habían permanecido ocultos hasta ahora. Por primera vez se escucha el testimonio de Víctor Ávila, el único sobreviviente de la tragedia, en voz de Magdalena Avila-Villalobos, su hermana gemela, por una razón: él está resguardado en un sitio secreto. Desde allí envió a Univisión los detalles de un viaje fatal.
Operativo de otros
Según Magdalena, la primera pregunta que se hizo Víctor es: “¿por qué Jaime y yo? No era un operativo de nosotros, era equipo que podía haber sido enviado de otra manera”.
Veterano de la agencia ICE en operativos contra el tráfico de armas y de seres humanos en la frontera, comisionado en México durante varios años, Ávila acudió a ver a sus supervisores cuando recibió la orden de viajar a una zona dominada por el Cartel de los Zetas.
“Y Víctor le dice (a su supervisor): ‘vamos a ir a este lugar, hay problemas de seguridad’. Y esta persona le dice: ‘¿cuáles problemas? Que yo sepa, no hay problemas ahí”.
Pero contrariamente a lo que afirmaba el supervisor, la zona era considerada altamente peligrosa por el gobierno norteamericano.De hecho, según un documento obtenido por Univisión, el Departamento de Estado norteamericano prohibía expresamente, por razones de seguridad, que empleados de la embajada estadounidense circularan por la zona por donde habían enviado a Zapata y Ávila.
Otra interrogante la planteó María Zapata, madre de Jaime: “¿Por qué mandarlos a ellos solos?” Según Magdalena Avila-Villalobos, cuando se han realizado misiones de ese tipo, los agentes han viajado con patrullas como escoltas y acompañados de otras personas. “No sólo dos agentes y nada más”.
A pesar de las objeciones, les reconfirmaron la orden de partir a la peligrosa misión. “Víctor, la decisión ya fue hecha, eres ordenado a hacer ese trabajo”, fue la respuesta del supervisor de la embajada.
Camino a la tragedia
La operación se llevó a cabo sin contratiempos hasta que se encontraron para hacer el intercambio de la carga con agentes del consulado americano en Monterrey. Entregaron los equipos de comunicaciones y recibieron unas 14 cajas de equipos que debían llevar de regreso a la capital mexicana, y que acomodaron en la parte trasera de la Suburban negra blindada en que viajaban.Cuando emprendieron el regreso, hicieron una para en un restaurant Subway ubicado en una de las salidas de la carretera 57. Media hora después, cuando retomaron el viaje, notaron que dos vehículos los seguían de cerca.
“No sólo pueden ver que vienen armados”, detalló Avila-Villalobos, “sino que ya ven que uno de los vehículos se pasa a un lado”.
En segundos, los vehículos que los seguían, una Suburban y una Pick-up, interceptaron el vehículo blindado donde viajaban Zapata y Ávila.
Avila recordó que unos 14 sicarios fuertemente armados formaron un semicírculo frente a la Suburban de la embajada norteamericana, que había quedado en el borde de la carretera.“En este momento fueron dos o tres segundos, para ese momento ya estaban rodeados de miembros que ahora sabemos que fueron del Cartel de los Zetas”, indicó Magdalena.
Lluvia de balas
En poco tiempo, los sicarios comenzaron a disparar contra el vehículo de Zapata y Ávila. En medio de la balacera, Zapata y Ávila comenzaron a gritar identificándose como diplomáticos, “por si había duda de que habían confundido el carro por alguien más, y a lo mejor que no hubieran visto las placas”. Pensaron que las placas diplomáticas los protegerían. Gritaron que eran agentes norteamericanos.
Pero el tiroteo no acabó. Julián Zapata, alias “El Piolín”, que lideraba al grupo de sicarios, ignoró los esfuerzos de los agentes por detener el ataque. “No, cabrón, güey, baja la ventana, bájate del carro”, les gritó a los agentes.
A pesar de que estaban protegidos por el blindaje, un factor inesperado los puso al borde del peligro mortal.
“Cuando Jaime Zapata puso ese vehículo en el parking (…) esas puertas automáticamente subieron el botón, o sea que se abrieron”. Inmediatamente buscaron el botón para volver a asegurar las puertas. Pero la ventana del lado de Víctor se abrió como por dos pulgadas, relató Magdalena, algo que El Piolín aprovechó.
“No fue ni un segundo después cuando entran dos, un rifle y una pistola, en esa abertura chiquita de la ventana (…) y abren fuego”.
Zapata fue herido letalmente. Ávila, también herido, oprimía el botón de emergencia satelital del vehículo. Al igual que los seguros de las puertas, tampoco funcionaba.
Llamadas de ayuda
Mientras el ataque ocurría ferozmente, Víctor Ávila, dentro del vehículo, luchaba con las llamadas de emergencia. Primero lo hizo a la embajada en la capital mexicana, después al Puesto Uno del Comando regional de seguridad en San Luis Potosí. Le respondieron que en cuarenta minutos un helicóptero de la policía federal mexicana vendría a su rescate.
De los 90 impactos, Zapata recibió cinco mortales. Ávila fue herido por tres balas en la pierna derecha. Durante 40 largos minutos, Avila luchó para mantener a su compañero con vida.“Había mucha sangre y Jaime volteó y le dijo a Víctor: Me voy a morir. Víctor le dijo, no te vas a morir. Tú sé fuerte, ya viene ayuda, no te vas a morir”, contó Avila-Villalobos. En total, los sicarios dispararon más de 90 rondas de balas contra los agentes norteamericanos.
Ya en el helicóptero de rescate que los trasladó al hospital de San Luis Potosí, Avila supo que Jaime había muerto.
En Brownsville, la familia Zapata estaba inocente de la tragedia, hasta que la oficina local de ICE los contactó. “¿Es usted el padre de Jaime?”, le preguntaron a Amador Zapata. “Dije, sí’. ‘Tenemos malas noticias. Yo sentí que se me acababa el mundo”, recordó Amador.
Los familiares no entendían qué había pasado. Jaime Zapata había ido a México por tres meses para labores de inteligencia. Apenas tenía en el país nueve días cuando ocurrió el ataque. “Me pongo a veces a pensar: Víctor y Jaime sabían algo que no querían que saliera, no sé. Estoy todavía bien confuso”, especuló Zapata padre.
La conexión inesperada
Meses de investigación arrojaron datos sorprendentes: tres de las armas usadas en el ataque estaban vinculadas a un programa de rastreo de armamento en Texas aprobado por la Agencia de Alcohol, Tabaco y Armas de Fuego (ATF).
“No es de Arizona de Fast and Furious, pero es un tipo operativo muy similar que le llaman Gun Walking”, aseguró Avila-Villalobos. “Esas armas que se han recuperado, se han confirmado que fueron armas usadas en la balacera que mató a Jaime Zapata e hirió a Víctor Avila”, puntualizó.
Para Amador Zapata, la conexión entre este programa y el ataque en la Carretera 57 donde murió su hijo carece de todo sentido.“¿Qué mente pensaría ese programa de (...) armar primero al enemigo, y luego ir a pescarlo?”
De acuerdo a diversas investigaciones federales y del Congreso norteamericano, los rifles y pistolas utilizadas contra Zapata y Ávila llegaron por dos canales.
“Uno vino de Dallas, por medio de unos hermanos Osorio (Otilio y Ranfis); el otro vino por Manuel Barba (un traficante de armas de origen mexicano), y los dos o los tres estaban bajo vigilancia de ATF antes de que compraran las armas, antes que esas armas se fueran a México”, dijo a Univisión Raymond Thomas, abogado de la familia Zapata, que ha solicitado una amplia investigación sobre la muerte, y está demandando al gobierno federal por negligencia, por $50 millones.
“El Mamito”
El autor intelectual del ataque se conoció posteriormente, en julio de 2011, cinco meses después de la emboscada. Jesús Enrique Rejón Aguilar, alias “El Mamito”, alto mando de los Zetas y uno de sus siete fundadores, confesó haber ordenado el asalto.
“Venía una caravana donde venían blindados, pensaron que era otra gente y se metieron”, le respondió El Mamito al interrogador del gobierno mexicano cuando éste le preguntó sobre el ataque a la Suburban de Zapata y Ávila.
El Mamito admitió que usaba armas ilegales adquiridas en Estados Unidos. De acuerdo a su testimonio, “hubo una temporada que decían que hasta el mismo gobierno americano las vendía”.
Diez meses después de la masacre, también fue detenido el autor material alias El Piolín. El 20 de diciembre de 2011 fue extraditado a los Estados Unidos para ser enjuiciado por el asesinato del agente Jaime Zapata.
Pero para los familiares de las víctimas, resulta inaceptable la poca disposición del gobierno estadounidense para aclarar las responsabilidades de la tragedia.
De acuerdo al abogado Thomas, hasta ahora no han recibido ningún documento que les ayude a establecer los hechos, a pesar de numerosas peticiones.
“Hemos pedido verbalmente, hemos pedido informalmente, hemos pedido por escrito formalmente y todo se ha negado”, indicó.
Señalamientos directos
Thomas señala al ICE, la ATF, el FBI y el Departamento de Justicia de negarles el acceso a las investigaciones. “Uno puede imaginar que tienen algo para esconder”, aseveró.
“¿Dónde está la investigación interna de la embajada de las personas que tuvieron culpa de mandar a mi hijo en esa carretera tan peligrosa?”, se preguntó por su lado Ávila-Villalobos, que también está demandando al gobierno federal por negligencia, por $12.5 millones.
“Víctor no duerme, tiene pesadillas, se le cayó el pelo, es una persona diferente por lo que le pasó”, acotó su hermana Magdalena.
Los Zapata dijeron que comparten el mismo purgatorio. María Zapata mostró su disposición de llegar hasta el final para obtener las respuestas que busca.
“Yo estoy dispuesta a pasar el resto de mi vida para encontrar y saber qué le pasó a mi hijo”.
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