Muertes equivocadas

Univision.com | Sep 30, 2012 | 7:02 PM

El ataque de Salvarcar, una matanza que enlutó el futuro de México

Por: Maria Antonieta Collins y Casto Ocando
La seguridad de haber escuchado un disparo le produjo a Luz Dávila un agudo sobresalto. Cerca de la medianoche del 31 de enero de 2010, Luz miraba la televisión junto a su esposo en la sala de su humilde vivienda de las Villas de Salvarcar, un reparto en las afueras de Ciudad Juárez. Lo primero que se le vino a la mente fueron sus dos hijos, que se encontraban en una fiesta de cumpleaños en una casa vecina.
“Yo siempre los esperaba a las doce, a la una. Tenían su hora de entrar”, relató Dávila. “Esa noche iban a festejar a ese muchachito, pues habían comprado refrescos, papitas”, agregó. “Las vecinas les iban a hacer que naranjas con chile, chicharrones, todo”.
Pero lo que estaba a punto de ocurrir iba a desafiar su imaginación. “El aviso fue un balazo, no más, un balazo, siendo que fueron muchos”.
Violentamente salió corriendo de su casa hacia la calle con su esposo, y lo que vio la dejó paralizada. “Yo nomás ví que pasaron muchos carros,  yo creo (que) en shock”.
Pedazos de recuerdos
Dávila dijo que tiene perdidos en su memoria pedazos de lo que sucedió esa noche. Sin embargo, nunca ha olvidado los momentos más cruciales.
Le dijo a su esposo que no saliera de la casa. “Él dice que yo lo empujaba, pero yo no me acuerdo, el nomás dice que yo no lo dejaba salir a él”.
Lo más importante que quería saber era: “¿dónde están los muchachos?” Tampoco recuerda haber escuchado las ráfagas que descargaron un total de 86 balas de alto calibre en el vecindario.
Cuando llegó a la escena de lo que hasta minutos antes había sido una fiesta familiar, encontró los restos de una violenta carnicería.
“Yo entré a la casa, veo todos los muchachos, unos tirados, sentados, cada uno con un balazo en la cabeza”, rememoró con lágrimas.
Sus ojos buscaron instintivamente los cuerpos de sus dos hijos. “Al primero que ví fue al más grande de mis hijos, a la entrada. Estaba boca abajo. Y enseguida estaba el chico. Todavía tenía vida. El más grande ya le habían cerrado los ojos, y el más chico estaba convulsionando”.
La agonía de Marcos
José Luis había muerto de forma instantánea. Marcos fallecería catorce horas después en el hospital, producto de las profusas heridas. “Le dieron en el pecho, en el abdomen, en los brazos, en las piernas, y en sus partes”, detalló Luz en entrevista con Univisión en su casa de Salvarcar.
El ataque había sido fríamente planificado momentos antes por José Antonio Acosta Hernández, alias “El Diego”, jefe de sicarios del Cartel de Juárez, luego que le transmitieron información sobre la presencia en la zona del grupo enemigo Artistas Asesinos (AA), conocidos como los “doblados”.
“De la fiesta de Villas de Salvarcar, a mi me informaron que habían ahí unos doblados, pertenecientes al cartel de Sinaloa”, reveló El Diego en una confesión posterior.
“Mando a los muchachos (sicarios), y cuando están ahí me dicen que ya los tienen ubicados, y pues se da la orden para que trabajen”, dijo el jefe de sicarios, para explicar eufemísticamente cómo giró las instrucciones para que se desencadenara la matanza.
Cuando Luz Dávila escuchó el disparo en la tranquilidad de su hogar, a las 11:30 de la noche, ya las calles adyacentes del barrio estaban bloqueadas por siete camionetas comandadas a distancia por El Diego. Les tomó menos de 20 minutos a una veintena de sicarios armados con rifles R15 y pistolas 9mm, para desatar la masacre.
En total murieron 16 residentes de Salvarcar, en su mayoría jóvenes menores de 18 años. Uno de los vecinos que trató de alertar a los jóvenes que celebraban sobre la llegada de los sicarios, también lo acribillaron frente a su casa.
“Este otro vecino que se dio cuenta que llegaron las camionetas y fue el que se dio cuenta de las personas que venían armadas, él se cruzó la calle para venirles a avisar a los jóvenes de lo que él estaba viendo, que apagaran la música. Pero por desgracia, lo siguieron a él. Entraron junto con él, y él fue una de las personas que falleció”, contó Gloria, una vecina de Salvarcar.
La balacera fue tan intensa que dejó una espesa nube de pólvora que se continuó sintiéndose por días en la cuadra. “Parecía una guerra, una guerra donde solo un bando disparaba”, dijo Gloria.
“Osa”, una perra mestiza de color negro, fue la única criatura que quedó viva esa noche en la casa. Se perdió un mes y desde que retornó, sobrevive gracias a la caridad de los vecinos.
Indignación y polémica
La tragedia de Salvarcar provocó al mismo tiempo indignación a nivel nacional, y una polémica que resonó en la política mexicana.
“Era una fiesta de jóvenes, de estudiantes, no les hallaron bebida, no consumían bebida, no sé qué pasó en ese momento”, se lamentó Dávila.
Desde Japón, donde se encontraba de gira, el presidente de México Felipe Calderón repudió la tragedia y sugirió que era producto del enfrentamiento entre pandilleros.
“Esta violencia entre grupos criminales se ha extendido (…) a grupos de jóvenes asociados en bandas, en pandillas”, declaró Calderón durante una conferencia de prensa en el Press Club de Tokio, al día siguiente de la masacre.
Las afirmaciones del mandatario fueron criticadas por la prensa mexicana.
“El presidente dijo que se trataba de pandilleros las víctimas, cuando ni siquiera tenía información real de quiénes eran las víctimas”, dijo la periodista Luz del Carmen Sosa, experta de la fuente policial del Diario de Juárez.
“Eran personas limpias, personas sanas, y no había maldad en ellas”, aseguró Gloria, la vecina de los Dávila.
La polémica se enardeció diez días más tarde, durante una visita que realizó el presidente Calderón a Ciudad Juárez, en medio de un impresionante dispositivo de seguridad, para discutir soluciones al auge de Matanzas como la de Salvarcar.
Desafío cara a cara
Abriéndose paso entre una multitud de agentes de seguridad y personas que asistían al cabildo con Calderón, la propia Luz Dávila desafió cara a cara al presidente mexicano, tomándolo por sorpresa.
“Yo no puedo darle la mano y decirle bienvenido, porque para mí no lo es”, dijo de entrada frente a una multitud sorprendida. “Quiero que usted diga, que usted se retracte de lo que usted dijo, que eran pandilleros Mentira, ninguno de mis hijos”, le espetó Dávila al jefe de Estado mexicano.
Sin medir consecuencias, la vecina de Salvarcar continuó con la confrontación. “No tenían tiempo de ser pandilleros. Estudiaban y trabajaban”.
“Yo quiero justicia para mis hijos y para los demás estudiantes, porque eran de 14 años en adelante. Era una fiesta para un muchachito de 18 años”, dijo. “Le apuesto que si a usted le hubieran matado un hijo, usted debajo de las piedras buscaba al asesino”, agregó.
El clamor de Luz Dávila de que sus hijos y otros de los jóvenes asesinados en Salvarcar eran inocentes de pandillerismo, fue confirmado veinte meses después, con la confesión de alias El Diego, autor intelectual de la matanza, a las autoridades de la policía federal mexicana.
“Todos eran menores de edad. Hubo mucha conmoción y pos sí, la verdad, varios, pos sí, eran inocentes”, dijo El Diego al interrogador federal.
La conexión desconocida
Lo que en México nunca se supo, es que algunas de las armas usadas en esta masacre eran parte de un programa de rastreo coordinado secretamente por la Agencia de Alcohol, Tabaco y Armas de Fuego (ATF) de Estados Unidos, de acuerdo a un documento del Ejército mexicano obtenido en exclusiva por Univisión.
“Se ha podido establecer que por lo menos tres armas calibre 9mmm y 7.62 de procedencia norteamericana fueron utilizadas en los hechos ocurridos en la plaza de Juárez en la colonia Villas de Salvarcar”, indicó un memorandum enviado por al general de Brigada Felipe de Jesús Espitia Hernández, comandante de la V Zona Militar el 9 de marzo de 2010, dos meses después de los hechos.
El documento detalló que de acuerdo a información obtenida por la ATF, “se utilizaron armas provenientes de un programa de rastreo de esta dependencia norteamericana”, ingresadas a través de la frontera entre Columbus, Nuevo México, y el puesto fronterizo de Rodrigo M. Quevedo, mejor conocido como Palomas, Chihuahua.
De acuerdo al memorándum de la Secretaría de la Defensa Nacional, la información de ATF fue comprobada mediante pruebas periciales “efectuadas a los elementos balísticos encontrados en la escena (de Salvarcar) por agentes ministeriales”.
También mencionó que la información “fue confirmada por los peritos en balística” de la Procuraduría General de Justicia de Chihuahua.
El documento no sólo comprobó que armas de alto calibre que Estados Unidos había permitido que entraran libremente a México a través de programas de rastreo de la ATF habían llegado a manos de El Diego y el Cartel de Juárez, sino también que las autoridades mexicanas estaban al tanto de los programas de la agencia federal, y del impacto que estaban causando en la población.
Ataques a centros de rehabilitación
La carnicería en Villas de Salvarcar no era, sin embargo, la única en la que pudieron usarse armas ligadas a programas de rastreo de ATF.
Cuatro meses antes, otra docena de hombres armados con fusiles de alto calibre AK-47, recibieron la orden terminante de irrumpir a bala limpia y liquidar a un grupo de pacientes del Centro de Rehabilitación de El Aliviane, en Ciudad Juárez.
En la noche del 2 de septiembre de 2009, los sicarios ingresaron violentamente para acabar con 18 pacientes, a quienes consideraban como rivales del cartel de Sinaloa.
José Luis González, reportero gráfico que fue el primero en llegar al sitio tras el violento ataque, explicó a Univisión la confusión y el desespero de las víctimas.
“Entraba la gente armada y empezaba a disparar, y muchos de los que estaban dentro saltaron por las bardas de atrás”.
Crescencia, actual residente de lo que fue El Aliviane, contó su versión de los hechos. “Iban corriendo. Pero, pos ¿adónde salían, si (los sicarios) seguían detrás de ellos, mate y mate?”.
Una de las víctimas, con sus últimas fuerzas, se arrastró a la calle tratando de salvar la vida pero sin éxito. El cuerpo quedó tirado sobre la acera. “En el pecho tenía una playera blanca. Y estaba todo lleno de sangre”, recordó el fotógrafo González.
Indagación oficial
Tras iniciarse las investigaciones, las autoridades federales responsabilizaron incialmente como el autor del crimen múltiple a José Antonio Torres Marrufo, alias El Jaguar, jefe de Sicarios del cartel de Sinaloa en Juárez. Sin embargo, meses después, la propia fiscalía de Ciudad Juárez desmintió a la policía federal, afirmando que Torres Marrufo y varios de sus lugartenientes se encontraba detenidos en Estados Unidos por una causa de inmigración, durante la ocurrencia de la masacre de El Aliviane.
“Cuando esto ocurrió, se encontraban detenidos en los Estados Unidos por materia de inmigración, por estar en calidad de ilegales allá”, explicó el Jorge González Nicolás, actual Fiscal de Ciudad Juárez.
La confesión de alias El Diego, jefe de Sicarios de Juárez, quien admitió tener más de 1,500 asesinatos en su haber, no dejó dudas de la autoría de la matanza.
“Nos pasaron el dato de que (a los centros de rehabilitación) los estaban usando como casas de seguridad, gente del bando contrario preteneciente al cartel de Sinaloa”, indicó El Diego.Fue entonces cuando “di las instrucciones de que fueran y asesinaran a algunos grupos contrarios en dos centros de rehabilitación”, indicó. El otro centro de rehabilitación atacado fue el Anexo de Vida, donde perdieron la vida diez personas.
Según las investigaciones, El Diego sería el eslabón de esta masacre con operatios de rastreo de armas patrocinadas por la ATF.
Para el fiscal González Nicolás, las investigaciones que ha conducido hasta ahora, dejan poca duda de que ambas masacres, Salvarcar y Aliviane, vienen “del mismo grupo”.
“De acuerdo a las investigaciones que tengo, viene de donde mismo, de las mismas cabezas. Viene del mismo grupo”, dijo el fiscal de Juárez a Univisión.
Para Alejandro Pariente, ex sub procurador de Juárez que personalmente participó en las primeras averiguaciones periciales en el Aliviane, el tipo de armas usadas provienen de territorio norteamericano.
“Fueron ataques con armas de grueso calibre comercializadas comúnmente en cualquier armería de Estados Unidos”, indicó Pariente.
En cualquier caso, según el fiscal González Nicolás, los Estados Unidos no han sido ajenos al rastreo de armas en México, particularmente en el área de Juárez.
“Las autoridades norteamericanas que están destacamentadas a través del consulado de Estados Unidos en Ciudad Juárez, ellos permanentemente toman nota de todas las armas que se decomisan, de todas las armas que se aseguran”.
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