La narcoguerra y Rápido y Furioso

Univision.com | Sep 30, 2012 | 7:02 PM

El saldo mortal que dejó en México este flujo libre de armas autorizada por ATF no ha terminado de calcularse

Por Gerardo Reyes y Tomas Ocaña
La idea de dejar pasar armas a México para atrapar narcotraficantes nació en 2006 durante el gobierno de George W. Bush con la operación Wide Receiver, que fue un fracaso en las dos etapas que se realizó, según lo señala la Oficina del Inspector General del Departamento de Justicia (OIG). En la primera etapa, Wide Receiver permitió el paso de 410 armas de las cuales se recuperaron sólo 64. Una de ellas fue encontrada en la escena de un enfrentamiento entre dos facciones de la organización de los ‘Arellano Félix’, en Tijuana. Allí murieron 18 personas.
La operación “representó un fracaso extraordinariamente grave que resultó en un peligro grave para el público tanto en Estados Unidos como en México”, afirma el reporte. Durante esta operación, la ATF intentó compartir información sobre los sospechosos con funcionarios de México a fin de identificar a los beneficiarios finales de las armas.
“Estos intentos fueron infructuosos en gran parte porque la ATF fue incapaz de mantener la vigilancia de los sospechosos en la frontera”, afirma la OIG. Pero aún si la vigilancia hubiera arrojado resultados, los arrestos no se hubieran producido porque los agentes querían que los cargamentos de armas llegaran a su destino y así recoger información de inteligencia y actividades criminales, agrega la investigación oficial. Ellos mismos afirmaron que no estaban buscando “una simple oportunidad de una foto de una confiscación en la frontera”.
Pero ese fracaso no parece haber servido como experiencia a la administración del presidente Barack Obama, que lanzó en octubre de 2009 otra operación con los mismos problemas de fondo. Se llamó Rápido y Furioso, en alusión al gusto de los principales involucrados por las competencias callejeras de automóviles.La operación surgió en medio de una de las etapas más sangrientas de la guerra entre narcotraficantes mexicanos y del gobierno de México contra las organizaciones criminales.
Guerra de narcos
En 2007, el Cártel de Sinaloa, al mando de Joaquín El Chapo Guzmán, quería apoderarse del estado fronterizo de Chihuahua para abrir paso a un corredor de exportaciones que permitiera el trasiego de cocaína y marihuana desde el estado de Sinaloa hasta la frontera con Estados Unidos. Pero el cartel de Juárez, dirigido por Vicente Carrillo, tenía el control de Chihuaha.
“Hubo un momento en el que los jóvenes se perdieron y ese momento fue el que aprovecharon los criminales para entregarles un fusil de alto calibre, los enseñaron a operarlo y comenzaron a provocar toda esa violencia”, recuerda el ex subprocurador de justicia del estado de Chihuahua, Alejandro Pariente Núñez.
El Chapo puso al mando de la zona a José Antonio Torres Marrufo, a quien se le atribuye hacer balones de fútbol con la piel de sus enemigos. Marrufo está preso en Estados Unidos por cargos de narcotráfico. De acuerdo con la acusación en una corte federal de Texas, Marrufo desafiaba al gobierno de Estados Unidos en operaciones comando como la que protagonizaron sus hombres en la ciudad fronteriza de El Paso, Texas, en septiembre de 2009. Los fiscales afirman que Marrufo ordenó el secuestro del novio de una boda en plena ceremonia de matrimonio en esa ciudad y luego lo ejecutó en Ciudad Juárez. Los medios locales identificaron al novio como Sergio Saucedo.
El cartel de Juárez, por su parte, encargó a José Antonio Acosta Hernández, alias El Diego, de la defensa de su plaza. Según las autoridades de México, Acosta es responsable de haber ordenado la muerte de 1,500 personas en Juárez y Ciudad Chihuahua.
Obtener el armamento para la guerra no era un problema. En los estados fronterizos de California, Texas, Arizona y Nuevo México operan 8,500 tiendas de armas. Y cada fin de semana en Estados Unidos se realizan cien ferias de armas, en las que el trámite para comprarlas es aún más relajado que en las tiendas.
“Las armas que utilizaban los grupos de sicarios eran armas de grueso calibre”, afirma Pariente. “Exclusivas para el ejército mexicano, o exclusivas para las Fuerzas Armadas, armas poderosas, armas que podían atravesar no solamente un vehículo sino toda una casa de muro a muro”.
El fusil AK-47 conocido como cuerno chivo era uno de los preferidos.
“Es un arma no muy grande, no es tan corta como una pistola, pero es un arma de grueso calibre, peligrosa, fuerte”, afirmó el agente de ATF, Jose Wall.
Guerra sin cuartel
El campo de batalla no tenía límites. Las ejecuciones se daban en calles, bares y casas. Un video obtenido por Univisión muestra cuando varios sicarios del cartel de Juárez irrumpen en el bar Amadeus de esa ciudad en noviembre de 2009. Entre los siete ejecutados se encontraba David Booher, un joven soldado paramédico de la Fuerza Aérea de Estados Unidos.
Las cifras de muertos “se fueron multiplicando, no duplicando”, señala Pariente, “al grado de llegar a cifras de por lo menos 100, 110, 120 ejecuciones en un período de treinta días. Era algo insostenible”.
En medio de esta guerra surge entonces la operación Rápido y Furioso. Los agentes de ATF estaban frustrados porque en el mejor de los casos su misión se limitaba a arrestar a simples prestanombres que compraban las armas ilegalmente en Estados Unidos. William D. Newell, el más alto supervisor de la agencia en Phoenix, quería atrapar a los grandes narcos que las recibían.
“Ellos estaban equivocados, estaban tratando de afectar el cártel que compra las armas en México”, explicó a Univisión Wall, un agente de ATF con más de 20 años de experiencia, crítico de la operación. “Aquí en Estados Unidos la lucha era contra las hojas de un árbol, los compradores, los prestanombres, ellos querían ir al tronco del árbol y el tronco está en México”.
Si hasta este punto el contrabando de armas era algo fácil, el gobierno de Estados Unidos lo hizo aún más simple al poner en marcha Rápido y Furioso.
Detalles de la operación
Como parte de la operación, la ATF y los fiscales de Arizona les pidieron a los dueños de las tiendas de armas de la frontera que no pusieran obstáculos a los compradores sospechosos, según lo declaró uno de ellos a Univisión. La ATF intentó diferentes métodos para rastrear las armas. En un principio los agentes lograron autorización para hacer intercepciones telefónicas de los compradores, pero obtener el visto de bueno de los jueces era un proceso lento y engorroso.
También se instaló un dispositivo de seguimiento de Radio Shack a una de las armas vendidas a un prestanombre, pero los agentes temían que la batería de los aparatos dejara de funcionar antes de que llegaran a su destino. Al final, la conclusión de Newell fue la siguiente, según la escribió en uno de sus correos electrónicos: “Sin rastreadores que funcionen, la única manera de determinar en dónde terminan las armas es cuando sean recuperadas en las escenas del crimen en México o Estados Unidos”.
Los agentes permitieron entonces que las armas salieran hacia México sin mayor control. Fue el comienzo del fiasco.
Entre los narcotraficantes se esparció el rumor de que comprar armas en la frontera parecía más fácil que antes. A través de una legión de prestanombres, personas con ciudadanía o residencia legal en Estados Unidos que recibían una comisión de un promedio de 100 dólares por cada arma que compraban, los narcotraficantes obtenían acceso rápido al armamento en la frontera. Varios propietarios de tiendas de Arizona colaboraron secretamente con la Operación Rápido y Furioso reportando las compras sospechosas a los agentes de ATF.
En algunos casos, los prestanombres eran personas que aceptaban el encargo para mitigar una situación económica precaria y, en otros, se trataba de individuos que sabían que las armas que compraban terminarían a manos de narcotraficantes peligrosos. Lo cierto es que todos pagaban en efectivo y necesariamente mentían al dueño de la tienda al declarar, en un formulario oficial, que las armas serían para su uso personal y no para alguien más.
Cámaras instaladas por la ATF dentro y fuera de las tiendas registraban los movimientos del comprador. A los pocos días, las armas estaban en poder de los carteles de la droga de México.
“A mí se me hace que al fin de todo fue un tragedia para la gente de México y para las personas aquí que compraban armas, porque estaban necesitadas y se las entregaban a una persona sin saber qué fin iban a tener esas armas”, comentó Baltazar Iníguez, abogado de prestanombres en Arizona.
¿Pero cuál tipo de armas?, le preguntó Univisión al abogado.“No, eso es lo más trágico, si se dice que es para cazar, es para cazar hombres”.
Armas sin control
El saldo mortal que dejó en México este flujo libre de armas autorizada por ATF no ha terminado de calcularse. Univisión tuvo acceso a la lista de los seriados de unas 1,867 armas de Rápido y Furioso y a otra de 25,452 confiscadas en México por las autoridades en los últimos años 2009 y 2010. Al cruzar ambos listados queda de manifiesto que, por lo menos, un centenar de ellas fueron usadas en crímenes de toda índole. Localizamos 57 armas que los investigadores del Congreso de Estados Unidos desconocían y que terminaron en México ligadas a diferentes delitos. Hay múltiples coincidencias parciales en los seriales de ambas bases de datos que sugieren que la lista podría ser más amplia.
El mayor número de armas de Rápido y Furioso que aparecen en la lista de confiscadas en México, llegaron a los estados de Baja California, Sonora y Sinaloa.
El agente Wall explicó por qué Baja California. Según Wall, en la ciudad de Tijuana, ciudad fronteriza de ese estado, se libraba una sangrienta disputa entre el Cartel de los Arellano Felix y una célula que se separó de ese cartel liderada por Teodoro García Simental, alias El Teo.
“El Teo” estaba apoyado por [el cártel de] Sinaloa. Las armas de Rápido y Furioso, de la información que tenemos sobre rastreos y lo que hemos visto, es que las armas iban al cártel de Sinaloa”, señalo Wall. “Y entonces Sinaloa, que estaba apoyando a “El Teo”, le mandaba las armas al Teo, a la célula ahí en Tijuana, para estallarla. Entonces, por eso llegaron tantas armas de Rápido y Furioso en ese tiempo”.
Cientos de muertes
Según autoridades mexicanas, El Teo está vinculado a por los menos 300 muertes. Se le conocía por su preferencia por decapitar a sus víctimas, colgar cuerpos de puentes o disolver los cadáveres en soda cáustica. Fue capturado en enero de 2010.Fabián Celis: el reclutador
En medio de este furor de los carteles por armar a sus ejércitos, un joven de 23 años de origen mexicano se convirtió en el gran organizador de los prestanombres y contrabandistas de armamento y munición. Fabián Celis Acosta llegó a tener bajo su control a más de 20 intermediarios. Entre ellos a Uriel Patiño, quien compró 720 armas. Patiño, a su vez, reclutó a Jaime Avila quien se convirtió en otro de los clientes asiduos de la armería de Phoenix, Lone Wolf. Una de las armas halladas en la escena del crimen del agente Terry, fue adquirida por Avila.
Las armas compradas por los intermediarios reclutados por Celis abarcaban un amplio rango: rifles AR-15, M-16, y calibre .50 para francotiradores, fusiles AK-47 y una variedad recortada usada como pistola de alto calibre; y pistolas 9mm, 5.7mm, Colt .38 superautomática.
Celis tenía un turbulento historial con las autoridades de Estados Unidos, pero casi siempre salió bien librado. Algunas fuentes consultadas especulan que la aparente inmunidad del sospechoso podría tener que ver con el hecho de que el gobierno federal prefería dejarlo en libertad para seguir sus pasos que tenerlo tras las rejas. De hecho, la Agencia de Lucha contra las Drogas (DEA) sabía de Celis y de sus presuntos nexos con el narcotráfico desde finales de 2009, según reportes del Congreso y de la Oficina del Inspector General del Departamento de Justicia. Desde entonces, la DEA compartió la información con ATF. El FBI también sabía de Celis.
Sin embargo, lo que no está claro es cuánto compartieron los agentes sobre Celis y otros sospechosos. Estos encuentros adquirieron una inusitada importancia para los investigadores del gobierno y el Congreso en su esfuerzo por demostrar si el escamoteo de información entre agencia fue determinante en que los sospechosos continuaran en libertad.
“La falla en evaluar el significado de la conexión entre estos individuos y el grupo de Celis Acosta antes del 11 de marzo, es problemática y plantea interrogantes sobre la información que se compartió entre las oficinas de ATF, DEA y FBI en esta etapa de la investigación”, afirma el reporte de OIG.
La coincidencia en los individuos que eran objetivo de investigaciones secretas llegó a un punto insólito. Los oficiales de la ATF identificaron en los videos de vigilancia que instalaron en la calle de la residencia de Celis en Arizona, a agentes encubiertos de la DEA que estaban siguiendo a los mismos sospechosos, según lo reconocieron los funcionarios en uno de los encuentros de ambas entidades.
Celis fue detenido en abril de 2010 por la policía de Phoenix en el cruce de la 4200 West Osborn Road, en una camioneta en la que se encontró cocaína y armas escondidas, de acuerdo con un reporte policial. Sin embargo, nunca fue encausado. Posteriormente, en los alrededores de su casa una cámara de seguridad captó al mexicano en un tiroteo, usando un arma comprada ilegalmente por un cómplice, Sean Christopher Stewart. Tras una investigación del incidente Celis fue detenido pero luego liberado sin ser acusado.
Pero quizás el episodio más criticado de la forma como se manejó la operación Rápido y Furioso en relación con Celis, ocurrió en el puesto fronterizo de Lukeville, Arizona, el 29 de mayo de 2010. Alrededor de las 11 de la mañana de ese día el automóvil BMW modelo 2002 en el que iba Celis con destino a México con dos acompañantes, fue detenido para una inspección de rutina. Para esta fecha Celis ya era considerado el principal objetivo de la operación Rápido y Furioso.
Reporte del FBI
Según un reporte de investigación del FBI obtenido por Univisión y la investigación de OIG, los hechos ocurrieron así: Celis iba acompañado por Erik Agüero y Mario Antonio Ochoa Ripalda. La primera diligencia de antecedentes arrojó que Ochoa estaba indocumentado en Estados Unidos. Luego los agentes de la Border Patrol (Patrulla Fronteriza) revisaron el vehículo y encontraron, debajo de la rueda de repuesto, un proveedor de balas calibre 7.62 cargado con 76 rondas. En otros lugares hallaron nueve teléfonos celulares y una carpeta con notas personales. Una de las notas tenía escrita una instrucción de entregar un dinero a “Killer” y una lista de armas de fuego, incluyendo fusiles AR-15 y Bushmaster.
Al someter los nombres de los ocupantes del automóvil a una base de datos del Departamento del Tesoro, se enteraron de que Celis estaba bajo investigación por tráfico de armas. Con esta información, el agente de fronteras se comunicó con Adam Reener, agente especial de ICE. A su vez Reener contactó a la agente Hope MaCallister, una de las funcionarias clave en la operación Rápido y Furioso con 12 años de experiencia en ATF. Mientras esperaban la llegada de MaCallister, los agentes le leyeron los derechos Miranda a los tres, un procedimiento previo a formalizar la detención. Les preguntaron si estaban dispuestos a dar declaraciones. Agüero se negó, pero Celis y Ochoa aceptaron.
La agente MacAllister llegó al puesto fronterizo alrededor de las seis de la tarde y comenzó a interrogar a Celis. Lo hizo identificándose como agente de ICE porque, según explicó, Celis parecía sentirse más cómodo con funcionarios de esa agencia. Aparentemente la agente no tuvo que hacer mayores esfuerzos para sacar información del detenido. Celis contó detalles de su vida personal, incluyendo que un tío suyo había vendido un lote en Ciudad Juárez a Wal-Mart por $1 millón y que su madre había recibido $100 mil del negocio. También demostró que sabía de armas.
No tuvo problema tampoco en confesar que se dirigía a la fiesta de cumpleaños en la ciudad fronteriza de Sonoyta de un amigo a quien identificó como Chendi. El dato era explosivo. Como lo comprobaron los agentes, Celis se refería a Claudio Badilla Jaimes quien aparecía en sus registros como un gran exportador de cocaína y marihuana a Estados Unidos.
Según las palabras de Celis, Badilla era la mano derecha del Chapo Guzmán. Agüero, el compañero de viaje que se negó a hablar con los agentes, conocía al Chapo desde hace diez años, según Celis.
Badilla era un personaje conocido en Sonoyta por sus lujos y extravagancias. Tenía varios automóviles costosos y vehículos todo terreno. Se jactaba de un reloj de $15 mil y tenía muchas cosas de oro en su casa, afirmó Celis. Sus aventuras y leyendas quedaron grabadas en un corrido que recuerda su negocio: El tiene clientes muy buenos, en los Estados Unidos, El Chapito y California y en New York los jamaiquinos. De tres mil libras pa’rriba se avientan en cada tiro.
Celis le contó a la agente de ATF que fue testigo de que Badilla se presentó un día en la estación de policía de un pueblo mexicano de la frontera e insultó a los oficiales presentes por haber amonestado a su hijo en un incidente de tráfico. Según Celis, Badilla les reclamó a los policías que él no les pagaba para que maltrataran a su hijo. Badilla fue asesinado en agosto de ese año.
Segunda bomba
En un momento del interrogatorio en el puesto fronterizo, Celis corrigió su versión inicial sobre el motivo de la visita a Badilla y soltó otra bomba. Realmente no era para celebrar el cumpleaños. La verdad, dijo, es que iba a acompañar a Agüero a recibir el primer cargamento de drogas que le confiaría Badilla. Agüero se había comprometido además a comprar una bodega en Phoenix para empezar una operación de narcotráfico a gran escala.
MacAllister se debatía entre arrestar a Celis o dejarlo libre. Cuando los agentes de Fronteras le informaron que no lo arrestarían, ella contactó al fiscal adjunto de Phoenix, Emory Hurley, para discutir si había causas para formular cargos. ¿Era suficiente la presencia de la munición en un vehículo que no pertenecía Celis?, se preguntaron los agentes. Finalmente se decidió dejarlo libre.
Al terminar la entrevista, MacAllister le preguntó a Celis si estaba dispuesto a cooperar con las autoridades, a lo cual el mexicano respondió afirmativamente. Uno de los agentes le entregó a Celis los datos personales de MacAllister para que la contactara, pero Celis le pidió a MacAllister que se los escribiera en un billete de 10 dólares para no despertar sospecha entre sus compañeros de viajes. Celis le prometió a la agente de ATF que la llamaría al regresar de México. MacAllister aceptó pero le dijo que sus amigos tendrían que esperar para ser liberados.
“La agente le advirtió a Celis que no participara en ninguna actividad ilegal, a menos que lo hiciera bajo su dirección”, afirma el reporte del FBI.
Celis se subió al automóvil y siguió hacia México. Nunca contactó a la agente.
Bob Mazur, ex agente de la DEA no parece muy convencido del procedimiento. “Los informantes deben ser tratado como a una serpiente, que usted la coge por la cabeza y las mantiene firmemente”, dijo.
Finalmente Celis fue arrestado en la casa de un pariente en El Paso, Texas, el 19 de enero de 2011 bajo cargos de hacer declaración falsas en la compra de armas. En su acusación aparecían otros intermediarios.
MacAllister rechazó una solicitud de entrevista con Univisión a través del vocero de la ATF en Phoenix. El abogado de Celis también declinó ser entrevistado.
¿Pero estaba actuando Celis por si solo? Todo indica que no. Y sus conexiones con quienes podrían haber sido sus verdaderos jefes comprometen aún más el panorama de celos entre agencias y la justificación para continuar con la operación Rápido y Furioso.
De acuerdo con varios documentos y entrevistas, Celis tenía nexos con los hermanos Jesús Audel y Eduardo Miramontes Varela, narcotraficantes que trabajaron tanto para el Cartel de Juárez como el de Sinaloa. Jesús se había convertido en informante del FBI desde agosto de 2010, luego de haber sido detenido en Denver cuando manejaba un automóvil BMW, también del 2002. Pero hay indicios de que anteriormente colaboró con la Policía de Miami.
Según declaró Jim Needles, de la ATF en Phoenix, los hermanos gastaron unos $250 mil en armas que fueron rastreadas por su agencia cuando realizaban la Operación Rápido y Furioso. La pregunta que todavía no ha resuelto el Departamento de Justicia es si el FBI o la DEA sabían que los Miramontes estaban comprando armas de Rápido y Furioso y cuánta información compartieron con las ATF acerca de las relaciones de Celis con los Miramontes. De esa respuesta dependería definir si la ATF podría haber puesto tras las rejas a Celis mucho antes de que se convirtiera en el gran reclutador de los prestanombres que compraron las armas. Mucho antes de que esas armas salieran de Estados Unidos. Mucho antes de que fueran usadas para matar mexicanos.
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