Breivik conocerá el viernes si es condenado a prisión a un psiquiátrico

EFE | Aug 23, 2012 | 1:24 PM

¿Un hombre enfermo o un frío asesino ultraderechista?

El ultraderechista Anders Behring Breivik, autor confeso de los atentados de hace un año en Noruega en los que murieron 77 personas, conocerá el viernes si es condenado a una pena de cárcel o a ser internado en un psiquiátrico.
El tribunal decidirá si le considera o no penalmente responsable, tomando como base principal los dos informes psiquiátricos que se le han realizado y que concluyeron con diagnósticos opuestos.
Los informes psiquiatricos
El primero de ellos, que recibió el apoyo expreso de la Comisión de Medicina Forense, determinó que padece esquizofrenia paranoide y que se hallaba en estado psicótico al cometer el doble atentado, de ahí que no pueda ser considerado penalmente responsable.
La base del eventual delirio de Breivik, de 33 años, es la idea de que debe salvar el mundo y que él decide quién debe morir a partir de su pertenencia a una organización "inexistente", según los psiquiatras.
Ese informe constituye la base de la petición de la Fiscalía, que plantea una "duda real" sobre el estado mental de Breivik y que, según la legislación actual, ésta debe beneficiar al acusado, partiendo de la idea de que es peor condenar a un psicótico a la cárcel que a un no psicótico a ingresar en un psiquiátrico.
Durante los dos meses del juicio, Breivik luchó por presentarse como un militante nacionalista, acusando a la Fiscalía y al primer equipo de psiquiatras de ridiculizarlo para que parezca un loco.
Aparte de algún arrebato de ira contra los fiscales, Breivik se ha mostrado comedido y ha logrado desarrollar un discurso más o menos razonado, aunque extremista, reconocido por expertos y militantes de ultraderecha que han declarado ante el tribunal.
Cadena perpetua en el panorama
Para el caso de que el tribunal considere que no hay dudas suficientes, la Fiscalía solicita de forma subsidiaria una pena de 21 años de custodia, una figura legal del derecho noruego que se puede prolongar indefinidamente si se teme que el reo sigue siendo peligroso, lo que en la práctica equivale a la cadena perpetua.
Tampoco es probable que pueda salir en libertad si es condenado a tratamiento psiquiátrico forzoso y un día se cura, ya que una disposición legal, que solo se ha aplicado una vez en diez años, permite enviar a la cárcel al paciente si los psiquiatras consideran que hay peligro de repetición de actos punibles graves.
La defensa del ultraderechista se apoya en cambio en el segundo informe, encargado por el tribunal en enero tras la polémica por el diagnóstico del primero y que concluyó que, aunque Breivik padece un trastorno disocial, puede ser considerado penalmente responsable.
De la misma opinión son también otros especialistas que le examinaron brevemente durante sus primeras semanas en la cárcel y el personal del penal de Ila, al oeste de Oslo, donde permanece encerrado desde hace un año en prisión preventiva.
Lo fundamental es encuadrar las ideas de Breivik en un contexto político de ultraderecha porque ahí cobran sentido, sostienen sus abogados, que piden una pena de cárcel lo más leve posible si no es puesto en libertad, como él solicita.
No ha negado su responsabilidad
Breivik nunca ha negado ser el autor de los 77 homicidios voluntarios, además de otros intentos de homicidio, de los que se le acusa, pero asegura que actuó en una situación de "necesidad", en defensa del pueblo noruego, que considera amenazado por la "invasión musulmana" y el "infierno multiétnico" impulsado por el Gobierno.
Pese a las posiciones opuestas de la Fiscalía y los abogados de Breivik, la mayoría de los psiquiatras forenses noruegos no parece tener dudas, según un sondeo hecho hace unos días por el diario VG: el 62.2 % cree que es penalmente responsable, frente a un 14.8 % que opina lo contrario y un 23 % que tiene dudas.
Pero sea condenado a tratamiento psiquiátrico o a pena de cárcel, el destino de Breivik será el mismo: Ila.
Un lugar especial para Breivik
Tras una reforma legal impulsada hace dos meses por el Gobierno y bautizada por los medios noruegos como "lex Breivik", el nivel de seguridad de la atención psiquiátrica ha sido extremado de tal modo que sólo se puede garantizar en el interior del recinto de Ila.
Allí se construiría un centro especial para él, donde el tratamiento y seguimiento del paciente correría a cargo del personal del hospital psiquiátrico regional de Dikemark.
Independientemente del resultado, el fallo será histórico y creará precedente, ya que no hay ningún caso similar en el derecho noruego.
La vista, que culmina dos meses de juicio que finalizaron el pasado 22 de junio, comenzará a las 08.00 GMT del viernes y, contra lo que es habitual, primero se leerá la conclusión y luego se explicarán las premisas durante unas seis horas, informó el tribunal.
La encargada de leer el fallo será la magistrada principal Wenche Elizabeth Arntzen, que preside un tribunal formado por otro juez profesional y tres legos, una de ellas Diana Patricia Fynbo, de origen colombiano y directiva de la Asociación Noruega-Colombiana.
Una infancia problemática
Una mirada a la biografía de este hombre, hijo de un diplomático y una enfermera y nacido en Oslo, muestra una infancia problemática.
Sus padres se separaron cuando tenía un año y se mudó con su madre y una hermanastra a un hogar del que las autoridades sociales estudiaron sacarle, aunque finalmente acabó quedándose, cuando no prosperó una demanda por la custodia del padre.
Con su progenitor, que se trasladó a vivir a París, mantuvo contacto hasta la adolescencia, para luego no verle más.
Su compromiso político lo despertaron las agresiones que varios de sus amigos sufrieron supuestamente a manos de jóvenes musulmanes y se concretó al unirse a las Juventudes del populista Partido del Progreso, que abandonaría tiempo después por moderado.
Breivik, que nunca hizo el servicio militar y era miembro de una logia masónica, empezó a pensar entonces en actuar por su cuenta y se preparó durante nueve años para su acción definitiva.
Mientras escribía su manifiesto, creó una empresa tapadera para poder importar abono químico y alquiló una granja fuera de Oslo para preparar los explosivos, a la vez que se hacía socio de un club de tiro y usaba además como entrenamiento juegos bélicos en internet.
A la espera de conocer el resultado del fallo, Breivik, recluido en una zona de máxima seguridad, ocupa su tiempo en preparar una autobiografía, desarrollar sus ideas, leer la prensa y contestar la abundante correspondencia que recibe de admiradores o personas que quieren convertirlo.
La trágica historia de sus hechos
Breivik hizo estallar una furgoneta bomba el 22 de julio de 2011 en el complejo gubernamental de Oslo, provocando la muerte de 8 personas.
Justo después se trasladó en coche a la isla de Utøya, al oeste de la capital, donde cometió una matanza en el campamento de las Juventudes Laboristas, en la que murieron 69 personas.
©EFE
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