Hambre y desolación en albergues

Univision.com | Sep 18, 2010 | 5:04 PM

Albergues a marchas forzadas

ANTIGUA, Veracruz – Rosa Hilda Beltrán vio como se desmoronó todo su patrimonio Su único pecado fue vivir junto al río que pasa por su municipio. Cuando pasó Karl, su casa se inundó pero nada que no pudieran manejar, creían que ya estaban a salvo cuando no imaginaban que lo peor vendría después.
Fueron tan intensas las lluvias y los vientos que provocó Karl, a su paso por Veracruz, que el río subió y arrasó con todo.
“Salí corriendo de mi casa, avance un par de calles y ahí el agua ya me llegaba hasta el cuello. Fue cuando mi esposo me dijo que me regresara o me iba a ahogar. Nos subimos al techito de lámina. Al lado estaba una señora con dos bebés recién nacidos”, dijo la afectada a Univision.com
Hilda ahora vive “permanentemente” en un albergue del municipio de Antigua. Son casi 300 las personas que perdieron sus casas y sus pertenencias y por tanto no tienen a dónde ir.
“Cuando el Ejército y la policía vieron como estaba el agua, ni siquiera intentaron sacarnos, se dieron la vuelta. Fueron unos vecinos que llegaron con unas lanchas y las jalaron con unas sogas. Nadie se ha parado a ver cómo estamos”, dijo Roberto Robles, otro de los damnificados.
Son tres los albergues del municipio de Antigüa. El más poblado es el ubicado en la escuela primaria José Cardel.
Se puede ver a las personas descalzas, con algunas pertenencias en el patio central del lugar. Los salones son los centros de acopio, donde sobresalen cobijas y colchonetas, hasta ahora es lo único que se les ha proporcionado.
“No hemos comido nada. Apenas un pan con café. Somos pobres, no tenemos con qué salir a comprar, si no tenemos dinero ni familia, ¿quién nos va a dar?”, expresó llorosa Caridad Chava Morales, de 72 años.
Tanto a Caridad como a Rosa Hilda así como a la mayoría de la gente albergada la ropa les queda grande y se debe a que no es de su talla. Y es que ni eso les quedó. La ropa que llevaban puesta se las arrancó la corriente del río, ahora usan las que les regalaron en el albergue.
En los albergues de este municipio veracruzano destaca lo amontonado de los damnificados.
“Necesitamos apoyo de alimentos. Hasta ahora no nos han mandado nada, más que lo que ven. Es urgente porque la gente no ha comido nada. Nosotros los hemos apoyado en lo que hemos podido pero no es suficiente”, aseguró un cabo militar que prefirió mantener su nombre oculto.

Damnificados, víctimas de saqueadores

Y de  medicinas ni hablar.
“El presidente municipal ni sus luces y eso que están en campaña electoral, pero ni el que quiere ser electo ha venido. Mañana van a decir que el Ejército ayudó pero eso no es cierto”, aseguró Rosa Hilda.
Otros municipios severamente golpeados por el fenómeno meteorológico son Úrsulo Galván, Actopan y Alto Lucero, donde el viento también arrancó árboles y anuncios publicitarios que cayeron sobre la carretera federal Veracruz-Cardel-Nautla.
Aunque estos damnificados alegan que nunca se les avisó la evacuación preventiva, el gobierno apuntala que si se puso en alerta roja a toda la población.
Desde que inició la contingencia, el personal del Sector Salud está trabajando y  las brigadas médicas brindan atención a las personas albergadas. Mientras tanto el personal de vectores monitorea las zonas más afectadas para realizar fumigaciones y evitar infecciones  y brote de enfermedades como el cólera.
Aunque pareciera que la única preocupación de Rosa Hilda era su casa, lo cierto es que tiene una mayor: el paradero de su hijo.
“Desde anoche lo andamos buscando. No se me quita la idea de que lo vayamos a encontrar muerto. Una comadre me dijo que estuviera tranquila, que ya lo habían encontrado sano y salvo pero hasta que no lo vea, no podré estar en paz”, aseguró a Univision.com
Curiosidad le causa su casa porque además ha visto cómo otros se aprovechan de las desgracias de los damnificados para saquear lo poco que les quedó.
“Hasta miedo me da ir a dónde estaba mi casa. Para ver puras tristezas pero también ya vi que se están robando todo, estamos en la peor de las miserias. La gente se está llevando hasta los tanques de gas y los puercos”, aseguró.
Las casas que sobrevivieron, aledañas al albergue, permanecían inundadas. Sus dueños las limpiaban con esmero y esperanza de rescatar lo mayor posible. En eso un par de chicos pasaron dando un aviso: “Tenemos que irnos, van a abrir las compuertas de la presa de nuevo”. Al mismo tiempo que Rosa Hilda contaba que, a su pesar, faltan cuatro días más que subirá el río y todo por los estragos de Karl.
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