Trabajar de 'mojado' es vivir escondido: indígena tzotzil

Notimex | Aug 06, 2012 | 7:20 PM

"Vivía escondido"

CHIAPAS, México - A sus 28 años el indígena tzotzil Antonio Santiz Moshán tiene la experiencia de haber cruzado la frontera a Estados Unidos de manera ilegal, donde trabajó y vivió escondido hasta juntar el dinero suficiente para hacer su casa.
“Es muy duro trabajar de ‘mojado’, es como vivir como un ratón de monte, escondido, siempre escondido”, dice el indígena chiapaneco, aunque reconoce que solamente así pudo construir su casa y ofrecer bienestar a su familia.
Originario del paraje “Cruzton” (cruz de piedra en tzotzil), municipio de San Juan Chamula, Antonio llegó a Tuxtla Gutierréz a los 10 años para terminarde estudiar la primaria por la tarde y trabajar en la venta de periódicos y el aseo de calzado durante la mañana.
“Tenía 10 años cuando vinieron los zapatistas y con eso se vendía mucho periódico, ahí ganaba un peso por cada uno, me ajustaba para comer bien y para darle a mi papá”, comenta al recordar que como le iba bien le mandaron a su hermano Manuel.
A su llegada se les ocurrió que Manuel llorara en las esquinas diciendo que su familia había perdido todo con el movimiento, para lograr la caridad de mucha gente que venía a observar la aparición de los zapatistas.
“Nos dio resultado y poco a poco ganamos dinero”, refiere Antonio Santiz Moshán, tras rememorar lo que tuvieron que hacer en 1994 para ganar el sustento de ellos y su familia.
Hacia "el sueño americano" 
Después se enganchó con un “pollero” de su comunidad, quien a cambio de 20 mil pesos le ofreció llevarlo hasta “el otro lado” (Estados Unidos) y así ganar mejor sueldo.
“Junté mi pasaje y me fui a Florida a trabajar; gracias a Dios pude pasar, pero sufrí mucho”, externa el indígena tzotzil.
Con la idea de reunir lo necesario para construir una casa para cuando creara una familia, trabajó tres años en una residencia.
“Hacía jardinería, barría; todo el trabajo que no les gusta hacer lo hacía yo, pero nunca salía a pasear, vivía con otros mexicanos escondido, como ratón de monte”, explica.
Asegura que esos años fueron suficientes para reunir dinero y regresó, “pero no crea usted, da la tentación de quedarse porque allá sí se gana buen dinero; pensé conseguir mis papeles para quedarme, pero cuesta mucho”.
Antonio Santiz menciona que tampoco pudo olvidar las costumbres de su etnia tzotzil, pues “allá no celebran el ‘kintajimol’ (el carnaval) ni el Día de Muertos, sólo sus calabazas amarillas, pero eso es de ellos, no conozco sus costumbres, por eso me regresé también”.
Antonio comenta que ahora tiene el puesto de mesero en un restaurante de la ciudad; “allá aprendí a pasar la comida, a saber cómo se pone la mesa”, y eso le facilitó tener esta nueva ocupación.
Sin embargo, lamenta que su hermano haya escogido el mismo camino, pero que no haya tomado la misma decisión de regresar: “el Manuel se fue cuando me iba yo a regresar, pero ya no quiere venir, vive en Los Ángeles y parece que ya tiene mujer allá”.
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