Culiacán, ciudad enferma de mafia

Univision.com | Jun 19, 2012 | 9:47 AM
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Univisión Investiga presenta un ostentoso narco-cementerio, reflejo de una de las ciudades mexicanas que ha sufrido más afectaciones a manos del Cartel de Sinaloa.

Cementerio rodeado de lujos muestra tumbas faraónicas de conocidos narcotraficantes mexicanos

 
CULIACAN, México - El barrio más lujoso de Culiacán es el de los muertos. En una colina de esta ciudad capital del estado de Sinaloa, se levanta un cementerio de tumbas faraónicas donde narcotraficantes conocidos y anónimos pretenden inmortalizarse exhibiendo el mismo esplendor desafiante de sus mejores tiempos.
Tumbas con balcones y baños, sepulcros con cocina, mausoleos del mejor  mármol, réplicas de castillos y capillas en colores pasteles, se apiñan a ambos lados de una de las calles principales del Jardín del Humaya, al sur de la ciudad.
“Es un cementerio que nació para atender las necesidades de las clases pudientes tanto empresarios como políticos, era muy exclusivo”, comenta el periodista Javier Valdez Cárdenas, quien acompañó a un grupo de reporteros de Univision al lugar. “Pero como muchas cosas en esta ciudad y en Sinaloa empiezan bien, entre comillas, y terminan manchadas por el narcotráfico”, agregó.
La construcción no para
A la hora de nuestra visita en una mañana fresca del pasado mes de mayo, el martilleo de los obreros que construyen nuevas tumbas, rompía la tranquilidad del lugar. No había dolientes. Los empleados del cementerio se negaron a hablar. Nunca han visto nada, nunca han escuchado nada, dijeron. Tres de ellos corrieron despavoridos cuando vieron las cámaras. Otro se ocultó detrás de un epitafio.
La recomendación de Valdez, quien conoce los peligros de la ciudad porque los ha sufrido, fue no extender la visita por más de una hora. Sabía la historia de un fotógrafo extranjero que fue expulsado por hombres armados porque llevaba mucho tiempo tomando fotos.
Aunque este es un lugar que está hecho para que lo miren, donde las fotografías de tamaño afiche de los difuntos en vida con leyendas que relatan su improbable ternura, se exhiben con orgullo y las botellas del whisky que más les gustaba franquean los portones de las tumbas.
En una repisa de una cripta algún familiar parqueó los carritos de juguete y en otra formaron los muñecos de felpa, las fotografías de los padres y los abuelos; y sobre el piso de la sala de recibo de una de las más suntuosas, caían desinflados algunos globos de una fiesta de cumpleaños.
Miles por una tumba
La construcción de un mausoleo puede costar más de $200 mil en la misma ciudad donde miles de personas no tienen dinero para levantar una casa sólida.
Muchos de los difuntos son jóvenes de no más de 25 años. Los archivos periodísticos de internet relatan el final de algunos: uno murió lanzándole granadas al ejército federal, otro era un piloto que se estrelló en su avioneta con drogas, y el tercero un desconocido lugarteniente del cartel de Sinaloa.
La tumba de la familia de Héctor Luis Palma Salazar, el Güero Palma, un ladrón de automóviles que llegó a ser el segundo al mando de ese cartel, no tiene placa, pero es muy conocida porque tras sus paredes de mármol y ventanales oscuros se encierra una leyenda macabra. Aquí yacen los restos de su esposa y de su hijo a quienes el peor enemigo del Güero los mandó a matar y luego le hizo llegar las cabezas de ambos.
No todos los muertos descansan en paz. A una cuadra del mausoleo de los Palma en las gradas de la cripta del narcotraficante Arturo Beltrán Leyva dejaron en enero de 2010 la cabeza ensangrentada de un hombre con un girasol rojo sobre la oreja.
Al caer la noche, es muy común que familiares y admiradores del narco fallecido se reúnan al interior de las tumbas a recordarlo con corridos y tiros al aire.
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