El mundo oculto de Estados Unidos

Univision.com | May 07, 2012 | 7:00 AM

Hay millones de trabajadores y de estudiantes que dan lo mejor de sí mismos para salir adelante

NUEVA YORK - Llegué a cenar a un restaurante que tiene la reputación de ser uno de los mejores de Manhattan. Pero lo que nadie me había dicho es que casi toda la comida era preparada por indocumentados. Y eso es algo que los dueños del restaurante, al igual que los mismos inmigrantes, prefieren mantener en secreto.
En la superficie, Estados Unidos parece un país que no esconde nada. Ni sus guerras ni sus crisis. Aún queda mucho de la tradición histórica del protestantismo, que tanto destacó Max Weber, y que premia a quienes dicen la verdad y son transparentes. Sin embargo, basta rascar un poquito esa superficie para darnos cuenta del mundo oculto que permite funcionar a Estados Unidos.
Este restaurante es el mejor ejemplo de lo que mucha gente no sabe sobre este país. Al llegar, por supuesto, me hicieron esperar a pesar de tener un reservación; señal inequívoca de que era un lugar de moda. Luego que se dignaron sentarme, nos dieron un menú a mí y a mi acompañante. Ordenamos nuestra comida y seguimos esperando.
Cocina sin norteamericanos
De pronto su secreto quedó al descubierto. Los dos muchachos que servían el agua y el pan en las mesas hablaban español. Y también uno de los meseros quien, ya hacia el final de la noche y con los jefes distraídos, me invitó a la cocina.
Ahí me encontré a una decena de mexicanos, de los estados de Puebla, Tlaxcala y Michoacán, que cocinaban a la perfección el pato, la chuleta de puerco y el branzino del mediterráneo a la sal. La conversación era sobre el último partido de fútbol y el clima antiinmigrante en Estados Unidos. En esa cocina no había un solo norteamericano. Ni uno.
Contrario a lo que muchos pudieran pensar, la crisis económica no ha enviado a millones de norteamericanos desempleados a las cocinas de los restaurantes y a los campos de cultivo. Tampoco a limpiar cuartos de hoteles ni a despellejar pollos. La realidad es que la mayoría de los estadounidenses no quieren hacer los trabajos que realizan los indocumentados porque son los más difíciles y los peor pagados. Muchos norteamericanos prefieren seguir desempleados a hacer esas tareas.
Célebres sin papeles
El éxito de este restaurante consistía en una imagen de mucha exclusividad y en un talentoso grupo de indocumentados que cocinaban para celebridades, abogados, doctores y nuevos ricos. Pero quien no se ha metido a su cocina, jamás se hubiera podido imaginar esto.
Lo mismo ocurre en miles de empresas de Estados Unidos. Lo tienen muy calladito. Pero sin indocumentados, muchas industrias no sobrevivirían.
El número de indocumentados bajó a 10.8 millones según el Departamento de Seguridad interna. Son cifras mucho menores que las de años anteriores. Es lógico: a menos trabajos en Estados Unidos, menos inmigrantes de México y América Latina. Pero mi pronóstico es que, tan pronto se note una ligera recuperación económica en Estados Unidos, tendremos una nueva ola migratoria.
Millones de historias
Mientras tanto, las tragedias continúan. Una desesperada madre de Nueva Jersey me envió un conmovedor correo electrónico sobre su hijo, quien tras terminar su high school o preparatoria con mención honorífica, no podrá ir a la universidad por ser indocumentado.
Esto es lo más cruel y absurdo del sistema educativo norteamericano. Permite a los niños indocumentados estudiar la primaria y high school. Pero luego les prohibe ir a la universidad al igual que sus compañeros de clase Así, 60 mil jóvenes indocumentados se quedan sin ir a la universidad cada año. Demócratas y Republicanos siguen jugando fútbol con el Dream Act y, al final, ninguno de los dos partidos ha hecho nada.
Todo esto forma parte del mundo oculto que se vive en Estados Unidos. Hay millones de trabajadores y de estudiantes que dan lo mejor de sí mismos para salir adelante y para hacer de este un país mejor. Pero nadie los reconoce. Están escondidos en escuelas, bodegas, fábricas y cocinas.
Estoy seguro que las sonrisas y bromas en el restaurante al que fui en Manhattan desaparecerían si sus elegantes y poderosos clientes se dieran cuenta que sus suculentos alimentos fueron preparados por indocumentados que viven ocultos, con miedo a ser deportados, separados de sus familias, y en la más absoluta clandestinidad.
Así nada sabe bien.
©Univision.com
Comentarios