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Cerca de 200 mil hondureños deportados de EU en los últimos diez años

Cerca de 200 mil hondureños han sido deportados de Estados Unidos a su país en la última década, lanzados de vuelta a la cruda realidad de un país carente de empleo y oportunidades, donde el 70% de sus ocho millones de habitantes viven en la pobreza.
Las cifras acumuladas de la organización no gubernamental Centro del Migrante Retornado (CAMR), que opera en el aeropuerto Toncontín, al sur de Tegucigalpa, registra 193 mil deportaciones desde 2000.
El promedio anual es de 19,300, pero las cifras de los últimos años han sido muy superiores, hasta llegar a 30 mil en 2008, el año de mayor incidencia.
En lo que va de 2011, el CAMR ha atendido a 12,873 deportados, incluyendo a 135 que llegaron en el último vuelo el miércoles de la semana pasada.
Los deportados por México desde 2003, cuando el CAMR empezó a llevar estadísticas de los retornos por vía terrestre, fueron 313.872. De estos, un total de 11,047 corresponden a lo que va de 2011.
"Los recibimos con tristeza pero a la vez con alegría... a veces es doloroso porque se fueron bien y regresan enfermos o sin piernas", expresó Aracely Romero, una de las empleadas del Centro.
Explicó que con frecuencia los migrantes regresan frustrados y tristes porque no alcanzaron su sueño, pero otros se sienten felices de haber sobrevivido a los maltratos y peligros de la travesía.
Decenas de hondureños, como tantos otros latinoamericanos que emprenden la aventura de cruzar hasta Estados Unidos por tierra, sucumben a la tortura o a la muerte a manos de las bandas del crimen organizado que operan en México.
Algunos de los deportados por tierra, que son recibidos en otro centro ubicado en la frontera de Honduras con Guatemala (unos 600 km al noroeste de la capital), llegan sin piernas porque son arrollados por trenes en la travesía de México hacia Estados Unidos, apuntó.
A su llegada al aeropuerto de Toncontín, los deportados son objeto de un recibimiento cálido por parte del CAMR: se les da pan y café, se les permite hacer una llamada telefónica a sus familiares y se les facilita el dinero necesario para que puedan viajar a sus comunidades de origen.
También se les brindan servicios de salud y albergue por el tiempo que sea necesario hasta que puedan viajar a sus respectivos pueblos.
"A mí me agarraron en Laredo, Texas, el 24 de julio, tenía dos días de haber entrado", relató Edwin Ocampo a la AFP.
Este hombre había trabajado cinco de sus 32 años de vida en Nueva Orleáns, de donde fue deportado por primera vez, pero quiso repetir el intento con muy poco éxito.
Explicó que ofreció pagar $2,300 al "pollero" (traficante de personas) para que le ayudara en el viaje, le entregó 600 de adelanto con la promesa de cancelarle el resto cuando llegaran a Estados Unidos, "pero se nos perdió una vez que le dimos el adelanto".
Ocampo relató que fue llevado a un centro de detención y que tuvo suerte de ser deportado rápidamente, porque muchos migrantes pasan meses encerrados antes de ser devueltos a su país.
Dennis Sosa, de 22 años, reconoció que "en un par de días" hará un nuevo intento de cruzar a Estados Unidos para huir de la delincuencia en San Pedro Sula, la segunda ciudad de importancia de Honduras, unos 240 km al norte de Tegucigalpa.
"La situación está dura aquí, no se consigue trabajo, y voy a intentarlo de nuevo", anunció Melvin García, de 27 años, originario de Morazán (300 km al norte de la capital).
Más de un millón de hondureños viven en Estados Unidos, la mayoría indocumentados que huyeron en busca de mejorar las condiciones de vida que enfrentaban en su país, donde el 70% de sus 8 millones de habitantes están en la pobreza.
Ese millón de emigrantes inyectan a la economía hondureña $2,800 millones anuales, equivalentes casi al 25 por ciento del Producto Interno Bruto (PIB). (Con información de AFP).

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