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Colombia espera impaciente diálogo de paz con FARC

Las FARC ante el desafío de la inserción política

El diálogo de paz que las FARC iniciarán con el gobierno de Colombia la próxima semana en La Habana plantea a la guerrilla el desafío de reconvertirse en un movimiento político legal, y a las autoridades el de garantizarles la seguridad.

Última gran guerrilla que persiste activa en América Latina, las FARC tendrán de algún modo que dar cuenta de sus actos a miles de víctimas del conflicto armado que se acerca al medio siglo.

Las experiencias anteriores de pacificación de otros grupos guerrilleros en Colombia, que se beneficiaron de amnistías generales, poco aportarán como referencia en esta ocasión, consideran los analistas.

"Esta vez no se plantea que haya una amnistía absoluta. Se podría pensar en un indulto a las tropas, pero a los mandos medios y altos les espera un juicio y una sanción, lo que no significa que no puedan beneficiarse de suspensión o de reducción de penas", dijo a la AFP Javier Ciurlizza, director para América Latina y el Caribe del instituto Crisis Group.

Ante ese panorama, el gobierno del presidente Juan Manuel Santos consiguió aprobar este año en el Congreso el "marco jurídico para la paz", un mecanismo que debe ser reglamentado pero que prevé la suspensión del cumplimiento de penas y otros beneficios procesales a los guerrilleros que dejen las armas.

Sin embargo, las condenas que ya han sido dictadas en ausencia a los comandantes de las FARC implican inhabilitación política de por vida, recordó Ciurlizza, quien sugirió que el gobierno deberá encontrar mecanismos que "permitan crear algún tipo de vocería política".

Para las FARC, la creación de un partido implica una serie de dificultades. Además de tener que cumplir con requisitos de número de adherentes y porcentaje de votación, Ciurlizza resalta como obstáculo que la guerrilla carece de un programa político claro.

"Las FARC no tienen un programa con el que puedan decir cuál es su definición ideológica. Es un movimiento muy pragmático que se ha unido en torno a la guerra, que se presenta un poco marxista, un poco maoísta, un poco bolivariano", consideró.

Para Ariel Ávila, investigador de la Corporación Nuevo Arco Iris, especializada en el conflicto armado colombiano, "las garantías judiciales marcarán uno de los debates más intensos" en la mesa de diálogo.

"Por un lado, será difícil esperar que luego de 50 años en la guerra, la comandancia de las FARC haga dejación de armas a cambio de años en prisión. De otro lado, será muy complejo que la comunidad internacional y la propia sociedad colombiana acepten una negociación que signifique cero prisión", opinó.

La paz y el riesgo del crimen político

El último proceso de paz exitoso de Colombia ocurrió en 1990, cuando las guerrillas Movimiento 19 de Abril (M-19, nacionalista), Ejército Popular de Liberación (EPL, maoísta) y Quintín Lame (indigenista) se desmovilizaron y obtuvieron una amnistía general.

El M-19, en particular, consiguió entonces una importante representación en la Asamblea Constituyente de 1991, que redactó la actual Carta Magna, y uno de sus más altos dirigentes, Gustavo Petro, es actualmente alcalde de Bogotá.

Pero a la vez, el M-19 sufrió los estragos del crimen político, con el asesinato en 1990 de su máximo comandante y para la época candidato a la presidencia, Carlos Pizarro.

Ese mismo año fue asesinado también Bernardo Jaramillo, aspirante a la presidencia por la Unión Patriótica (UP), un partido cercano a las FARC que ya había perdido en 1987 por la violencia a otro candidato presidencial, Jaime Pardo. En total, unos tres mil dirigentes, militantes y simpatizantes de la UP fueron asesinados a fines de los años 1980.

"La protección de los líderes y militantes de las FARC después de un acuerdo de paz es fundamental para el éxito del proceso", aseveró Ávila.

En caso de que se superen las trabas jurídicas y las FARC obtengan suficientes garantías de participación, la guerrilla y el gobierno tendrán que lidiar también con la opinión pública, para que acepte la negociación, apuntó María Victoria Llorente, de la Fundación Ideas para la Paz.

La mayor parte de los colombianos "entienden este proceso como una negociación política, pero no están de acuerdo con que se le dé a la guerrilla participación política y exigen que no haya impunidad", indicó Llorente.

El modelo económico y político no está en discusión con las FARC

Por su parte, el presidente de Colombia, Juan Manuel Santos, dejó claro en una entrevista con Efe que el modelo económico y político del país no está en discusión dentro del proceso de paz con las FARC, al afirmar que si esta guerrilla quiere cambios de esa naturaleza, antes debe ganar las elecciones.

"No vamos a entrar a negociar ni a conversar sobre aspectos fundamentales de la vida nacional, como la propia Constitución, el modelo de desarrollo, el concepto de propiedad privada, eso no está en discusión ni va a estar en discusión", aclaró en su despacho de la sede del Ejecutivo de Bogotá antes de viajar a España para asistir a la Cumbre Iberoamericana en Cádiz.

El mandatario colombiano, quien espera obtener en Cádiz el apoyo de los líderes iberoamericanos al proceso de paz que arranca este lunes en La Habana, está convencido de que la paz beneficiará a toda la región.

Pero insistió en que las bases del Estado, desde el punto de vista económico y político, no se moverán.

Con este mensaje respondió a las críticas al modelo neoliberal y de explotación de recursos vertidas por el jefe negociador de las FARC, Luciano Marín Arango, "Iván Márquez", el pasado 17 de octubre en Oslo, donde se puso en marcha oficialmente el proceso de paz y quedaron en evidencia las diferencias entre ambas partes.

Esta negociación tiene como objeto "finalizar el conflicto con las FARC (Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia)", aclaró Santos, al apuntar que las discusiones girarán exclusivamente en torno a la agenda pactada.

"Nosotros hemos sido muy claros: eventualmente cuando ustedes (la guerrilla) dejen las armas y se incorporen a la vida democrática, si quieren proponer cambios en el modelo económico ganen las elecciones o discútanlo en el Congreso si salen elegidos", aseveró.

"Pero en este proceso no hay ninguna discusión sobre aspectos de fondo de la vida nacional, de nuestra constitución y nuestras reglas de juego", matizó.

El presidente dijo que no iba a reconocer públicamente cuáles son las dificultades del proceso y se limitó a confirmar que "sí hay voluntad por parte de las FARC".

"Vamos a llegar rápidamente a acuerdos que hemos determinado en la agenda, eso es lo que les puedo garantizar", argumentó.

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