Terremoto en Chile: ayer y hoy
El 27 de febrero de 2010 quedó grabado en la memoria de los chilenos: 534 personas murieron y 31 más nunca aparecieron.
El terremoto magnitud 8.8 y el posterior tsunami dejaron escenarios inimaginables y rostros inconsolables que se han ido esfumando a lo largo de un año.
Este sismo ha sido considerado como el segundo más fuerte de la historia del país y uno de los cinco más fuertes en todo el mundo, apenas superado por el terremoto de Valdivia de 1960.
La potencia del terremoto fue 31 veces más fuerte que el devastador sismo de Haití, ocurrido un mes antes; además liberó cerca de 178 veces más energía que él; el equivalente de la energía liberada equivale a 100 mil bombas atómicas como la de Hiroshima en 1945.
Las toneladas de escombros desaparecieron, los puertos, puentes y la carretera panamericana son utilizados normalmente, pero en la sureña Concepción los edificios inhabitables no han sido demolidos, y el puerto comercial del vecino Talcahuano aún no funciona.
Las embarcaciones y contenedores que fueron lanzados por el mar hasta el centro de la ciudad portuaria fueron retirados, se reconstruyeron los jardines y el alumbrado público mejoró. Es una forma de levantar el ánimo de los talcahuinos.
El cataclismo destruyó o dañó severamente 220 mil viviendas. La mitad pueden ser reparadas pero, a la fecha, muy pocas se han rehabilitado.
El presidente Sebastián Piñera admitió que la construcción de viviendas nuevas está retrasada. El último año se asignaron 135 mil subsidios, que antes de convertirse en casas, deben pasar por un largo proceso burocrático.
Otras 76 mil viviendas quedaron destruidas y como sus familias eran dueñas de los terrenos, el gobierno les instaló casas prefabricadas de emergencia, llamadas "mediaguas", que son frágiles, y hechas con madera de mala calidad. Fueron forradas con tela impermeable después de que se mojaron con las primeras lluvias del invierno pasado.
Poco a poco, las familias fueron ampliando las "mediaguas" con su propio dinero. Tienen luz, el agua la sacan de enormes contenedores repartidos por el lugar y utilizan baños públicos, que comparten con dos o tres grupos familiares.
La región ha sido afectada por miles de réplicas en el último año. Una de las más fuertes fue el 11 de febrero de magnitud 6.8.
Miles de personas evacuaron sus poblaciones y buscaron ir a zonas altas cercanas a Concepción y Talcahuano. Regresaron tranquilos, no hubo un nuevo tsunami y confían en que el cataclismo sufrido el 27 de febrero de 2010 no se volverá a repetir.
El remero Emilio Gutiérrez pasea turistas por el río Maule y, con disimulo, acerca su pequeña lancha a cualquier cosa extraña que flote sobre su superficie: podría ser su hijo, que desapareció sumergido por el tsunami que siguió al terremoto de 8.8 de magnitud, y que en la madrugada del 27 de febrero devastó la costa del centro sur de Chile.
Gutiérrez y miles de personas más huyeron de las zonas costeras pese a que la entonces presidente Michelle Bachelet, basada en informaciones de la armada, descartó la ocurrencia de un maremoto.
La decisión les salvó la vida. Gutiérrez huyó río arriba junto a su familia repartida en dos grupos: su padre y su hijo Emilio José, de cuatro años, en una lancha, y él, su madre y su esposa Sofía en otra. Poco después de iniciar la huída, el motor de su embarcación se fundió. Desde allí fue testigo indeseable de la desaparición de su hijo y de su padre.
"Yo vi cuando se reventó el cordel de proa y al bote se lo llevó la corriente", dijo el lanchero. "Al otro día lo encontramos (al padre) muerto, botado en la orilla, con un ramo de aromo en la mano. Tenía su brazo encogido, andaba con el niño ahí".
Un año después, Gutiérrez aún sigue buscando algún rastro de su hijo en momentos en que el pueblo chileno quiere hacer las paces con un capítulo doloroso de su vida.
Pero por otro lado, los avances en la recuperación del país ofrecen optimismo, esperanza y un sentido de orgullo para los chilenos. "No hemos terminado nuestro proceso de reconstrucción, pero hemos avanzado mucho", dice el presidente Sebastián Piñera.
La carretera Panamericana puede ser transitada en su totalidad, la gran mayoría de los puertos fueron recuperados y, según el Jefe de Estado, fueron rehabilitadas la totalidad de las camas de los hospitales, algunos de los cuales todavía funcionan en carpas, mientras que el 70 por ciento de las 3,700 escuelas destruidas se encuentran en proceso de reparación.
La reconstrucción de viviendas, no obstante, ha sido lenta y difícil. La labor de levantar a un país es titánica después de un cataclismo que afectó a 50 ciudades, 900 poblados y comunidades costeras, que dejó a 524 personas muertas y 31 desaparecidos y $30 mil millones en pérdidas.
En Talcahuano, "el efecto del terremoto fue brutal en materia de desempleo y degradación socioeconómica, y persiste", dijo su alcalde Gastón Saavedra. "Hay mucha gente que entró a ser vendedor ambulante".
En el balneario de Dichato, al sur, los dueños de restaurantes y casonas residenciales se endeudaron para volver a levantar sus negocios arrasados por las olas. Hoy están frustrados por la baja del turismo, que estiman en un 70 por ciento.
Las réplicas del devastador terremoto de febrero de 2010 han sacudido el centro-sur de Chile, generando zozobra en la población y advertencias de los sismólogos de que éstas pueden prolongarse hasta por cinco años.
Ante esta situación, miles de pobladores de las zonas afectadas se lanzaron a tiendas y estaciones de servicio para abastecerse de víveres y combustible ante el temor de que se repita un terremoto de la magnitud del que sacudió Chile en febrero de 2010.
"La gente de la región (de Bio-Bio) se encuentra traumatizada debido a los temblores y al terremoto del 27 de febrero, y quiero hacer un llamado a la calma, la gente se abastece pero los servicios funcionan de buena manera", dijo a la prensa local Gonzalo Arroyo, director de Onemi en la región de Bio-Bio.
Según expertos, la seguidilla de temblores es normal y corresponde a las réplicas que siguen a todo gran sismo.
"Los expertos han anticipado que podemos sentir réplicas hasta por cinco años del terremoto de febrero pasado", dijo el presidente chileno, Sebastián Piñera.
Según el sismólogo Sergio Barrientos, las réplicas "probablemente se extiendan al menos un año" más, pero dudó que se registre un nuevo terremoto de la magnitud del registrado en febrero de 2010.
"Para que ocurra un terremoto de 8.8 grados es probable que tengamos que esperar unos 200 años, porque se necesita acumular esa energía durante décadas o centenas de años", dijo Barrientos a radio Cooperativa.
Pese a esto, autoridades de Concepción iniciaron una fiscalización de los hospitales de la región para ver que estén preparados en caso de una nueva emergencia por los sismos.
"No es para llamar a la alarma a la población, pero correspondía realizar una fiscalización de este tipo que no la habíamos hecho en conjunto con la autoridad sanitaria", dijo a medios locales.
"Estamos viendo que estos centros cumplan con un estándar mínimo, que tengan independencia energética por lo menos por un día o una cantidad mínima de horas, que tengan agua, que tengan sus insumos básicos", explicó.
Chile es uno de los países con mayor actividad sísmica del mundo y en el que se produjo en 1960 el peor terremoto conocido por el hombre que alcanzó los 9.5 grados en la escala de Richter, y que mató a unas diez mil personas.