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Alfredo Astiz, el "ángel rubio" del secuestro y la tortura en Argentina

Alfredo Astiz

Alfredo Astiz, de 59 años, es conocido como "Ángel rubio de la muerte" en Argentina por sus secuestros y crímenes.

- The Associated Press

Extranjeros entre sus víctimas

BUENOS AIRES, Argentina - El exmarino Alfredo Astiz, de 59 años, condenado a prisión perpetua en un juicio por crímenes de lesa humanidad, es un símbolo del secuestro, las desapariciones y la tortura durante la dictadura en Argentina (1976-1983).

Apodado "Ángel rubio de la muerte", Astiz se hizo tristemente célebre en el mundo por tener entre sus víctimas a varios extranjeros, como las religiosas francesas Alice Domon y Léonie Duquet, la joven sueca Dagmar Hagelin y varios italianos.

Además de Astiz, el tribunal sentenció a otros 11 militares a prisión perpetua, mientras que otros cuatro recibieron condenas de entre 18 y 25 años y dos fueron absueltos.

A casi 34 años de algunos de los crímenes por los que se lo juzga, el exmarino sigue sin mostrar arrepentimiento, al punto de desafiar al tribunal que está por dictarle sentencia ufanándose de saber cómo eliminar a quien se le ordene.

Hijo de un oficial de la marina salido de la clase media de Mar del Plata, una ciudad balnearia a 400 km al sur de Buenos Aires, Astiz ingresó en 1968 a la Escuela Naval y tras el golpe de Estado de 1976 se integró al Grupo de Tareas 3.3.2, responsable de secuestros, torturas y desapariciones en la Escuela de Mecánica de la Armada (ESMA).

Los comandantes decidieron en aquellos años eliminar en forma clandestina a militantes y simpatizantes de organizaciones armadas de izquierda como Montoneros (peronista) y Ejercito Revolucionario del Pueblo (ERP, marxista), además de sindicalistas, estudiantes y opositores al plan económico.

'El beso de Judas'

Deportivo, ávido de lectura y con dominio del inglés, Astiz se especializó en operaciones de inteligencia y en 1977 se infiltró en la incipiente organización Madres de Plaza de Mayo, que busca esclarecer el destino de los desaparecidos.

Con el falso nombre de Gustavo Niño, Astiz se hizo pasar por hermano de un desaparecido y se ganó la confianza de esas madres, a las que señalaría con un "beso de Judas" ante el grupo comando que las secuestró el 8 de diciembre de 1977 de la iglesia de la Santa Cruz, en Buenos Aires.

Ausentes ese día, la religiosa Duquet y la fundadora de Madres de Plaza de Mayo, Azucena Villaflor, fueron secuestradas dos días después en sendos operativos, también llevadas a la ESMA, torturadas y arrojadas vivas al mar en los 'vuelos de la muerte'.

Pero una declaración en una revista en 1998, en la que se definió como "el mejor preparado para matar a políticos y periodistas", le costó a Astiz la destitución militar y la condena a tres meses de prisión en suspenso por apología del delito.

"No me arrepiento. La Armada (Marina de guerra) me enseñó a destruir, a poner bombas, a infiltrarme, a matar", dijo al calificar como "justa" la represión contra los opositores al régimen.

Con el mismo estilo desafiante y desdén por la justicia civil, Astiz ingresó a la sala de audiencias hace casi dos años, en el inicio del juicio que ahora llega a su fin, exhibiendo en sus manos el libro "Volver a matar" sobre la lucha antiguerrillera.

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